Sofos de Mileto

Es una tierra caminada o desandada, a caballo galopante o trotador, o en potentes “jeeps”, camionetas y avionetas, que van recorriendo rutas infinitas y abiertas en estas sabanas inmensas, cargadas de historia, esperanzas y problemas. Cronistas, poetas, novelistas, reporteros han descrito en forma colorida estas estampas, con su realidad lírica, geográfica y humana de notorios contrastes y aciertos. Desde Humboldt y Codazzi hasta Gallegos, que nos pintó los escenarios fabulosos de “Doña Bárbara” y “Cantaclaro”, pasando por Armas Chitty desentrañando la historia de los llanos apureños.

El Llano es misterioso; atrae y conjura. Tiene una particular capacidad de envolvernos en su grandioso y dramático entorno. En él se despierta el espíritu de aventura. Todo allí es grandioso, desde su potencialidad aún no desarrollada, hasta la violencia de sus dos estaciones perfectamente definidas que delinean la angustia de la esperanza.

Cómo es el llano y qué busca

Rómulo Gallegos en “Doña Bárbara” lo describe: “La llanura es bella y horrible a la vez; en ella cabe holgadamente, hermosa vida y muerte atroz. El llano asusta, pero su miedo no enfría el corazón; es caliente como el gran viento de su soleada inmensidad, como la fiebre de sus esteros. El Llano enloquece y la locura del hombre de tierra ancha y libre es ser llanero siempre. Es la carga irresistible en el trabajo: la doma y el ojeo, que no son trabajo sino temeridades; en el descanso: la llanura en la malicia del cacho, en la melancolía sensual de la copla; en el perezoso abandono: la tierra inmensa por delante y no andar, el horizonte todo abierto y no buscar nada; en la amistad: la desconfianza, al principio y luego la franqueza absoluta; en el odio: la arremetida impetuosa; en el amor: “primero mi caballo, ¡La llanura siempre!”

Cuando miramos en el mapa a la región llanera, incluida la llanura deltaica, nos impactan dos imágenes. Una de significado zoológico, con líneas precisas de un gran pez dormido en el corazón del país. Otra de contenido tecnológico, que parece una estructura aerodinámica del fuselaje de un avión caído entre montaña y costa, en un extraño aterrizaje. En esa extensión ya no es el caballo quien domina todos los rumbos y abre caminos en la infinita pampa. Hoy comparte ese destino con el avión, en hatos muy alejados, el vehículo, en sus venas que lo atraviesan con solitarias carreteras, y la curiara y la lancha, en sus ríos navegables. Entonces, el pez es la reivindicación de los grandes ríos que conforman su intrincado sistema circulatorio. Humboldt la vio como un tentador “mar de gramíneas”. Codazzi le pareció “una vasta zona de pastos”. Es una infinitud cargada de posibilidades y espejismos, donde en su majestuoso y alucinante territorio, el hombre es la medida de su propio coraje, recorriendo esta tierra de contrastes, cambiante e inmutable al mismo tiempo, donde la naturaleza se hace presente entre el agua, el fuego y la distancia. Su topografía es accidentada. Se encuentra la vegetación airosa de sus palmares, o el espejo brillante de sus esteros, o la mancha dispersa y resonante de los chaparrales. La llanura es variada dentro de su propio entorno. Tierra, ríos, vegetación, personas, integran una realidad de cambiantes rasgos. De pronto, aparecen relumbrantes hatos modernos, con viviendas confortables, que solo acomodan a sus propietarios.

Con las reses y sus cueros, expuestos al sol, a la intemperie y al sereno, con morichales y largas cercas, la llanura nace a los pies de la cordillera andina y costanera hasta las selvas estuarinas de Monagas. Esta planicie parece una amplia avenida entre dos relieves orográficos distintos: los sistemas montañosos del Norte y el Macizo de Guayana, constituyendo la tercera parte del país. Sus bordes tocan la Cordillera de la Costa y de los Andes, se arremansan en las orillas del Orinoco, se cortan sobre el Delta, penetrando luego, ya desdibujada, en la misma puerta del Atlántico. Este gran complejo geográfico se divide en tres grandes zonas comúnmente conocidas: Llanos occidentales, conformado por los estados Apure, Barinas y Portuguesa, y son los que más comúnmente se suelen identificar con los llanos venezolanos; Llanos centrales, región llanera donde se encuentran los estados Guárico y Cojedes, en el centro del país; y Llanos orientales, integrado, buena parte, por los estados Anzoátegui, Monagas y Delta Amacuro. Pero existe otra distribución, marcada por la cultura del mismo pueblo: Llanos Altos y Bajos, en función de zonas inundables o no. Lógicamente los Llanos Altos no sufren los rigores de las aguas, mientas que los Bajos están a su merced y cambian de fisonomía durante el prolongado invierno llanero. Los Llanos aún andan el rumbo exacto para incorporarse en forma definitiva a la dinámica del país. Pero como el resto de Venezuela, han sido golpeados duramente en toda su extensión por una plaga roja que pretende arrasar toda manifestación de producción.

Verano e invierno y el vivir del llanero

La vida del llano está regida por invierno y el verano. Entre estos dos polos climáticos va discurriendo la brava existencia del llanero. El hombre y el paisaje cambian. Hay ríos que desaparecen durante la sequía, entonces el llano se torna tenso y resquebrajado. Son ríos que se van y regresan en la otra estación. Los suelos varían de un sector a otro. Mudan las plantas los pastos y los animales. Es así como de noviembre a mayo dura el verano y de mayo a octubre cae la estación lluviosa. La temporada lluviosa afecta la vida llanera, incidiendo la zona no inundable, la más alta y seca, pues el agua ejerce una acción saludable sobre la vegetación, el paisaje se llena de vida y la plenitud de lo verde y fructífero trascienda a la fauna y al hombre. En la porción inundable, como es más baja, se hace más húmeda. Hay alegría en el llanero. Con las primeras lluvias en esta zona se produce en los campos una rápida germinación de las semillas de las plantas anuales. Como vemos, costumbres, aires, cielos, y la vida del llanero modifican su fisonomía y actitud. Cada estación determina el habitante de estas tierras. La temperatura es siempre ardorosa, pero la atempera los vientos alisios que soplan constantemente con variada intensidad, a veces tan fuertes, que derriban árboles y techos de viviendas. A pesar de todo ello, el llanero típico, superviviente de lo heroico, como lo califica José Ramón Medina, aún conserva rasgos distintivos. El de la tierra llana es dado a la cordialidad, abierto, sin malicia. El de la tierra alta es introvertido, receloso, desconfiado, de poco hablar.

Zona fértil y productiva

El Llano es de escasa densidad de población, pero es un gran reservorio de ganado y agrícola. Allí ha predominado la ganadería pero también se ha desenvuelto un potencial agrario de bastante importancia. Apure fue la entidad ganadera por excelencia. Después le seguía el Guárico. Hoy existe un asiento importante ganadero en el sur del Lago de Maracaibo y en áreas de Barinas. Pero en Apure, Portuguesa, Guárico y Monagas y Anzoátegui tomaron en su momento la batuta de la producción agrícola. Apure ha generado cacao. En Portuguesa con inversión tecnológica audaz y moderna cosechó grandes volúmenes de arroz, maíz, ajonjolí, tabaco y algodón. Barinas no se queda atrás con tierras muy generosas. Los embalses de Guárico llegaron a fortalecer en gran escala la producción de maíz y sorgo. En Monagas y Anzoátegui, también se revelaron los cultivos de maní, yuca y sorgo.

A lo vegetal lo acompaña una rica fauna. El araguato y otros simios, la graciosa ardilla, el chigüire y la lapa, el tigrillo y el puma, báquiros y venados son algunos mamíferos. Aves de bellos plumajes como el Gabán, otras de hermosos canto, son ejemplos de múltiples especies.

Pero apareció el petróleo en grandes áreas de la extensión llanera. Se revitalizaron poblaciones al lado del oro negro, semiabandonadas en principio por el agotamiento de sus reservas o el descenso productivo. La Faja Petrolífera del Orinoco modificó el paisaje, que antes de la actividad energética era una vasta extensión herbácea de escaso poblamiento y ganadería extensiva. El petróleo también transformó radicalmente el panorama llanero en toda su extensión y profundidad, ampliando las vías de enlace entre ciudades y poblaciones, trazando nuevos caminos tecnológicos y pretendiendo inicialmente convertir al llano en un gran granero de Venezuela. Llegó cierto nivel de desarrollo a Maturín, El Tigre, Barinas, San Fernando, Calabozo, Valle de la Pascua, Acarigua, Araure, San Juan de los Morros, San Carlos, El Sombrero, Altagracia de Orituco y Guanare, por nombrar algunas ciudades, con extensas red de vías entre ellas, pero no tanto llano adentro.

La plaga roja acabó con esperanzas llaneras

A toda esta potencialidad, esta riqueza, esta abundancia de tierra, de ríos cristalinos y caudalosos, de pastizales, de producción agropecuaria, le vino una plaga destructiva, arrasadora, ladrona y peligrosa. Se sabe en el llano que con los tempranos aguaceros se forman las primeras charcas donde proliferan los insectos que fustigan la vida del llanero, volviéndose esta plaga insoportable. Pero una plaga más devastadora ha comido o secado las esperanzas de esta llanura fértil y pujante. Es la plaga roja de un régimen que ha convertido exuberancia en miseria. Con la Faja Petrolífera y con minería ilegal dejaron penetrar compañías externas de las más diversas nacionalidades, que exploran y explotan esta tierra, aniquilando vegetación, contaminando ríos y volteando lo verde a rojizo. Comenzaron por engañar al ingenuo llanero con el “exprópiese”, dejando en la ruina a fundos y hatos que supuestamente serían más ricos con el manejo directo del pueblo. Puras mentiras. Militares, narcotraficantes, guerrilleros y paramilitares, junto con la reciente aparición de grupos terroristas, se apoderaron de esta vasta extensión, cometiendo robos, hurtos, abigeatos, secuestros, homicidios y toda clase de fechorías, para apoderarse de lo que es de todo el pueblo venezolano. Sembrar el petróleo en campo fértil se convirtió en aniquilar el llano con el crimen como azote. En el Llano el aliento y la palabra espontánea, redonda y radiante, ya no encuentra su eco en la distancia.

Traducción al inglés

The plains: fertile, extensive and abandoned

Sofos de Mileto

It is a land walked or backtracked, on a galloping or trodden horse, or in powerful jeeps, vans and airplanes, which travel endless and open routes in these immense savannahs, full of history, hopes and problems. Chroniclers, poets, novelists, reporters have described these prints in colorful form, with their lyrical, geographical and human reality of notorious contrasts and successes. From Humboldt and Codazzi to Gallegos, who painted us the fabulous scenes of “Doña Barbara” and “Cantaclaro”, passing by Armas Chitty unraveling the story of the apureños plains.

The plain is mysterious; it attracts and conjures. It has a particular capacity to surround us in its great and dramatic environment. In it, the spirit of adventure awakens. Everything there is great, from its undeveloped potential, to the violence of its two perfectly defined seasons that delineate the anguish of hope.

What is the plain like and what is it looking for

When we look on the map at the plains, including the deltaic plain, we are struck by two images. Another of technological content, which looks like an aerodynamic structure of the fuselage of an airplane dropped between mountains and coast, in a strange landing. In that extension it is no longer the horse that dominates all the directions and opens paths in the infinite pampa. Today, it shares that destination with the plane, in far-away herds, the vehicle, in its veins that cross it with solitary roads, and the curiara and the boat, in its navigable rivers. Then, the fish is the reinvindication of the great rivers that make up their intricate circulatory system. Humboldt saw it as a tempting “sea of grasses”. Codazzi found it “a vast area of pastures”.  It is an infinity loaded of possibilities and mirages, where in its majestic and mind-blowing territory; man is the measure of his own courage, traveling this land of contrasts, changing and immutable at the same time, where nature becomes present between water, fire and distance. Its topography is rugged. It is found the airy vegetation of its palm trees, or the bright mirror of its esteros, or the scattered and resonant spot of the chaparrales. The plain is varied within its own surroundings. Land, rivers, vegetation, people, integrate a reality of changing traits. Suddenly, there are some new herds, with comfortable homes, which only accommodate their owner.

With the cattle and its leathers, exposed to the sun, the weather and the serene, with moorings and long fences, the plain is born at the foot of the Andean mountain range and coast to the estuarine jungles of Monagas. This large geographic complex is divided into three large areas commonly known: Western Plains, made up by the states Apure, Barinas and Portuguesa, and are the most commonly identified with Venezuelan plains. Central Plains, a plain region where the states of Guárico and Cojedes are located in the center of the country. Eastern Plains, made up, for the biggest part, of the states Anzoátegui, Monagas and Delta Amacuro. However, there is another distribution, marked by the culture of the same village: High and low Plains, depending on the posibble flood zones or not. Logically the High Plains do not suffer the rigors of the waters, while the Netherlands are at their mercy and change their physiognomy during the prolonged plain winter. The Plains are still going through the exact course to be definitively incorporated to the dynamics of the country. However, like the rest of Venezuela, they have been hit hard all over their length by a red plague that aims to wipe out all manifestation of production.

Summer, winter, and the living of the plainsman

The life in the plains is ruled by winter and summer. Between these two climatic poles, the brave existence of the plainsman is going on. Man and landscape change.  There are rivers that disappear during the drought, and then the plain becomes tense and brittle. They are rivers that go and return in the other season. Soils vary from sector to sector. The plants, the pastures and the animals move. This is how from November to May lasts the summer and from May to October falls the rainy season. The rainy season affects the plain life, affecting the non-flood zone, the highest and driest, because the water exerts a healthy action on the vegetation, the landscape is full of life and the fullness of the green and fruitful transcends the wildlife and man. In the inundable portion, as it is lower, it becomes more humid. There is joy in the plainsman. With the first rains in this area, the fields produce a rapid germination of the seeds of the annual plants. As we see, customs, airs, skies, and the life of the plainsman modify their physiognomy and attitude. Each season determines the inhabitants of these lands. The temperature is always ardorous, but it is softened by trade winds that blow constantly with varied intensity, sometimes so strong, that it brings down trees and roofs of homes. Despite all this, the typical plainsman, a survivor of the heroic as it is qualified by Jose Ramón Medina, still retains distinctive features. The one of the plain earth is given to the cordiality, open, without malice. The one of the high ground is introverted, wary, and distrustful, of little talk.

Fertile and productive zone

The Plain is of low population density, but is a large reservoir of livestock and agriculture. There, livestock farming has prevailed, but there has also been a considerable agricultural potential. Apure was the livestock entity by excellence. Then followed by Guárico. Today there is an important cattle station in the south of Lake Maracaibo and in areas of Barinas. However, Apure, Portuguesa, Guárico, Monagas and Anzoátegui took the baton, in it´s moment, of the agricultural production. Apure has generated cocoa. In Portuguesa with bold and modern technological investment, large volumes of rice, maize, sesame, tobacco and cotton were harvested. Barinas does not stay behind with very generous lands. In Monagas and Anzoátegui, the crops of peanuts, cassava and sorghum were also revealed.

A rich wildlife accompanies the plant life. The araguato and other apes, the funny squirrel, the chiguire and the lapa, the tigrillo and the cougar, bachiros and deer are some mammals. Birds of beautiful plumages like the Gaban, others of beautiful singing, are examples of multiple species. However, petroleum appeared in large areas of the plain extension. Populations were revitalized beside black gold, partly abandoned at first by the depletion of their reserves or the productive decline. The Orinoco Petroleum Strip modified the landscape, that before the energy activity, it was a vast herbaceous extension of scarce population and extensive cattle raising. Petroleum also radically transformed the plain landscape in all its length and depth, expanding the routes of link between cities and towns, tracing new technological paths and initially seeking to turn the plain into a large barn of Venezuela. Some level of development reached Maturin, El Tigre, Barinas, San Fernando, Calabozo, Valle de la Pascua, Acarigua, Araure, San Juan de los Morros, San Carlos, El Sombrero, Altagracia de Orituco and Guanare, to name a few cities, with extensive network of roads between them, but not so flat inside.

The red plague that ended with the plains hopes

To all this potentiality, this wealth, this abundance of land, of crystal clear and flowing rivers, of pastures, of agricultural production, came a destructive, devastating, thief and dangerous plague. It is known in the plain that with the early downs, the first pools form where insects that fustigate the life of the plains proliferate, becoming this unbearable plague. However, a more devastating plague has eaten or dried the hopes of this fertile and thriving plain. It is the red plague of a regime that has turned exuberance into misery. With the petroleum strip and illegal mining, they allowed external companies of the most diverse nationalities to penetrate, explore and exploit these lands, annihilating vegetation, polluting rivers and turning the green to the reddish. They began by deceiving the naive plainsman with the “exprópiese”, leaving in ruins the burials and herds that would supposedly be richer with the direct handling of the town. Pure lies. Military, drug traffickers, guerrillas and paramilitaries, together with the recent emergence of terrorist groups, took over this vast extent, committing robbery, theft, abigeate, kidnapping, homicide and all kinds of misdeeds, to take possession of what is of the entire Venezuelan people. Sowing petroleum in fertile field became into annihilation of the plains with crime rising everywhere. In the plain the breath and the word spontaneous, round and radiant, no longer finds its echo in the distance.

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