Sofos de Mileto

Son jóvenes nacidos a partir de los ochenta. Se definen como una generación digital, hiperconectada y con altos valores sociales y éticos. Eso los hace diferentes a otras generaciones.

Algunos se orientan a la cultura hipsters, es decir, lo vintage, lo bohemio, lo independiente, lo alternativo. Otros prefieren ser mainstream, lo que los lleva a estar apegados a la corriente popular, típica y accesible, que le agrada la comercialización en masa y con gran éxito de la música, de la moda, del arte y la literatura. En todo caso, los millenials, que supone un 24 % de la población, pueden abrazar nuevos valores, se resiste a las empresas, son creadores de contenido e influyentes entre su público.

Esta generación del milenio comparte ciertas características, que queremos enunciar, para luego abordar la construcción y adaptación de valores en ellos.

Características de los Millenials

Poseen una extraordinaria capacidad para la multipantalla y para estar hiperconectados. Tienen un don de visualización, comprensión e interacción en varias pantallas a la vez. La mayoría consumen contenido en streaming (cuándo, cómo y dónde se quiera ver). Sus herramientas de expresión son los móviles, las redes sociales y el video online. Las apps son las conexiones en su quehacer diario. Más de tres horas de conexión en Internet también ha generado tanto la tecno-adicción como enfermedades propias de este modus digital.

Asimismo, son muy preparados y emprendedores. Sin embargo, no solo quieren conseguir títulos universitarios y un trabajo estable, pues muchos se convierten en creadores, con ideas novedosas, incluso premiadas. Les gusta desafiar el futuro con retos.

No obstante, en una encuesta global de Deloitte realizada en 2019, en 43 países, sobre las expectativas en esta generación, se reveló que los millenials poseen un deterioro palpable de optimismo y una amplia variedad de ansiedades macroeconómicas y cotidianas que pesan en sus mentes. Tienen expectativas sombrías para la economía. La desigualdad de ingresos y la falta de movilidad social fueron factores probables que impulsaron este pesimismo económico, destacando el impacto negativo de un entorno incierto y desigual. La poca confianza en los medios tradicionales junto con la credibilidad de las conversaciones políticas ha contribuido a un mayor escepticismo. Han visto que muchas empresas se centran únicamente en sus propias agendas en lugar de considerar las consecuencias para la sociedad. Es decir, reclaman una mayor responsabilidad social corporativa. En este sentido, patrocinarán y apoyarán aquellas empresas que se alinean con sus valores. Como consumidores no dudarían en terminar su relación con las empresas cuando no estén de acuerdo con sus prácticas comerciales, valores y tendencias políticas.

Es una generación ambiciosa. Quiere ganar altos salarios y ser ricos. Pero sus prioridades han cambiado. Viajar y ver el mundo está en la cima de sus aspiraciones. Un poco menos de ellos prefieren ser dueños de una casa. Y además están más atraídos por tener un impacto positivo en sus comunidades o en la sociedad en general que por tener hijos y formar familias.

Las generaciones más jóvenes de los millenials, tal como se ha anotado, adoptan la tecnología, pero también entienden sus beneficios y sus amenazas. Están claros que las redes sociales hacen más daño que bien. Es más, una buena cantidad de millenials aseguran que serían físicamente más saludables y felices si redujeran el tiempo que pasan en las redes sociales. No les falta su preocupación por la ciberseguridad, pues les inquieta ser víctimas de fraude en línea, por lo que prefieren disminuir las relaciones comerciales e informáticas donde presuman de la incapacidad de las empresas para proteger sus datos.

Los millenials valoran la flexibilidad, el trabajo desde casa y el reconocimiento no por años, sino por sus funciones. Es que tienen dificultades para encontrar un empleo fijo, emanciparse y, por lo tanto, muchos aún viven en casas de sus padres y no tienen una buena situación económica. No poseen mucha confianza en los puestos de trabajo.

Poseen un alto sentido de tolerancia y de interacción social. Desarrollan un esquema de pensamiento crítico y exigente. Transparencia, colaboración, compromiso y paciencia son algunos valores que quieren ver reflejados en la sociedad. Son conscientes de la situación mundial, y saben que el futuro político y económico acabará en sus manos. Les gusta donar y colaborar con organizaciones sin fines de lucro y anhelan convertirse en ciudadanos activos con una o más causas.

Son volátiles, volubles y versátiles a la hora de su comportamiento como consumidores. Las marcas no consiguen un engagement fácilmente en sus mentes y decisiones de compra, pues prefieren las recomendaciones de sus amigos o de los influencers. Debido a estas características, en estos escenarios son individuos más que gente, porque en un mundo globalizado como el actual, los millenials buscan diferenciarse del resto, pero teniendo las mismas herramientas, redes sociales, cadenas de ropa, eventos y cultura.  

Valores para la realización humana

Los valores son modelos conceptualmente definidos con los que las personas evalúan lo que es deseable, bueno, justo, trascendente, y son un camino a la realización personal. Con los valores estimamos a una persona o grupos de personas. Pero también con los valores medimos lo tangible y lo intangible, es decir, objetivamente calificamos la cualidad positiva, la utilidad o la importancia que supone un objeto, y en sentido subjetivo, el valor se trata del interés, de la aceptación, del aprecio que tiene para la persona dicho objeto. Gracias a los valores pensamos que algo es digno de buscar, de alcanzar, de completar y de perfeccionar.

Los valores conducen a afirmar nuestra naturaleza ciertamente humana. Además su práctica hace que las personas vivan conformes consigo, porque con ello viven felices, encuentran su existencia interesante y con significado y disfrutan de un mundo fascinante y lleno de colorido. Es de suyo, es primaria, es original, es fundamental la función valorativa. Todos los días evaluamos, valoramos. Nuestro proceder y nuestras acciones de mayor envergadura giran en torno a grandes valores. Entonces, los valores constituyen la esencia de nuestra personalidad, de nuestras relaciones, de nuestra integración familiar y de nuestra formación y educación.

Por otra parte, mientras más definidos, elevados y retadores son los valores, más autorrealización se alcanza y llegamos a ser nosotros mismos en relativa plenitud.

Valores absolutos y otros efímeros

Tratar de elaborar una clasificación que ilustre la diversa tipología de valores es algo complicado. Pero parece que en todas las sociedades actuales hay unos valores de carácter absoluto, irrenunciables, trascendentales y otros más efímeros y transitorios. Claro que dependen del esquema cultural donde los valores se desarrollan, pero, por ejemplo, la vida, la dignidad, la libertad, la integridad personal, el amor, la verdad, la justicia, el respeto, el orden, la seguridad, la honestidad, la excelencia, parecen orientar normas y guías de acción universales o rigen para un gran conjunto de la población. De algunos de estos valores a su vez se desprenden otros valores relacionados. Es así como de la dignidad se desprende la consideración y la solidaridad,  De la libertad se desprende el valor de la democracia que, adhiriéndome a una definición que comparto, significa el sistema de gobierno que da al individuo el mayor grado de libertad con el mayor grado de responsabilidad. De la justicia se desprende la equidad, la legalidad, la imparcialidad, el cumplimiento de las obligaciones.

Existen otros valores más circunstanciales, más pasajeros, relativos en una cultura y subcultura, que pudieran ser válidos en un tiempo, lugar, época o forma de vida específica.  Es posible que estos valores sean inestables, mudables, cambiantes, Tales podrían ser la abnegación, la virginidad, el brillo, la rapidez, las joyas, la moda.

Lo pertinente no sería tener una escala de valores, sino referirnos a un tejido, a una sinergia de valores, donde todos ellos van produciendo la construcción del camino por la vida.

Pero no hay que olvidar que existen antivalores, que serían los que impedirían esa plena nobleza del individuo, su armonía y congruencia entre lo que lo enaltece y su comportamiento, así como su vinculación útil con la sociedad. Tales podrían ser la violencia, el caos, la oscuridad, la sumisión, el martirio, la humillación, el soborno, la lesión.

Los valores de una generación y cultura

Los valores son hechos humanos y como tales se diferencian en las diversas generaciones, en las distintas culturas y en varias épocas de la humanidad. Es que la realidad social va transmutando hacia otros modos de vida y de apreciar el producto de esa realidad. Revisemos la historia. En la cultura maya las doncellas hermosas y nobles, ataviadas con las más ricas joyas, eran arrojadas a un pozo sagrado para que se ahogaran. Eran las novias sagradas que iban a unirse con el Dios de las aguas. En la India ha sido práctica imperativa y venerable reverenciar a las vacas y abstenerse de matarlas. En China ha sido de suma elegancia para las damas de la aristocracia, conservar los pies pequeños, soportando durante años hormas torturantes. En la Europa cristiana de la Edad Media era punto esencial del honor del caballero ofendido arriesgarse a ser destripado –y a destripar al contrincante- en mutuo reto de duelo mortal. De tal manera que aquí entran las recientes generaciones, como los millenials, que poseen su propio entramado de valores, con los que no crecimos otros conglomerados o progenies.

¿Qué sería lo adecuado al valorar a su vez los valores de los millenials? Tal vez hacerles ver que son una generación única con fortalezas admirables y bienes intangibles y tangibles que ellos cuentan y disponen con mucha mayor facilidad que otros. Esos baluartes pueden aventajarlos en un mundo donde parece que la inagotable innovación, los adelantos, la tecnología aplicada y la sociedad digital no logran aún resolver aspectos esenciales, como los conflictos territoriales, las crisis sociales y debacles económicas, las pandemias elaboradas, la carrera nuclear o el ahogo climático. Por ejemplo, ese valor de ser emprendedores, independientes, críticos, creativos, multidigitales y generosos con causas constructivas, pueden abrir caminos de esperanza con estos jóvenes, para tener un mundo y un planeta más amigable, más sensible, más congruente, más tolerante, más pacífico, con mayores logros de alto beneficio.

¿Y dónde insertamos la educación?

Ciertamente la educación, en cualquier ambiente, escenario o cultura que la examinemos, tiene como una tarea prioritaria la de promover, inculcar, estimular, ayudar a edificar los valores significativos para la respectiva comunidad. La educación, por su esencia misma, es manejo de valores: los destaca, los transmite, los modela, los pondera, los propone, los cultiva. Cuando se habla de educación inmediatamente se asocia con diligencia, honradez, lealtad, responsabilidad, creatividad, cooperación, altruismo, laboriosidad, desarrollo personal.

Pero la educación también tiene el papel de advertir sobre las amenazas y los peligros concretos de los antivalores, no importa qué generación se está formando. Es importante y conveniente involucrar a las generaciones en el proceso de enseñanza-aprendizaje en un sentido colaborativo y constructivo, para que los educandos se apropien, por ellos mismos, de las destrezas y habilidades técnicas y profesionales. Seguirá siendo necesario conocer la tangente hiperbólica, los integrales de números imaginarios, las batallas de la independencia suramericana, la teoría cuántica, los métodos de interpretación en derecho, la clínica médica, la geometría descriptiva, la clasificación de los pares craneales y las complejas fórmulas químicas, junto con la apertura al mundo de la investigación. Pero será todo ello insuficiente si aparejado no nos preocupamos los educadores y universitarios por fomentar en nuestros discípulos esquemas sanos de vida, estrategias de resolución de problemas para el diario vivir, y superación de retos y obstáculos con pensamiento, lenguaje y actitud afirmativos. Y para esto, en la formación humana, de manera permanente, hay que apoyarse en ese esquema de valores inmutables, como la dignidad, la ética, el respeto, el libre albedrio, el bien común, el orden, la disciplina, la perseverancia, la bondad, la generosidad, la comprensión. ¿Cómo puede la educación cumplir efectivamente esta misión? Proponiendo que cada persona construya y ejercite activamente su propio sistema de valores en forma consciente, racional, libre y sistemática. Galileo Galilei afirmó que la mayor sabiduría que existe es conocerse a sí mismo. Entonces los desvalimientos no se superan con las fortalezas ajenas sino con la adquisición de recursos propios. Y los millenials tienen los suyos, muy característicos.

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