Marina Vargas es una venezolana, nacida en Caracas en el seno de una numerosa familia. Se graduó como médico cirujano general en la Universidad Central de Venezuela (UCV) y luego se especializó en ginecología, medicina reproductiva y más tarde en gerencia médica.

Durante 15 años desempeñó su profesión con vocación y entrega. Su paso por la Cruz Roja Venezolana, el hospital de Los Magallanes de Catia, el Urológico de San Román, el Hospital de Clínicas Caracas y comunidades en el estado Amazonas, dejan muestra de una fructífera labor que se inclinaba a brindar ayuda a la población más vulnerable de Venezuela.

Aunque ejerció la medicina privada el trabajo social y humanitario siempre marcó la senda a Marina Vargas.

En el año 2002, la vida la pone a decidir: ¿Venezuela o Estados Unidos? Una vez más el amor gana la jugada y la profesional de la medicina decide apostarle al amor, deja el país y se marcha a hacer una nueva vida a Norteamérica.

“Deje todo, parte de mi familia, mi carrera que era muy importante para mí, y me vengo a Miami, donde resido desde hace 19 años”.

No fue fácil para Marina la inserción en la sociedad estadounidense y mucho menos continuar en ejercicio de la profesión. A pesar de la excelente formación académica obtenida en las universidades de Venezuela, se llega a un país ajeno y es necesario empezar de cero.

“Tienes que empezar por presentar exámenes. En todos los países del mundo existen regulaciones, pero yo creo que Estados Unidos es el más difícil para presentar las pruebas de homologación de los títulos”.

Mente y cuerpo

Quedarse de brazos cruzados y no poder aplicar los conocimientos médicos nunca fue una opción para Marina, quien, al verse reprobada en el primer examen para la homologación de los títulos, tomó otras vías que la conducirían a la dirección a donde quería llegar.

Inició estudios en la Universidad Monserrate de medicina naturopatica molecular, especialidad que algunos pudieran ver como algo esotérico, pero no lo es, contiene un interesante componente científico, aclara.

Su formación no fue nada improvisada, cursó estudios en la Universidad de Miami y estuvo dirigida por reconocidos profesionales como Santiago Aranegui, entre otros.

Desde entonces Marina Vargas, unió los conceptos de la medicina tradicional en la que se formó en Venezuela, con los nuevos conocimientos de la medicina holística adquiridos en Estados Unidos. Se dedicó a ver más allá de lo que es el individuo, que no solo es un cuerpo, también una mente que almacena cientos de emociones y a ese análisis se ha dedicado en los últimos 11 años.   

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La medico venezolana se ha centrado en hacer la hipnosis para cambiar ciertos paradigmas que tiene la mente y unido ese concepto a lo que es la cirugía plástica se logra dar terapia preoperatoria antes de que el paciente vaya a quirófano.

“Trabajamos en disminuir la ansiedad o el miedo ante un cambio que se va a tener. El temor logra que se disparen ciertas sustancias que son químicos neurotransmisores que alteran cualquier órgano de nuestro cuerpo, principalmente el cardíaco”.

El método que aplica Marina es novedoso y poco común encontrarlo en las clínicas de cirugía plástica, “yo trabajo con flores de Bach, también con descodificación mental de las emociones y todo va unido a un concepto totalmente holístico en donde vemos al individuo en toda su integridad, no solo un punto”.

No abandona la filantropía

Más allá de ayudar a los pacientes en lograr lun bienestar integral, la venezolana no olvida que primeramente fue ginecóloga y aprovecha la oportunidad de trabajar en esa área que le apasiona una vez al mes o cada dos meses cuando algunas fundaciones de ayuda a los inmigrantes realizan la feria de la salud.

“Ofrezco consejería junto a otro grupo de profesionales de la salud a los inmigrantes, en su mayoría venezolanos desasistidos en el área médica. Si no tienen un seguro cuesta mucho asistir a una consulta, entonces sin ser médico aquí puedo asesorar y ese trabajo lo hago a través de fundaciones sin fines de lucro”.

No solo las asesorías médicas forman parte de la ayuda que Marina Vargas, brinda a sus hermanos venezolanos, su aporte va más allá y se centra específicamente en la población migrante, la que sale huyendo de la crisis humanitaria compleja que se vive en el país.

En el año 2018, inició un recorrido humanitario que la llevó a las costas colombianas a llevar atención en salud y ayuda a los migrantes, la acción se logra de la mano del Comando Sur de los Estados Unidos, el Departamento de Estado y Venezuelan American Medical Association, en un recorrido del buque hospital confort.

“Fue emocionante y maravilloso poder compartir con mis colegas apoyando a nuestra población venezolana que estaba desasistida principalmente en Colombia. Llegamos y el primer trabajo se hizo en Riohacha, en el año 2018”.

Una tristeza empaña el dialogo al recordar la condición en la que fueron encontrados muchos de sus connacionales, a pesar que el gobierno del presidente Iván Duque ha brindado apoyo y solidaridad a los venezolanos que llegan escapando de la crisis, muchos de ellos requieren de atención humanitaria urgente.

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“Hicimos evaluaciones ginecológicas, pediátricas, odontológicas, también se lograron hacer intervenciones quirúrgicas. Me sentía orgullosa de participar en la operación de un venezolano, luego ellos nos abrazaban y comentaban la emoción que sintieron al enterarse que los médicos venezolanos llegarían a apoyarlos”.

En el año 2019 regresó el buque hospital a las costas colombianas, Marina de nuevo formó parte del grupo de médicos que asistió a los migrantes y si la vuelven a llamar sería una de las primeras en apoyar de nuevo la travesía, destacó.

“Volveríamos a apoyar no solo al gobierno colombiano, también a Costa Rica, Perú y Panamá, países a donde ha ido el buque a brindar ayuda a nuestros compatriotas migrantes que se encuentra en estos momentos viviendo en una situación precaria”.

Venezolanas admirables

Más allá de aceptar elogios por la labor que ha cumplido en favor de la diáspora venezolana en Estados Unidos, revela el valor y el coraje que siente por los venezolanos que aún y a pesar de las circunstancias buscan motivos para seguir en Venezuela y luchan por la libertad.

Expresa una admiración especial por las mujeres venezolanas, por el empuje que día a día demuestran sacando a familias enteras adelante.  

“Las mujeres venezolanas son “mujeres maravilla”, si caen, se levanta nuevamente. Tienen el don de transformar todo a su alrededor: familia, amigos y la sociedad. Esto lo logran a través de la confianza que han adquirido a partir de sus propias vivencias y del amor que imprimen a cada acción”.

No es sencillo motivar, sembrar optimismo cuando se vive en condiciones precarias, sin luz, sin agua ni alimentos, sin las condiciones básicas para llevar una vida digna, es por eso que el mensaje de Marina también se afianza en la fe que se debe tener en Dios.

“Dios no nos abandona y yo creo que nos nuestro éxito va de la mano de él. Dios nos diseñó para ser triunfadoras, para ganar y no rendirse nunca. Las venezolanas estamos hechas para cumplir sueños e inspirar a otras mujeres a lograr los suyos”.

Marina Vargas dice que Venezuela, representa el valor de esa mujer que nunca se olvida, “vayas a donde vayas siempre en algo va a estar presente y coincide con muchas de sus amigas en siempre querer regresar porque Venezuela no es fácil de olvidar”.

Por Rosalinda Hernández C.

Frontera Viva

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