Amor por el prójimo y voluntad son parte de la humanidad que cubre a Mayra Alejandra Figuera de Ortiz, una mujer apasionada por sus raíces y por quienes las han mantenido en el tiempo. El afecto con el que fue educada en su hogar es el que infunde en las comunidades indígenas abrigadas en Brasil.

Haber nacido en el oriente venezolano, específicamente en Tucupita y, posteriormente, haber vivido en los estados Anzoátegui y Monagas le permitió a Mayra tener una visión más amplia de las etnias que hacen vida en esta región de Venezuela.

Desde muy pequeña, de la mano de la iglesia católica, asistió las comunidades indígenas con alimentación, medicamentos y útiles, pero, sobre todo, con la compañía; el valor agregado que al día de hoy Mayra pregona.

Formación y vida

Hablar de su infancia y formación, es hablar del ideal de muchos. Creció en un hogar amoroso, constituido por padre, madre y cuatro hermanos.

Dice haber vivido una infancia “como debería ser para todos”, llena de diversión, juegos, cariño, con apoyo a la educación; oportunidad que aprovechó hasta convertirse en Técnico Superior Universitario en informática y posteriormente un título de Licenciatura en Educación sobre dicha mención.

Trabajó en diversos lugares, incluyendo a la estatal venezolana PDVSA en el área de telecomunicaciones. Sin dejar de lado sus actividades, se casa a los 23 años y, posteriormente, tiene a su primer hijo.

Esa es la vida sencilla que Mayra describe sin dimensionar ni presumir de la gran labor que ha realizado, y realiza, a favor de una población invisibilizada: los indígenas.

Desde Brasil

Tras haber trabajado con una empresa trasnacional importante en la región petrolera, Mayra abrió su visión sobre las oportunidades y el futuro, razón por la que en 2017 tomó la decisión a la que se había negado toda su vida: salir de Venezuela.

La ciudad de Boa Vista, en Roraima, fue el destino que acogió a Mayra y a su familia. Un lugar al que llegó con la vocación de servir en su corazón.

23 de febrero: el inicio de la continuidad

El 23 de febrero de 2019 marcó un hito importante en las fronteras de Venezuela. En la memoria de los venezolanos se conservan las imágenes de heridos y muertos que lucharon por hacer posible el ingreso de ayuda humanitaria al país.

Le puede interesar.  ONU advierte que indígenas desplazados de Venezuela están peligrosamente expuestos al coronavirus

En Santa Elena de Uairén, ciudad fronteriza de la Gran Sabana, ocurrieron hechos lamentables catalogados como “masacre”, en donde las víctimas estuvieron representadas por nativos de la etnia Pemona.

La lucha por alimentos, pero en especial por medicamentos, significó un gran padecimiento para los habitantes de la línea fronteriza frente a la represión por parte de la Guardia Nacional.

Decenas de heridos fueron trasladados a territorio brasileño, específicamente a Pacaraima.

Dados los acontecimientos, la venezolana no dudó en tomar acción y ayudar de todas las maneras posibles a sus connacionales étnicos.

“Decidí acompañar a los indígenas heridos, acompañar el dolor de sus familias, estar pendiente de sus medicamentos, hacerles la traducción con los médicos para que fueran atendidos como debía ser y visitarlos a diario”.

Esa fue una lucha que Mayra batalló, junto a las familias de los indígenas, durante 3 meses. Una experiencia que, a pesar de las vicisitudes, recuerda con gran cariño. Incluso, al hablar de las pérdidas humanas, el quebranto en su voz habla por sí solo.

“Todavía al día de hoy me duele, mi deseo era que todos pudieran retornar al Roraima. Es un recuerdo que me llena de mucho dolor… todos pudieron regresar con sus familias”.

Ayuda si límites

Luego de estos sucesos, y con el incremento de la crisis en Venezuela, habitantes de etnias como la Warao, Kariña, E´ñepá y Pemón comenzaron a buscar mejores condiciones de vida en el gigante amazónico.

Junto a la Pastoral de los Migrantes, Cáritas y otras organizaciones como Fraternidad sin Fronteras, Mayra cumple los objetivos de ayudar a estas comunidades. Desde alimentación hasta legalización e inscripción de documentos y cursos de portugués, son tarea diaria de esta mujer que busca visibilizar a los indígenas en tierras extranjeras.

De mujer a mujer

Con gran admiración, Mayra destaca la labor de la indígena venezolana en la sociedad, en sus comunidades. Ve a la mujer étnica como ejemplo de preservación, ya que son fieles embajadoras de su cultura. Comenta que, en la actualidad, las mujeres de cada etnia siguen manteniendo y educando con sus lenguas, artesanías, bailes y costumbres.

Le puede interesar.  El momento de los ciudadanos

Teniendo en cuenta la cultura machista arraigada en algunos grupos indígenas y ante el incremento de casos de violencia contra la mujer en Venezuela, Mayra sumó una actividad más en su jornada e inicio charlas educativas hacia las féminas nativas.

Es fiel defensora de que, con amor y educación, se logran transformaciones. De allí que intenta orientar a las madres indígenas a formar a sus hijos con más muestras de cariño, orientándolos al amor por sus hermanos y por los animales “para que el día de mañana no crezcan como personas violentas que provoquen el dolor que ellas sufren en este momento”, plantea Mayra.

Comenta que en etnias como la Warao y E´ñepá, existen conductas machistas que intentan reorientar.

Destaca que en las familias Pemonas hay más libertades hacia el género femenino, en donde ha observado a mujeres más participativas, con intenciones de estudiar y empoderadas.

Un Nobel para cada mujer

Son diversos los puntos de vista desde donde se le puede admirar a la mujer venezolana. Como madre y emigrante, Mayra considera “corajudas” a las mujeres migrantes venezolanas, que desde el 2020 han enmarcado el fenómeno migratorio.

Hay que darle un Premio Nobel a cada una de ellas por tomar, valientemente, la decisión de salir con sus hijos a cuestas y muchas veces sin saber qué les espera en el camino, eso es digno de reconocer, así como a las que luchan con el sentimiento de haber dejado a sus hijos en casa mientras ellas salen a buscar un mejor futuro”.

El transitar de la vida le ha permitido a Mayra tener una visión amplia de sus colegas de género, de valorar la participación de cada una de las mujeres porque “todas tenemos un papel que cumplir, desde donde nos encontremos, con el conocimiento o experiencia que tengamos, todas somos fundamentales”.

Prensa Frontera Viva

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí