Ni cobardes ni valientes

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En una carrera contra el tiempo, los suicidios aventajan a los minutos, pues cada vez que el reloj suma 40 segundos una persona se quita la vida en algún lugar del planeta.

Alrededor de 800.000 individuos se suicidan cada año, según los datos proporcionados por la Organización Mundial de la Salud (OMS).

La cifra puede estremecer a quien apenas la descubre, aún más cuando se percata que mueren más personas al año por suicidio que por homicidios y guerras en el mundo.

Se considera que el estigma sobre el tema esconde un alto porcentaje de suicidios disfrazados bajo otras causas de muerte.

La OMS dice que esta subestimación podría elevar las cifras entre 20 % y 25 % más a las registradas oficialmente. Es decir, la cifra global estaría rondando el millón de suicidios anualmente.

Cada 40 segundos se suicida una persona en el mundo, según la OMS.

El suicida quiere dejar de sufrir

El Observatorio Venezolano de Violencia (OVV) define al suicidio como el acto por medio del cual una persona se quita deliberadamente la vida.

Los actos suicidas y la tentativa de suicidio representan los dos matices del tema. El primero refiere a cualquier acción intencional que pudiera llevar a una persona a quitarse la vida, mientras el segundo enmarca todo comportamiento suicida que no causa la muerte.

Un informe de la OMS del año 2001 explica que la mayoría de las personas que intentan suicidarse no buscan exclusivamente morir. 

El suicida no quiere fallecer, sino que desea dejar de sufrir. Por ello, muchos sobrevivientes sienten alivio de no haber muerto una vez que el sufrimiento se ha controlado.

“Los que intentan suicidarse no son cobardes ni valientes, sólo son personas que sufren, que están desbordadas por el sufrimiento y que no tienen la más mínima esperanza en el futuro”, asegura el investigador español Enrique Echeburúa.

Letalidad masculina y tentativa femenina

Los hombres encabezan las tasas de suicidio en todos los países del mundo.

Echeburúa explica que puede deberse a que son más impulsivos, tienen menor tolerancia al dolor de tipo crónico, les cuesta más buscar ayuda ante el sufrimiento y están más afectados por trastornos adictivos.

Ellos emplean métodos muy letales como ahorcarse, dispararse y lanzarse de grandes alturas.

En contraste, las mujeres dominan tres veces más las tentativas de suicidio, pero la mayoría no consuma el acto suicida. Esto se debe a que usan métodos menos efectivos como la intoxicación, el envenenamiento o la ingesta de fármacos.

Las tentativas de suicidio entre las mujeres responden más a una llamada de atención.

Las féminas muestran una propensión a estas situaciones cuando están afectadas por problemas interpersonales graves como: violencia de pareja y abuso sexual.

Trastornos mentales y suicidio

La depresión y otros trastornos mentales están presentes en el 80 % de personas que consuman el suicidio, según la Federación Mundial para la Salud Mental (WFMH, por sus siglas en inglés).

Entre el 15 % y 20 % de las personas depresivas pueden intentar un suicidio, sobre todo cuando son mayores, viven solas y han intentado suicidarse con anterioridad.

Echeburúa dice que los trastornos mentales constituyen un factor de riesgo alto para el suicidio.

Quienes lidian con trastornos adictivos como el alcoholismo, adicción a las drogas o a las apuestas, suelen presentar una depresión secundaria, “asociada a la falta de salida en una situación de deterioro físico y psicosocial que perciben como insuperable”.

En el caso de los trastornos psicóticos como la esquizofrenia, los afectados pueden ejecutar un suicidio impulsivo, que surge de forma espontánea, imprevista y sin deliberación previa. Estos casos no contribuyen de forma importante a la tasa global de suicidios.

Por otra parte, el trastorno límite de la personalidad (TLP) está muy relacionado con los intentos y conductas suicidas.

“Alrededor de un 10% de las personas con TLP se suicidan, mientras que el otro 90% tan sólo amenaza con ello o lo intenta, incluso varias veces”, refiere el investigador.

Es de suma importancia destacar que no todas las personas que se suicidan, o aquellas que lo intentan, padecen un trastorno mental. Algunos individuos se provocan la muerte por impulsos espasmódicos, en ocasiones generados por emociones inesperadas. 

Atención: al menos siete personas podrían haberse suicidado durante la lectura de este artículo

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