Humberto González Briceño @humbertotweets  

En la falsa oposición venezolana hay quienes conscientemente centran todo su furibundo ataque retórico contra la figura de Nicolás Maduro como la única razón de nuestras desgracias. Así en forma discreta y sibilina se sugiere que el problema es Maduro y quienes le acompañan salvando de su responsabilidad y participación a otros elementos del chavismo a quienes se consideran menos nocivos y, quizás lo más grave, dejando intacto a todo el aparato estatal chavista con el cual, según dicen, se podría gobernar. Este sería uno de los argumentos para ir a unas elecciones totalmente controladas por el Estado chavista con la esperanza de ganarle a Nicolás Maduro y emprender una transición de gobierno que sería la milagrosa solución a esta crisis terminal.

En el núcleo de esta tesis está la idea de que si es posible gobernar con un estado totalmente controlado en todas sus instancias e instituciones por las mafias chavistas. Se asume que hay una legalidad, la legalidad del Estado chavista, que actuaría como árbitro para regular un sistema de pesos y contrapesos que de alguna manera apunten a un equilibrio institucional que permita la gobernabilidad. Esta aproximación está basada en la teoría y la praxis política del régimen que existía antes de 1999 donde en buena medida las llamadas instituciones democráticas jugaban ese papel regulador al estar controladas por una pluralidad de partidos y grupos de interés.

Pero esta no es la situación que tenemos hoy cuando el Estado nacional venezolano ha sido sustituido íntegramente por el Estado chavista. Los poderes públicos y las instituciones políticas están totalmente controladas por mafias chavistas que definen su propia legalidad e imponen su voluntad al resto de los venezolanos. Al controlar sin límites los órganos del poder público incluidas las fuerzas armadas el chavismo tiene y ejercita el poder de crear y modificar leyes a su medida y con la diligencia necesaria para mantenerse en el poder indefinidamente. La mutilación a la Asamblea Nacional del 2015 y la constante modificación de leyes y reglamentos electorales para favorecer al régimen son tan solo dos evidencias de cientos.

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La pretensión de la falsa oposición de convencer a los venezolanos para ir a votar en el fraude electoral del 2024 no es otra cosa que una escueta invitación a tragarnos dos ruedas de molino en serie. La primera es que aceptemos la tesis según la cual es posible ganarle unas elecciones al chavismo mientras este controla el aparato electoral que opera como una factoría de votos y de adjudicación de cargos. Los voceros y asesores de la falsa oposición se han dado a la tarea de fabular sobre las posibilidades de ganarle al chavismo si van con un candidato único y si la gente creyendo en estos cantos de sirena acude a votar. Una petición audaz sobre todo al considerar 20 años de evidencia del fraude electoral continuado perpetrado por el chavismo.

Para quienes se traguen la primera rueda de molino hay otra más esperando en línea. Y es la que trata de argumentar que si el chavismo fuese derrotado en unas elecciones este estaría dispuesto a entregar el control del gobierno. De mil maneras y en forma implícita la falsa oposición ha sido muy cuidadosa en hacerle saber a las mafias chavistas que al buscar solo el control del gobierno estaría dispuesta a gobernar con el Estado chavista y sus instituciones. De ahí el metamensaje: “Mafiosos chavistas no temáis, podéis estar tranquilos. No vamos por ustedes, sino por Maduro”.

Que la falsa oposición esté dispuesta a gobernar dentro de la legalidad que le impone el Estado Chavista no solo revela la fragilidad de su política sino también la más sorprendente ingenuidad. Aunque ambos escenarios (derrota electoral y entrega del gobierno) están negados por un patrón de conducta sistemático perfeccionado por el chavismo en las últimas dos décadas la falsa oposición insiste en presentarlos a los venezolanos como parte de su estrategia elite. Solo quienes hacen política en Narnia pueden creer y repetir en una coreografía bien orquestada que el chavismo aceptaría una derrota electoral y como consecuencia de ello entregaría el gobierno. Cuando alguien nos dice que Venezuela se arregla cuando caiga Maduro, banalizando la destrucción de la nación venezolana, ya sabemos para quién trabaja. Y no es precisamente para los intereses de la mayoría de los venezolanos.

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