Prensa Frontera Viva

Perseverancia y esperanza son los adjetivos que definen a Katherine Elvira Polanco Blanco, una madre venezolana que vende dulces en las calles de Cartagena para sacar adelante a su bebé de un año, pero que en su camino ha visto ultrajada su integridad.

Empujando un coche negro, Katherine recorre las calles de la capital del departamento Bolívar vendiendo una bolsa de dulces para sacar adelante a su bebé de un año y a su madre que vive en Venezuela. 

Su vulnerabilidad ha sido violentada por hombres inescrupulosos que han intentado besarla a la fuerza y le han ofrecido dinero a cambio de encuentros sexuales.

“No soy prostituta” es la frase que responde a quienes atentan contra ella mientras sigue ofreciendo dulces con su bebé dormido en el regazo.

Agresión y acoso 

El acoso sexual a las migrantes venezolanas se ha convertido en un mal de nunca acabar. Kaherine, una administradora de 27 años, se ha expuesto a escenarios sensibles. Su situación migratoria está regularizada, pero esto no es suficiente para que las leyes la amparen. A su juicio, todos los comentarios incomodos que ha recibido no son denunciables, siente que ser una migrante la vuelve frágil.

Ha normalizado que sus amigas, también venezolanas, se enfrenten a situaciones incomodas con sujetos abusadores. A una de ellas un hombre se le acercó, le dio dinero y luego le tocó su parte íntima, situación que se repite con normalidad. 

“Vete a tu país”, “le están robando la oportunidad a los colombianos”, “ustedes son delincuentes”, “deberías ser prostituta y sacarle provecho a tu cuerpo” son algunos de los insultos que ha recibido y que no olvida porque han marcado su estadía en Colombia.

Le puede interesar.  Venezuela: el Frente de Militares llamó a oponerse a la Ley Antibloqueo “contra quienes están ávidos de poder y riqueza”

En una oportunidad un hombre le hizo una propuesta indecente y ante su rotundo “no” comenzó a tocarse sus partes íntimas frente a ella, sin importarle que estuviese acompañada de su hijo. 

El oscuro escenario lejos de dañarla la han fortalecido, su ímpetu y fe en que Dios la ayudará, así como a sus hermanos venezolanos que están luchando en otras fronteras y la mantienen en pie. 

Su historia

El arribo de Katherine a Colombia ocurrió en mayo de 2018. Desesperada por la crisis económica la joven venezolana decidió emprender su viaje al vecino país con apenas 15 mil pesos en el bolsillo.

Sin dinero para continuar su viaje a Bogotá, Katherine se vio en la obligación a pedir dinero en las calles de San Antonio del Táchira, población venezolana fronteriza con Colombia. El dinero recaudado lo utilizó para contactar a un familiar en el municipio colombiano Villa del Rosario, ubicado cerca de la frontera.

También logró ahorrar unos cuantos pesos que invirtió en una torta que luego vendió por porciones en la calle. Con lo poco que recaudó pudo llegar a Bogotá, sitio en el que trabajó de vendedora hasta que salió embarazada.

Un amor no correspondido y un padre que la dejó sola con su bebé fue el escenario que la marcó y que la obligó a viajar a Cartagena en donde, a su juicio, la vida es más accesible.

Decidió llevar a feliz término su embarazo y dar a luz a su bebé en la referida ciudad,  donde Katherine considera que la vida es más económica, sin embargo, tener un bebé de brazos y ser rechazada por su nacionalidad la ha limitado a conseguir un trabajo estable.

Le puede interesar.  Sebastiana Barráez| Un Mayor General de la FANB echó del Ministerio de Alimentación a la gobernadora del Táchira

Los primeros meses de vida de Sebastián, sus amigas, con quienes comparte habitación, la ayudaban, pero la necesidad de trabajar tocó la puerta por lo que decidió agarrar a su bebé y buscar la forma de conseguir dinero. 

Como medida inmediata, para tratar de paliar la crisis, compró unos dulces que vende mientras recorre las calles. Sebastián, su hijito, se ha convertido en el fiel acompañante mientras ofrece en las calles las chupetas y caramelos.

Se ha expuesto a las críticas debido a que trabaja con su bebé de brazos, pero la gente no entienden que en un país lejano en el que se encuentra sola dejar al bebé con un familiar no es una opción.

Un venezolano más

Muchos hablan y comentan sobre los venezolanos que caminan por las calles de Colombia vendiendo dulces o agua, pero muy pocos conocen la historia que guardan y qué los obligó a dejar su país, su familia y comenzar desde cero en otras fronteras.

No son cientos, no son miles, son millones los venezolanos que como Katherine a diario hacen malabares para conseguir dinero de manera honrada. No todos tienen la dicha de conseguir un trabajo bien pagado, pero sí guardan la esperanza de poder establecerse, vivir una vida digna y mantener a sus familiares que aún continúan en Venezuela, un país que lejos de mejorar, se está convirtiendo en un Estado exportador de migrantes, esas mismas personas que hoy buscan apoyo en otros países. 

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí