Los intríngulis que envuelven el caso del avión Ematrasur son muchos y ninguno está despejado. La trama es larga y pone una vez más en evidencia al régimen de Nicolás Maduro, en un conjunto de marañas compartidas con sus aliados iraníes

Editorial

El pasado sábado 8 de junio, Aníbal Fernández, ministro de Seguridad de Argentina, informaba que la aeronave, Boeing 747, registrado con las siglas YV3531, perteneciente a la empresa Transportes Cargo del Sur (Emtrasur), filial del Consorcio Venezolano de Industrias Aeronáuticas y Servicios aéreos (Conviasa), sería retenida en el Aeropuerto Internacional de Ezeiza en Buenos Aires.

La aeronave llegaba procedente de México, y había aterrizado el 6 de junio en Ezeiza, es decir, escasos dos días antes de dictarse la orden de retención, para surtir combustible luego que Montevideo, su supuesto destino, le hubiese negado el ingreso al espacio aéreo uruguayo.

El paralelismo en este punto de la historia con el caso de Alex Saab, quien fue arrestado cuando su avión hizo escala obligada en Cabo Verde para surtir combustible, sería risible si no fuera por el resto de los elementos que forman parte de esta historia.

Un dato ya de por sí bastante curioso, es que el avión estuvo a mediados del pasado mes de mayo en el Aeropuerto Internacional Guaraní de Ciudad del Este, en Paraguay, donde los agentes encargados de conceder el permiso de aterrizaje, fueron destituidos esta semana, según informó el ministro del Interior, Federico González.

Según se sabe, en esa ocasión, el avión partió de Paraguay el 16 de mayo, casi tres días después de su aterrizaje, y su rumbo era Aruba (país que mantiene cerrado su espacio aéreo a Venezuela), a donde llevaría una carga de cigarrillos de fabricación paraguaya, como informa el diario Perfil de Argentina.

Ahora, en esta oportunidad, el encargo era distinto. La aeronave, según informa la BBC Mundo, trasportaba un supuesto pedido hecho por la empresa SAS Automotriz Argentina.

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En su interior efectivamente se habrían hallado componentes para la producción de paneles de instrumento y asientos para camioneta modelo Taos, de la marca alemana Volkswagen. El detalle está en que SAS Automotriz Argentina, negó haber tenido algún tipo de contacto con la empresa venezolana Emtrasur (creada por decreto presidencial el 19/11 de 2020), y dijo que la compañía contactada para dicho envío de autopartes procedentes de Querétaro (Mex), había sido Forwarder Fracht USA.

Otro dato que hace saltar las alarmas, es la procedencia del avión, no sólo por el hecho de que Conviasa desde el 2020 está sancionada por la Oficina de Control de Activos Extranjeros (OFAC), perteneciente al Departamento del Tesoro de Estados Unidos, sino porque su anterior dueño también lo está y bajo cargos tan graves como la vinculación a grupos terroristas.

La empresa iraní Mahan Air fue dueña del Boeing 747 hasta enero del presente 2022, cuando fue supuestamente transferida su propiedad a Conviasa. Mahan Air es sancionada por el Departamento del Tesoro por prestar sus servicios a miembros de la Fuerza Quds, que es una división de los Cuerpos de la Guardia Revolucionaria Islámica de Irán, acusados de brindar apoyo a organizaciones terroristas que operan en Medio Oriente.

Y si esto no parece razón suficiente para que a la aeronave se le prohibiera su ingreso al espacio aéreo de Uruguay, sus pasajeros de lujo dan el toque final a esta historia que ha provocado múltiples reacciones de políticos argentinos, que piden explicaciones al gobierno de lo que está ocurriendo, en un momento en el que el último reporte del Instituto Nacional de Estadística y Censos (INDEC), informó que la inflación interanual superó en mayo el 60%.

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Según indicó el Ministerio de Seguridad argentino, en la aeronave viajaban 14 venezolanos y cinco iraníes, a quienes se le permitió hospedarse en un hotel en la ciudad capital, pero sin permiso para abandonar el país por encontrarse bajo investigación.

Las autoridades argentinas intentan averiguar si los tripulantes pertenecen o tienen alguna relación con las Fuerza Quds. Sobre todo, por la sospecha que pesa sobre el capitán del avión, Gholamreza Ghasami Abbas, de 64 años, podría pertenecer a este grupo armado, puesto que su nombre coincide con uno que está en la base de datos de sus miembros, aseveró este lunes el ministro Aníbal Fernández en una entrevista para Radio Perfil de Argentina.

Esta intrincada historia parece que seguirá generando dudas y preocupación. Ya de por sí, un agente de Oficina Federal de Investigación (FBI), asignado a operaciones en Buenos Aires, habría viajado esta semana a Paraguay a buscar información sobre el caso, según dio a conocer el diario argentino La Nación.

En Venezuela se ha vuelto común que el régimen de Nicolás Maduro ordene suntuosos recibimientos a grupos de supuestos turistas iraníes que visitan la Isla de Margarita en el estado Nueva Esparta. El último grupo, conformado por 23 personas, habría llegado este lunes 13 de junio, según reseña el portal de noticias Infobae.

Las expectativas de conseguir dar con la verdadera causa del viaje están encendidas, aunque pueden ir languideciendo como ha ocurrido con los responsables del atentado terrorista a la AMIA, perpetrado en Buenos Aires el 18 de julio de 1994, y que el último que dijo tener información importante al respecto, luego de 21 años de los hechos, fue hallado muerto en su residencia, en condiciones aún no aclaradas, el fiscal Alberto Nisman.

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