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La caída de Trump…

A la llegada de Trump a la presidencia de los Estados Unidos preví un escenario apocalíptico acaso por mis propias conclusiones: el desquiciado ataque a México y a los mexicanos forjado por su rudimentario nacionalismo; su intragable pedantería y desprecio maniqueo sobre los valores humanos (“bueno”: lo que lo apoyase; “malo”: todo lo demás); su infeliz ignorancia sobre temas esenciales de historia y cultura; o acaso por el ciclón de información y de propaganda negra que el mundo desparramó sobre él. Fuese lo que fuese imaginé con Trump el fin del mundo.Me equivoqué, obviamente ni ocurrió el fin del mundo ni su accionar político fue tan devastador y errático como se suponía que sería. Mi errar fue humano.Lo reconozco con humildad.
Vomitivo y pestífero resulta ver a tanto dirigente de la cúpula chavista quienes, ya sin escrúpulos, muestran el fruto podrido obtenido desde las arcas públicas con su malversación hemorrágica. Ya sin empacho alguno exhiben, cual jeques, faraones del mileno y monarcas del poder, sus patrimonios, haberes y gustos tan extravagantes.
Aquellos líderes que pregonaban orgullosamente controlar a los grupos armados ahora ni siquiera saben dónde ni en manos de quién están esas armas, que son miles.
A partir de este 2021, los venezolanos tenemos el reto y la obligación de derrotar de manera urgente 7 mega crisis simultáneas: la política, la económica, la de servicios públicos, la social, la emocional (quizás la peor de todas), la ética, y ahora la de la pandemia. Este cuadro nos convierte en uno de los países más vulnerables de la Tierra.
En Anaco, estado de Anzoátegui, los ciudadanos luchan a diario frente a los abusos del Ejército, que hace de la gasolina un negocio dejando a una población sin acceso a la misma a menos que cuente con dinero en moneda extranjera para poder adquirirla.
Felipe Fernando Candelario Pérez Martí, quien fuera ministro de planificación del fallecido mandatario, reveló a Infobae cómo los grupos de poder se hicieron con el control del Estado para obtener beneficios vinculados a la renta petrolera y al narcotráfico.
La extinción de las etnias venezolanas es aterradora, ante lo cual no hay respuesta del Estado.
Una localidad dedicada a la agricultura pasó a vivir bajo el yugo de las guerrillas colombianas, que llevaron el contrabando de armas y el tráfico de drogas.
Durante 15 días, entre los últimos de diciembre y principio del nuevo año, hubo 10 violaciones a la libertad de expresión registradas por la ONG Espacio Público, pero solo en un día el régimen venezolano atenta contra la salida del diario Panorama, al que clausuró durante cinco días, allanaron y confiscaron los equipo del canal VPItv y la web del Diario Tal Cual estuvo bajo ataque en la red durante varias horas, a la vez que brutales ataques desde los medios oficialistas se enfilaron contra Efecto Cocuyo, principalmente, y luego contra la red de emisoras Fe y Alegría, además del Sindicato de Trabajadores de la Prensa.

Vuelvo a la palabra…

Vuelvo a las palabras. Las había dejado de usar, quería guardarme y recuperar el aire por unos días. No lo logré, el fin de año –otro más– fue frustrante y triste: la peste chavista sigue descuartizando a Venezuela. No sé si te pase igual, imagino que sí, pero los venezolanos de este tiempo llevamos un tortuoso peso sobre nuestro espíritu que nos encorva y sofoca. Que nos quita aliento. No somos completamente felices ni estamos jamás serenos, hemos perdido una nación, una cultura, un aire, y nos duele, nos duele muchísimo. Venezuela nos deja sin palabra, es un largo suspiro.

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