jueves, enero 20, 2022
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Carlos Raúl Hernández

A vuelo de hipopótamo

Varias cosas se desprenden a vuelo de pájaro de los resultados del 21N, que merecerán un estudio detenido cuando terminen de salir los boletines y bajen la adrenalina y el cortisol, particularmente en el nivel de cuerpos colegiados regionales y municipales. La primera de ellas, que el proceso electoral es confiable y todo aquello de las máquinas tramposas, cables submarinos desde Cuba u oficinas del gobierno y hasta enanos escondidos debajo de las urnas, sigue siendo una fábula de mentes alucinadas, digna de Alicia en el país de las maravillas. Más allá de tropiezos e irregularidades que se producen en cualquier elección del mundo, los resultados reflejan fielmente la voluntad de los electores. El CNE merece nuestro reconocimiento por comicios limpios. Con 41% de participación, la votación se distribuye así:  a la fecha, oposición 51.7 % (4.414.874) y el gobierno 46.1% (3.940.335), y otros 2%. Gana la oposición en términos absolutos y relativos, pero obtiene entre 3 y 5 gobernaciones (hay dos en recuento) mientras el PSUV atenaza entre 18 y 20 gobernaciones.

Chile en peligro

Después de 45 baños de crecimiento económico, producción y distribución de la riqueza, y de escalar la condición de primer país desarrollado de Latinoamérica, corre el riesgo de comenzar la reversión de esos logros, el regreso al tercermundismo y el subdesarrollo.
De allí la avalancha de rechazo a la sociedad moderna en los más importantes escritores y artistas del romanticismo y el realismo. Retornan al primitivismo: el culto a la vida pura del campo, de la que escaparon en masa los siervos Thomas Carlyle, Charles Dickens, Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Emilio Zolá, William Morris; Stendhal, Daniel Defoe, Heine. A Proudhon le agobia el gentío de los boulevares construidos por Haussmann. John Ruskin cuando viaja a París se aloja en Trocadero para no ver la “monstruosa” Torre Eiffel (“olvida el resoplido del vapor, el golpe del pistón/ olvida el crecimiento de la odiosa ciudad/ Y sueña en Londres, pequeño, blanco y limpio”)

¿Comienza la era Trump?

Según afirma el reconocido estudioso Robert Kagan en un reciente trabajo para Washington Post, (23/9/21), EE. UU estará sometido al peligro institucional más grave desde la Guerra Civil “con una posibilidad razonable en los próximos tres o cuatro años, de incidentes de violencia masiva, un colapso de la autoridad federal entre rojo…y enclaves azules” En síntesis, un golpe de Estado o una situación de desborde civil. El regreso eventual viene con una “maquinaria de guerra electoral”, una división blindada comunicacional y el discurso vengador del “fraude” en 2020, frente al gobierno de Biden que da tumbos y se deteriora rápidamente.  Ya las instituciones crujieron pese a la aplastante derrota que sufrió por más de 6 millones de votos en su intento de reelección, pero está dispuesto a ganar cueste lo que cueste, con votos o sin ellos.  En política exterior, Trump y Biden, rompen con el esquema geopolítico de Henry Kissinger, que mantuvo la paz en el mundo durante el “equilibrio del terror”.
Versiones recientes de populismo, ahora de derecha, se presentan en Ecuador y El Salvador. En el primero, el presidente trata de huir de los Papeles de Pandora con controles de la economía que no se le ocurrieron a Rafael Correa, ni a Lenin Moreno. Busca simpatía por un tiempito, pero luego vendrá lo que se conoce sobradamente.
Sobre el diálogo de México, podría comenzar por dos afirmaciones: seguirá, pero no habrá productos hasta después del 21 de noviembre, fecha de las macro elecciones. Luego de ese deadline, se conseguirían eventualmente acuerdos importantes, incluso más importantes de lo que se cree. Si regresa el clima de entendimiento que privaba hasta la suspensión, podría haber resultados de calibre. Se trata de una negociación entre los gobiernos de Biden y Maduro, gracias a la persistencia de Noruega, matizada por el llamado G4, decisión de los EE. UU para mantener la beligerancia de Juan Guaidó, aunque con muchos ruidos, porque esos partidos terminaron prácticamente devastados. Voluntad Popular lanzó candidatos, o hicieron mutis a que militantes suyos se lanzaran sin autorización de Leopoldo López ni Guaidó, quien se fotografía con un candidato en Táchira, para hablar a los electores con gráficas.

“La ruta del coraje”

Uno puede martirizarse por sus principios, pero no martirizar a otros. La prueba de incapacidad política es no dar marcha atrás en una idea, pese los estragos que produce.
Cuando un problema local pasa a ser global, cambian asombrosamente sus implicaciones y siempre conviene tener cuidado. Con el desmembramiento soviético a partir de 1989, ante la emergencia de la unipolaridad, todos los asuntos pasaban a ser locales, ocurridos en los confines del nuevo un imperio universal. Fukuyama dijo para entonces que la unipolaridad se basaba en que, luego de la derrota del comunismo, no existía una alternativa frente a la democracia, un modelo de sistema de vida para sustituirlo, sino movimientos religiosos, étnicos o de cualquier tipo, mínimos en el escenario internacional.
Pero al hombre nuevo, la fiera más parecida al hombre, se le ocurre que la solución es la muerte de muchos (“muchos Vietnam”): crear una red internacional de rebeliones “dispuestas a arriesgar todo en una guerra atómica inimaginablemente destructiva”.
Su primera locura fue desatar una cacería masiva de gorriones porque se comían las cosechas. Pero al diezmarlos, proliferaron las plagas de insectos que los pajaritos controlaban, con el colapso de los sembradíos: la primera hambruna revolucionaria. Se ordenó a los cuadros, jefes incuestionables del proceso, dividir el país en comunas y se propuso la nueva genialidad: convertir los famélicos campesinos en productores de acero. En tal demencia se forzaron a producir cien millones de toneladas en tres años.

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