viernes, julio 1, 2022
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Carlos Raúl Hernández

¿Existe el progreso?

El progreso es una categoría de la teoría social forjada durante el Renacimiento, pulida en la Ilustración y hoy en cuestión: consiste en que la “sociedad mundo” mejora automáticamente al paso de la historia, y teoría y acción práctica deben partir de eso. Según el progresismo del siglo XIX, la evolución obedece a “leyes objetivas, inevitables, naturales”, y los hombres son barquitos de papel en el oleaje. “La rueda de la historia” va, según Hegel al triunfo de la razón, para Marx al comunismo, y según Comte a la sociedad positiva, tres futuros bañados por “ríos de leche y miel”. El Manifiesto comunista es un ditirambo al progreso de la “sociedad burguesa” y el capital, en vías al inexorable comunismo. En síntesis, para los diversos deterministas, el progreso es un hecho indiscutible, mientras para posmodernos y reaccionarios teóricos, no existe, es una auto justificación capitalista. Los, los dadaístas, surrealistas, neogóticos, posmodernos, hippies y demás antisistema ultras, rechazan el “consumismo”, la corrupción moderna y abrazan las comunidades tradicionales.
Aunque en derecho internacional solo existen estados sin calificativos, la ciencia política habla de Estado fallido. Dos politólogos norteamericanos, Steven Ratner y Gerald Helman acuñaron el concepto hace casi 30 años. Corresponde a naciones en dramática disolución donde la vida es invivible, incapaces de satisfacer necesidades básicas, prestar servicios de salud, electricidad, agua potable o seguridad ciudadana. Grupos irregulares o delictivos usurpan al gobierno el monopolio institucional de la fuerza.  

Pederastia revolucionaria

Vivimos la “ideología woke”, el despertar de la conciencia contra la “injusticia” de los varones, blancos, occidentales, luego de la “corrección política” de los 90. Nos ofrece la destrucción del patrimonio cultural, entre ellas esculturas de George Washington, Víctor Hugo, Cristóbal Colón, el humano más importante del milenio anterior, creador del nuevo mundo hispánico y mestizo. “Cancelación” de grandes escritores y artistas, J.K Rowling, Woody Allen. Cómo toda barbarie es una aporía, un callejón sin salida (si no vinieran los españoles con Colón, hubieran sido los ingleses o los holandeses). En los 70, luego de la derrota de Allende, de los movimientos armados, y del socialismo militar, aparecen titubeantes atisbos de una izquierda democrática en Latam y en las universidades, y también adefesios de la ultra izquierda filosófica. Las universidades norteamericanas habían acogido profesores del viejo mundo, Marcuse, Adorno, Horkheimer, Fromm, Michel Foucault y muchos otros

Efecto pantano

Todo el que se interese o quiera actuar en la política internacional debe tener claras las dos leyes de hierro que la rigen, inexorables como la gravedad y que nadie, en ninguna circunstancia, debería olvidar. La primera es que las sanciones económicas o embargos fortalecen las autocracias al hacer miserable y débil a la sociedad, postrar la ciudadanía ante la dádiva, como teorizaba con sabiduría el ministro Jorge Giordani. Y la segunda ley, no recuerdo bien cuál es. Se ha dicho incansablemente: durante la segunda mitad del siglo XX hubo más o menos 25 países embargados o sancionados por las potencias y en ninguno de ellos, en ninguno, se logró cambio de régimen. Al contrario, las tiranías se entronizan y la gente muere de hambre y enfermedades curables, principalmente niños y ancianos. Esas medidas se conciben con fines loables, derrocar tiranías que violan los Derechos Humanos, pero producen lo que Maquiavelo llamó efectos perversos.

Uso de razón

Por Carlos Raúl Hernández @CarlosRaulHer “La única manera de ayudar a Ucrania es impulsar la paz inmediata. Las intervenciones son indeseables y trágicas”.  Proverbio chino apócrifo

A vuelo de hipopótamo

Varias cosas se desprenden a vuelo de pájaro de los resultados del 21N, que merecerán un estudio detenido cuando terminen de salir los boletines y bajen la adrenalina y el cortisol, particularmente en el nivel de cuerpos colegiados regionales y municipales. La primera de ellas, que el proceso electoral es confiable y todo aquello de las máquinas tramposas, cables submarinos desde Cuba u oficinas del gobierno y hasta enanos escondidos debajo de las urnas, sigue siendo una fábula de mentes alucinadas, digna de Alicia en el país de las maravillas. Más allá de tropiezos e irregularidades que se producen en cualquier elección del mundo, los resultados reflejan fielmente la voluntad de los electores. El CNE merece nuestro reconocimiento por comicios limpios. Con 41% de participación, la votación se distribuye así:  a la fecha, oposición 51.7 % (4.414.874) y el gobierno 46.1% (3.940.335), y otros 2%. Gana la oposición en términos absolutos y relativos, pero obtiene entre 3 y 5 gobernaciones (hay dos en recuento) mientras el PSUV atenaza entre 18 y 20 gobernaciones.

Chile en peligro

Después de 45 baños de crecimiento económico, producción y distribución de la riqueza, y de escalar la condición de primer país desarrollado de Latinoamérica, corre el riesgo de comenzar la reversión de esos logros, el regreso al tercermundismo y el subdesarrollo.
De allí la avalancha de rechazo a la sociedad moderna en los más importantes escritores y artistas del romanticismo y el realismo. Retornan al primitivismo: el culto a la vida pura del campo, de la que escaparon en masa los siervos Thomas Carlyle, Charles Dickens, Charles Baudelaire, Víctor Hugo, Emilio Zolá, William Morris; Stendhal, Daniel Defoe, Heine. A Proudhon le agobia el gentío de los boulevares construidos por Haussmann. John Ruskin cuando viaja a París se aloja en Trocadero para no ver la “monstruosa” Torre Eiffel (“olvida el resoplido del vapor, el golpe del pistón/ olvida el crecimiento de la odiosa ciudad/ Y sueña en Londres, pequeño, blanco y limpio”)

¿Comienza la era Trump?

Según afirma el reconocido estudioso Robert Kagan en un reciente trabajo para Washington Post, (23/9/21), EE. UU estará sometido al peligro institucional más grave desde la Guerra Civil “con una posibilidad razonable en los próximos tres o cuatro años, de incidentes de violencia masiva, un colapso de la autoridad federal entre rojo…y enclaves azules” En síntesis, un golpe de Estado o una situación de desborde civil. El regreso eventual viene con una “maquinaria de guerra electoral”, una división blindada comunicacional y el discurso vengador del “fraude” en 2020, frente al gobierno de Biden que da tumbos y se deteriora rápidamente.  Ya las instituciones crujieron pese a la aplastante derrota que sufrió por más de 6 millones de votos en su intento de reelección, pero está dispuesto a ganar cueste lo que cueste, con votos o sin ellos.  En política exterior, Trump y Biden, rompen con el esquema geopolítico de Henry Kissinger, que mantuvo la paz en el mundo durante el “equilibrio del terror”.
Versiones recientes de populismo, ahora de derecha, se presentan en Ecuador y El Salvador. En el primero, el presidente trata de huir de los Papeles de Pandora con controles de la economía que no se le ocurrieron a Rafael Correa, ni a Lenin Moreno. Busca simpatía por un tiempito, pero luego vendrá lo que se conoce sobradamente.

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