lunes, octubre 18, 2021
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Gustavo Tovar

Activista de Derechos Humanos, Abogado, Director, Poeta y Educador

Mi recordado José Antonio Delgado, el “indio”, quien es el montañista más importante de la historia de Venezuela, agonizaba en las gélidas cordilleras de la cumbre del Nanga Parbat atrapado por una letal tormenta de nieve, cuando nos informaron que la única remota posibilidad de salvarlo de la muerte exigía la participación del gobierno de Paquistán, y para obtenerla se necesitaba que el gobierno de Venezuela lo solicitase oficialmente.
Gustavo Tovar-Arroyo    @tovarr Jodedores hasta el fin Somos un país emigrado, donde quiera que vayamos hay un venezolano y por supuesto una arepera. No hay ciudad en el planeta tierra...

El futuro es ella

Creo que se llamaba Isabel o quizá Isabella, no lo sé y probablemente a los efectos un nombre no es lo relevante, aunque para mí sí lo sea por razones personalísimas. Sé que es venezolana, que intentó estudiar medicina en la Universidad Central de Venezuela, pero en ese caos que es el país decidió por Boston como destino, allá estudió una de esas carreras de magos o alquimistas que convierten metales en invenciones delirantes.

Los rostros de la derrota

En términos realistas, muy realistas, tenemos que reconocer que no más de 10 mil chavistas obligaron a 6 millones de venezolanos a huir del país. Eso es una derrota moral e histórica, si no somos capaces de una autocrítica que lo confirme no hemos entendido nada. Y no hablo de la hipnotizada oposición que negocia o que va a elecciones sin condiciones, hablo de ti y de mí que hemos bregado y luchado de manera desinteresada por alcanzar la libertad.

El empresario

El estigma que pesa sobre la palabra “empresario” es tan estúpida como injusta. Sin empresarios, la historia de la humanidad no tendría vestido, automóvil, computadora, teléfono, luz, comida, medicina y un largo etcétera de avances civilizadores. Un empresario es, con su imaginación, visión y emprendimiento, una de las figuras primordiales de una sociedad libre. No hay ni habrá avances en ningún país sin el esfuerzo decidido y esmerado de su empresariado.

Complicado…

Escribir por escribir es complicado, igual debe ser leer por leer. Las decepcionantes conductas del liderazgo opositor, la cantidad de justificaciones a sus errores y la claudicación cansan, y mucho. He pensado en escribir sobre otros temas, pero por momentos me parece absurdo. Sin embargo, si el país es absolutamente absurdo por qué no escribir absurdos menos dolorosos y frustrantes.

Afganistán y Venezuela

Pienso que avanzado el siglo XXI, el tema de las nacionalidades tendrá más relación con valores, aspiraciones y visiones que con terruños. Uno será más del lugar donde nuestros valores de libertad y democracia sean comunes a los de la mayoría, donde nuestras aspiraciones de ser, hacer y tener sean permitidas (uno pueda alcanzar sus sueños sujetos al estado de Derecho) y nuestras visiones de prosperidad y bienestar compartidas.

Salvar al chavismo

Imaginemos un mar tumultuoso, azotado por una tormenta feroz, caen rayos y chispan centellas, olas iracundas sacuden una endeble embarcación que es capitaneada por un centenar de criminales piratas, todo es zozobra, especialmente los millones de prisioneros secuestrados por los bandidos que timonean el frágil navío en el caos. El seguro destino es el naufragio, la muerte. Una rebelión ocurre en el navío, millones deciden sublevarse, los piratas están acorralados.

México, el nuevo circo…

Todo lo que haga Jorge Rodríguez, sin excepción, es mal intencionado y perverso. Es un patrón universal, cuando un psiquiatra ha llegado al poder desde finales del siglo XVIII cuando surgió esta práctica muchas veces oscurantista, las naciones y el mundo general se deterioró y enloqueció. Doquiera que un psiquiatra se instaló en una élite de gobierno creó una tiranía.

La ebriedad ineludible

No sé si sea atinado escribir ebrio, pero yo me permito toda licencia: a diferencia de las aspiraciones de otros no soy modelo de mi tiempo, soy –más básico– un hombre de mi tiempo. Es decir, uno de los que ha combatido y padecido una dictadura en toda su ferocidad y despotismo. No le temo entonces a mi destemplanza, no necesito el voto de nadie en unas elecciones fraudulentas, así que escribo como estoy y que quien me lea sepa que soy y sufro a Venezuela tanto como él (o ella).Mis detractores: los alacranes, los bachacos, los oportunistas, los colaboracionistas y los chavistas me acusan de supuesta amargura mientras me río de ellos.Acaso escribir ebrio no sea atinado, pero es excelente idea.

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