viernes, julio 1, 2022
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Gustavo Tovar

Activista de Derechos Humanos, Abogado, Director, Poeta y Educador

La victoria de Petro…

Los venezolanos tendemos a ver la política desde el microscopio de nuestra propia desgracia histórica, no debería de ser así, pero lo es. El chavismo causó tal desgarradura en nuestro espíritu que tendemos a asociar cada evento electoral del mundo con nuestra tragedia, llegando a extremos de precaria racionalidad.

El valor de Cristiano…

Escribo en Obidos, Portugal, pequeña villa de la Edad Media ubicada a poco menos de cien kilómetros al norte de Lisboa. Es una ciudad inexplicable, al modo que también lo son Venecia, Praga, Viena, Guanajuato o París. Está cercada por una muralla de piedra que se erige a los alrededores de un castillo medieval que conserva intacto su esplendor. Sus casitas azuladas, sus calles empedradas, su alma de viejita elegante, no se pueden narrar con palabras porque no hay palabras que describan la experiencia de estar aquí.

La peste en Chacao

Así como la peste chavista ha ido viciando espíritus, algunos extraordinarios como el de Daniel Ceballos al que corrompió hasta la infame traición, también logró corromper al municipio mejor curado contra la tentación despótica del chavismo: Chacao.

Dulce de leche…

Gustavo Tovar-Arroyo   @tovarr “Si así llueve que no escampe” Piropo venezolano La nación del piropo Ser chavista es vergonzoso, ser amiga o amigo...

Pánico…

La masacre cometida por el hispano Salvador Ramos en la escuela primaria de Texas vuelve abrir el debate en los Estados Unidos sobre el acceso a armas de guerra que tiene cualquier ciudadano–por más demente que esté– en aquel excepcional país. Los que adversamos tal posibilidad, es decir, la compra de este tipo de armamento (o de cualquier tipo) tan fácil y poco regulada, no salimos de nuestra indignación y repudio. Hay pánico, los hijos de América peligran.

Imaginar…

Borrachísimo, como el curso de la historia contemporánea de Venezuela –¿quién no lo ha estado?– abordo este texto. No miento, no me interesa mentir, no hace falta. He tomado lo suficiente como para escribir absorto de mí mismo y permitir que por mí hable la imaginación y el arrebato. ¿Me importa lo que digan? Obviamente no, no pueblo el mundo para complacer a desconocidos. Me interesas tú, sí tú, sólo tú, porque entiendes y vives con intensidad desbordada nuestro sueño de libertad. Somos aliados en este instante de la historia de la civilización.

Admirar…

Una nación se edifica sobre lo que admira, no sobre lo critica. Venezuela –los venezolanos– debe enfocar su atención más sobre lo que se admira y ama que sobre lo que merece juicio y crítica. Lo sé, debes estar pensando: “Mira quién lo dice, el más sarcástico y lacerante de los críticos, con qué moral…” No me justifico, sé lo que soy y sé también que la mordacidad crítica en ocasiones es hiriente. En realidad, no le hablo ni escribo a este tiempo. Muestro nuestras heridas y las expongo. Alguien tiene que hacerlo.

Triste realidad…

Es comprensible que la élite venezolana se esté alineando con la dictadura chavista. Sé que me excedo porque en términos estrictos Venezuela no tiene élite, las tuvo en su Independencia con Bolívar, Sucre y Miranda, pero lleva muchos años sin una aristocracia intelectual, cultural o social que represente los valores de la nación y los defienda. Ha habido élite económica, tan advenediza como el tiempo político que le ha tocado vivir, pero no élite moral.

Sanciones for idiots…

Por Gustavo Tovar-Arroyo   @tovarr SOS Necesito que me ayudes, necesito que trasmitas este mensaje a familiares, amigos y allegados. Es importante. Hay una campaña de acomodo, complicidad y desinformación que puede dañar...

¿Trabajar con Maduro?

El problema de Ceballos no es sólo que haya saltado la talanquera política o moral de su generación, el problema es la patética “jalada de bolas” que ofreció al asesino de niños, torturador y déspota del chavismo Nicolás Maduro. Si hubiese sido más inteligente, menos codicioso (por el dinero baila el mono), podría haber argumentado las mismas pendejadas que manifiestan sus colegas alacranes: “hace falta democracia”, “dialoguemos”, etcétera, pero no, Daniel no sólo jaló, se guindó.

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