viernes, julio 1, 2022
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Humberto González

No basta sacar a Maduro

En la falsa oposición venezolana hay quienes conscientemente centran todo su furibundo ataque retórico contra la figura de Nicolás Maduro como la única razón de nuestras desgracias. Así en forma discreta y sibilina se sugiere que el problema es Maduro y quienes le acompañan salvando de su responsabilidad y participación a otros elementos del chavismo a quienes se consideran menos nocivos y, quizás lo más grave, dejando intacto a todo el aparato estatal chavista con el cual, según dicen, se podría gobernar. Este sería uno de los argumentos para ir a unas elecciones totalmente controladas por el Estado chavista con la esperanza de ganarle a Nicolás Maduro y emprender una transición de gobierno que sería la milagrosa solución a esta crisis terminal.
La falsa oposición (franquicias partidistas y parapetos de ONG’s que integran la llamada plataforma unitaria) va embalada hacia un nuevo y rotundo fracaso histórico. Empeñados en venderle al país las bondades de las negociaciones con el chavismo como la segunda independencia los falsos opositores siguen al detalle la encomienda de los chavistas: Legitimar y reforzar el régimen político instaurado en 1999. Ese es el papel que han jugado en los últimos 20 años y el mismo que ejecutarán en los próximos 20 si se les permite. Justificando cada elección y cada negociación como una gesta gloriosa y épica lo que en realidad ha hecho la falsa oposición es usar su auto designación como vocero de los venezolanos para mejorar las condiciones de cohabitación con el régimen pero jamás para sacarlo del poder.
El papel de los Estados Unidos de Norteamérica como potencia hegemónica, luego del derrumbe de la Unión Soviética, está hoy en discusión. A pesar de su enorme influencia financiera y militar los EEUU enfrentan sensibles conflictos tanto internos como externos que debilitan su rol como potencia imperial.  Esto es en buena medida el resultado de la ideología globalista que se ha instalado en las entrañas del Estado norteamericano y que reaccionó violentamente para sabotear las políticas de orientación nacionalista de Donald Trump en una conspiración que llevo a su destitución, vía fraude electoral, y posiblemente a su enjuiciamiento.
            La sorpresiva insurgencia del candidato independiente en las elecciones de Colombia Rodolfo Hernández no solo confirma la decepción de los colombianos frente a una derecha ambigua y cobarde sino que también revela la profunda crisis del modelo de Estado de partidos o de democracia liberal como también se le conoce. Con un discurso declarado en contra de la corrupción y los partidos políticos Hernández es hoy la esperanza de millones de colombianos para enfrentar al izquierdista Gustavo Petro y sus pretensiones de llevar a Colombia por los caminos de Venezuela, Cuba, y Nicaragua.

Colombia vía Venezuela

Para quienes hemos visto el desmantelamiento de Venezuela en manos del chavismo es inevitable preocuparnos al ver paralelismos con el actual proceso político colombiano cuya fase actual podría culminar con la llegada de Gustavo Petro y la izquierda indefinida al poder. Es cierto que Petro no es Chávez pero está siguiendo las mismas tácticas para lograr el control del Estado colombiano y luego intentar su implosión para sustituirlo por una estructura tolerante con ideologías extrañas a los valores históricos de la sociedad colombiana. Al igual que chávez en su momento Gustavo Petro le dice a cada quien lo que quiere escuchar, esto le ha permitido pasar los exámenes de una oligarquía financiera, de  unos monopolios mediáticos, y hasta de una élite militar que lo consideran potable y aceptable como presidente.
El engaño de las negociaciones chavismo-falsa oposición en México es más que evidente. La estafa consiste en intentar hacerle creer a la gente que se está negociando algo, quizás hasta algo muy importante, cuando en realidad todo ya está resuelto, adjudicado, y repartido desde el ángulo del estado chavista y nada queda por negociar.

Nada que negociar

Por: Humberto González Briceño  @humbertotweets La falsa oposición está aferrada al mantra de esta temporada que sugiere negociar con el régimen chavista condiciones electorales mínimas para la estafa electoral del 2024. Con ingenuidad...
Desde el punto de vista teórico político los partidos de la falsa oposición resolvieron que se puede cohabitar con el chavismo dentro del Estado chavista. Por eso todos los esfuerzos van dirigidos a un mero cambio de gobierno por la vía electoral. Esto podría tener algún sentido si efectivamente el chavismo quisiera o, mejor aún, estuviese en la necesidad de esa cohabitación. Pero está demostrado que el chavismo puede gobernar a su antojo prescindiendo de la falsa oposición. Por eso el chavismo nunca aflojará las correas que amarran a sus instituciones tales como el Consejo Nacional Electoral, el Tribunal Supremo de Justicia y las Fuerzas Armadas. En consecuencia, no se puede esperar que el chavismo haga nada para ceder el poder del gobierno ante un ilusorio e hipotético triunfo electoral de la falsa oposición.
Una de las consecuencias de la devastación de la economía venezolana en manos del chavismo ha sido la desaparición de la clase trabajadora como una fuerza orgánica en la sociedad. Pero esto no es un resultado azaroso sino un diseño montado por el chavismo para desarticular y reducir cualquier sector social que pueda representar un peligro para su hegemonía. Igualmente los profesionales universitarios y técnicos por extensión han sido llevados a una situación peor que la proletarización y es a un estado denigrante de mendicidad. Uno y otros, obreros y profesionales, han perdido tales cualidades para ser reducidos prácticamente al papel de esclavos bajo el régimen chavista.
Por: Humberto González Briceño - @humbertotweets Las Fuerzas Armadas son otro de los pilares fundamentales del Estado chavista. El chavismo sigue en el poder por la desnaturalización que sufrió la Fuerza Armada Nacional...

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