lunes, enero 24, 2022
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Humberto González

Los falsos opositores son prisioneros de su incontenible deseo de enriquecerse de la noche a la mañana y de sus propias concepciones metafísicas de la política que los lleva a sustantivar las fantasías y presentarlas como si fuesen la realidad. Estas dos características, tanto la ambición como el autoengaño, han marcado la política errática y equivocada de la falsa oposición por más de dos décadas y a ello se debe atribuir en buena medida su reiterado fracaso en cumplir con la oferta fundamental de sacar al chavismo del poder.
La proclamación del candidato de la falsa oposición como gobernador de Barinas por parte del Consejo Electoral chavista es un hecho que debe ser examinado en la perspectiva de la lucha que se libra en Venezuela para sacar al chavismo del poder. Hace varias semanas, en estas mismas páginas, analizamos la decisión del régimen chavista de repetir las elecciones en el estado Barinas y lo atribuimos a una sofisticada operación política de Nicolás Maduro y Jorge Rodríguez para purgar del régimen a la familia Chávez con su corte de “chavistas originarios’ y al mismo tiempo avanzar en la inevitable liquidación de Diosdado Cabello.
La patética postura de “Como vaya viniendo, vamos viendo” es lo que mejor podría caracterizar la política de bandazos e improvisaciones de la falsa oposición. El balance al mes de enero de 2022 es que la dirección política de la falsa oposición, aun guindada de la Asamblea 2015 y del Interinato, ha fracasado en sacar al chavismo del poder. Lo que es peor, el chavismo, a pesar de agudas contradicciones en el seno de su régimen, se ha hecho más fuerte gracias a una falsa oposición más interesada en entenderse con el régimen que en lograr el cambio político en Venezuela.
En estos días los partidos de la falsa oposición en la Asamblea Nacional 2015, ahora enfrentados por el reparto de la piñata de los activos de Venezuela en el exterior, están tratando de resolver si extienden su vigencia y la del llamado gobierno interino en forma indefinida. Algunos voceros como Julio Borges están abogando por cambiarle el nombre al interinato y según él argumenta “sacar a los partidos del manejo de los activos de Venezuela.” En realidad Borges expresa la inconformidad con la forma como Voluntad Popular ha usado los recursos del Interinato para ponerlos al servicio de sus intereses dejando muy poco para repartir a los otros socios del G4.
Si es cierto, tal como hemos argumentado suficientemente, que el estado chavista dispone de una compleja maquinaria para seguir en el poder mediante el fraude electoral y el fraude político estamos obligados a explicar situaciones como la supuesta elección de la Asamblea Nacional en el 2015 cuando el órgano electoral chavista se la adjudicó en su mayoría a los representantes de la falsa oposición. ¿Cómo explicar esa situación si tomamos por cierto el hecho de que el chavismo dispone de todo el poder para fabricar resultados electorales? Solo basta que la sala de totalización del Consejo Electoral chavista anuncie un resultado para que este ya sea de por sí inauditable e inapelable. Entonces ¿qué pasó en el 2015?
La lucha para sacar al chavismo del poder se libra en varios frentes. Uno de ellos es la confrontación con el régimen chavista por todos los medios posibles para detener su efecto destructivo sobre la nación venezolana. Esto significa exponer con claridad la gravedad de la crisis que podría terminar con el desmembramiento de Venezuela y ganar apoyos en sectores civiles y militares para defender la integridad política y territorial de nuestra nación. Otro frente de lucha, quizás más importante aún, es precisamente la articulación y coordinación de fuerzas en torno a una propuesta eficaz y viable para enfrentar exitosamente al régimen chavista. Sin ideas ni estrategias claras seguiremos dando bandazos en la urgente tarea de sacar al chavismo del poder. Por eso todas las propuestas que se nos presenten como alternativas al chavismo tienen que ser examinadas y criticadas para determinar si nos ayudan o no a lograr el objetivo final.
En los casos de Zulia y Barinas, el régimen chavista disponía de todo el poder para hacer ganador a sus candidatos con cualquier cantidad de votos. ¿Por qué no lo hizo? Porque se trata de episodios en las guerras intestinas que se libran por el control del estado chavista. Lo de Barinas le rinde dividendos al chavismo y la falsa oposición. El régimen se cubre con un manto de credibilidad al reconocer que aun controlando todo el sistema puede perder elecciones y reconocerlo. La falsa oposición por su parte reivindica su prédica que con votos si es posible salir del chavismo.
Siempre hemos argumentado que, como producto de los acuerdos entre el chavismo y la falsa oposición, en Venezuela hay presos políticos, civiles y militares, de primera y de segunda. Están los presos políticos detenidos por tirar piedras al régimen que luego son usados como fichas de negociación entre el chavismo y la falsa oposición. La liberación negociada de estos le rinde dividendos al chavismo que se da una imagen de apertura, a la falsa oposición quien celebra haberle “arrebatado” algo al gobierno y en su conjunto beneficia al estado chavista quien en forma casi automática gana a un evangelizador que sale a predicar sobre las bondades del régimen político. También están los presos políticos VIP con rango de celebridades cuyas milagrosas y espectaculares fugas solo podrían explicarse como el resultado de negociaciones con el régimen.

Venezuela 80/20

Solo incautos y cómplices pueden expresar sorpresa con lo ocurrido el 21 de Noviembre en Venezuela. Tal como estaba previsto el régimen chavista se auto adjudicó casi todas las gobernaciones y alcaldías dejándole algunas a la falsa oposición para cubrir las apariencias democráticas y seguir con la farsa de los acuerdos y negociaciones. La evidencia del fraude electoral del chavismo con la complicidad de la falsa oposición queda clara con las imágenes de centros de votación vacíos, sin colas, contando solo con la presencia de los tarifados de los partidos en contraste con las cifras oficiales del Consejo Electoral Chavista reconociendo una participación del 40% y por consiguiente una abstención del 60%.
Siempre hemos argumentado que las diferencias entre el chavismo y la falsa oposición son de forma. En principio pareciera que son diferentes porque uno pretende disputar el poder al otro pero en esencia ambos buscan sostener al mismo régimen político chavista y su Constitución de 1999. La máxima aspiración política de la falsa oposición, en todas sus versiones, es intentar ser gobierno dentro del estado chavista por la vía electoral y de una supuesta transición negociada. Pero esto no va a ocurrir porque el chavismo desde hace mucho tiempo decidió que jamás entregará el poder en forma pacífica.

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