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Tomás Páez

Dr. Planificación, Sociólogo UCV. Profesor titular coordinador Observatorio de la Diáspora Venezolana. Voz de la diáspora.

En tan solo dos décadas la diáspora ha fraguado “una nueva geografía de Venezuela”, un novedoso espacio humano imposible de ser gestionado con criterios convencionales. Un nuevo contexto de carácter transnacional al que la política, que lidia con realidades, debe hacer frente. La gestión de esta inédita realidad reclama una mirada innovadora. El creciente éxodo y la inmensa diáspora, de cerca de 7 millones de ciudadanos, es algo más que una excusa recurrente para atacar al régimen, causante de la mayor tragedia humanitaria conocida en Latinoamérica.
Las migraciones y las diásporas ocupan un lugar destacado en la agenda política, social, académica y económica global. La perspectiva desde la cual se mira puede derivar en políticas de exclusión o inclusión, confrontación o integración. En varios países los migrantes no son bienvenidos y sus parlamentos recomiendan reubicar a los solicitantes de asilo en terceros países. En otros, por el contrario, se diseñan mecanismos ad hoc para asegurar su integración.
Los migrantes representan el 3.5% de la población global: una de cada 35 personas vive en ciudades y países ajenos al suyo. Ese reducido porcentaje poblacional produce el 10% del PIB global. El dato honra la definición de migrante hecha por Andrew Carnegie, “un río de oro que fluye a nuestro país cada año”.
Un muy nutrido número de gobiernos democráticos, preocupados por la crisis humanitaria creada por el actual régimen, favorecen una salida negociada, democrática y electoral con el propósito de detener y revertir la acelerada destrucción del país. Han presionado con sanciones personales a sus más connotados voceros y han intentado frenar el inmenso saqueo perpetrado a los recursos propiedad de los venezolanos.
Parece necesario y urgente al menos un profundo debate sobre los derechos humanos de la diáspora, en particular el del voto en distintos procesos electorales y el de ser elegido. En algunas ciudades y en muchos países, el número de venezolanos es ampliamente superior al de estados de pequeñas y medianas dimensiones en Venezuela. La omisión de esta realidad desconoce y niega los derechos humanos ya citados. Este hecho es más preocupante en tiempos de globalización e internacionalización en los que resulta importante aprovechar ese inmenso activo y esa “reserva internacional” para la reconstrucción del país.
Tan pronto obtuvieron el triunfo electoral quienes hoy ejercen el poder en Venezuela, comenzó el éxodo, el mayor conocido en Latinoamérica en un lapso tan breve. Anunciar el resultado y decidir emigrar o realizar el viaje de retorno fue una sola y misma cosa. Consideré esa decisión apresurada y prematura, por lo que se despertó en mí un especial interés en conocer los motivos.

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