martes, junio 28, 2022
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Tulio Hernandez

Sociólogo experto en cultura y comunicación, columnista del EL NACIONAL, consultor internacional en políticas culturales y ciudad.

Que, aunque sin poder y sin gobierno, los tenemos en la mira. Que no descansamos. Que sin periodismo libre y sin opinión no hay democracia. Y por eso, desde la resistencia, como los cristianos primitivos, desde las catacumbas digitales, los seguiremos practicando.
Lo que ocurrió en Colombia en la primera vuelta a las presidenciales fue una alerta decisiva. Aproximadamente el 74% de la población votó en contra del candidato Fico Gutiérrez, que representaba, aunque intentara deslindarse, a los partidos, clases y élites que habían gobernado a Colombia hasta el presente, con Uribe como figura emblemática a la que el imaginario popular mayoritario declaraba responsable de todos, o casi todos, los males de la nación.
Por Tulio Hernández Tres hechos recientes. Primero, las posturas extremadamente diversas de los gobiernos latinoamericanos ante la convocatoria de la reciente Cumbre de las Américas 2022. Segundo, la negativa del gobierno de Estados Unidos a invitar a tres...
Se ha vuelto parte del paisaje. A medida que pasan los años, el sufrimiento que los cubanos padecen desde 1959, cuando comenzó el régimen comunista y han visto a millones de sus ciudadanos partir de la isla –unos sobreviviendo, otros muriendo en el mar, pudriéndose en las cárceles o trabajando en misiones internacionales en condiciones de “nueva esclavitud”– se ha invisibilizado. Es rutina noticiosa sin efecto. Telón de fondo.
Lo que se juega en las elecciones presidenciales que se realizan hoy en Colombia no es solamente el destino del vecino país, son también las relaciones con el régimen dictatorial de Maduro, el equilibrio político de la región latinoamericana y las relaciones de los Estados Unidos con América Latina.
La imagen de Sergey Andreev , el embajador ruso en Polonia, con los ojos cerrados como si estuviese llorando y el rostro absolutamente embadurnado de pintura roja, con la que abrió en primera plana, el martes pasado, El Tiempo de Bogotá, y otros diarios del mundo, será recordada, estoy casi seguro, como uno de los símbolos más contundentes del descontento, o la perturbación,  mundial que ha generado la invasión genocida  de Putin y su ejército a la República ucraniana. Algo muy parecido a lo que generó en los años 1960 el movimiento pacifista en contra de la invasión estadounidense a Vietnam.
“Hijo de puta”, “concha de tu madre”, “como todos los venezolanos, no tienes huevos”, “son mariquitas”, “regrésense a su país a comer plátanos en los árboles”, “aquí mandamos los chilenos, no ustedes”. Fueron algunas de las más suaves palabras que el xenófobo chileno pronunció contra nosotros los venezolanos. Obviamente, no había leído la Gramática de Andrés Bello, el venezolano rector fundador de la Universidad de Chile y senador por Santiago entre 1837 y 1864 por tres periodos consecutivos.
Lo que no se ve claramente aún es una reacción orgánica de defensa de la democracia y la economía de mercado. El Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla; la Federación Rusa junto a China, Turquía e Irán; el ELN y las disidencias de las FARC operando libremente desde Venezuela; los carteles de la droga colombianos y mexicanos, junto al Tren de Aragua venezolano; el Socialismo del siglo XXI y el septeto coral de dictadores formado por Nicolás Maduro, Daniel Ortega, Aleksandr Lukashenko, Viktor Orbán, Recep Erdogan, Vladimir Putin y Miguel Díaz-Canel, parecieran estar jugando en equipo sin resistencia estratégica que los enfrente.
Como un velero inmenso detenido en medio de la nada. Quizás en un estuario. Las velas rotas. No hay vientos. El motor descompuesto. Sin plan de navegación. Ni de retorno a puerto. Encallado en la arena. Y además olvidado internacionalmente por las organizaciones de salvamento. Así me imagino en el presente esa embarcación llamada Venezuela.

La barbarie Ortega

Daniel Ortega ha terminado siendo igual, o incluso peor, que “Tachito” Somoza, el dictador al que el Frente Sandinista de Liberación Nacional, el FSLN, se enfrentó y derrocó vía lucha armada en 1979.

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