jueves, enero 20, 2022
Inicio Opinión Tulio Hernandez

Tulio Hernandez

Sociólogo experto en cultura y comunicación, columnista del EL NACIONAL, consultor internacional en políticas culturales y ciudad.

Rubén Santiago se fue el 9 de diciembre muy temprano, como hacía siempre, cuando salía a recorrer el mercado de Punda, a revisar la pesca del día, o solo a conversar con los pescadores y los vendedores que le guardaban atentos lo que necesitaba para asombrar a sus comensales en ese recodo bien guardado a media cuadra del hotel Bella Vista y en todos los lugares de la isla en dónde encendió el fuego sagrado.

El indigente ilustrado

La imagen tiene un componente lastimoso. Otro de dulce generosidad. También es un Yo acuso. Todos los días, en el Instituto de Protección del Profesorado de la Universidad Central de Venezuela, la UCV, se preparan cien almuerzos para que los consuman gratuitamente profesores jubilados que no tienen ingresos suficientes como para costeárselos ellos mismos.
La historia de Alí Babá, sobre la que todavía se debate si formaba o no parte original de ese prodigio titulado Las mil y una noches, es una atractiva reflexión sobre la fragilidad ética del ser humano.
La muerte del general Raúl Isaías Baduel pudo haber ocurrido por un infarto. Como se muere cualquiera una noche durmiendo en su cama. Por Covid-19, como escribió en su cuenta de Twitter esa mentira ambulante llamada Tarek William Saab, el fiscal general de Venezuela. A causa de las torturas que sus familiares y abogados denunciaron. O incluso de tristeza, después de tantos años en prisión. Pero en realidad la causa final ya no importa.
Si todo sigue como el Tribunal Supremo de Cabo Verde lo anuncia, dentro de pocas semanas veremos una foto de Alex Saab, el amigo personal de la diputada Piedad Córdoba, vestido con el uniforme naranja que se le entrega a los presos en los Estados Unidos para que lo vistan en su nueva residencia.
I. El chavismo lo tenía claro desde el comienzo. La decisión era destruir rápido –en el menor tiempo posible– la sólida obra cultural que en la era democrática se había edificado. Hacerla escombros rápidamente era la consigna.
Intentar responder a la pregunta “¿Qué va a salir como resultado de este nuevo intento de diálogo?” sería un acto irresponsable. A menos que se hayan cocinado unos acuerdos en blindado secreto, nadie puede decir a priori que todo está perdido para la resistencia democrática o que el diálogo va a traer de manera inexorable elecciones libres para que sean los ciudadanos quienes decidan el futuro de la nación.
Entre más tiempo pasa, y menos posibilidades de mejoría tiene, más notoria se hace la gran farsa sobre la que se edificó la revolución cubana. A estas ruinas precoces les ocurre lo que a los mitómanos, los mentirosos empedernidos y los magos en decadencia: con el paso de los años todas sus audiencias van descubriendo sus engaños, o sus trucos, y en vez de admiración, comienzan a suscitar lástima. O desprecio.
He parafraseado el título de un libro de pronta aparición de la escritora tachirense Leonor Peña –La muerte es una maestra que vino de La Habana, se titula – para darle nombre a este artículo en el que trataré de expresar los sentimientos encontrados que suscitan en mis los recientes acontecimientos de protesta callejera que, por primera vez desde que se instaló el estatismo comunista en el año 1959 en Cuba, han ocurrido a escala nacional.
Los millones de venezolanos que han abandonado su país buscando una segunda oportunidad en otros son uno de los testimonios mas contundentes del fracaso estrepitoso y crueldad sin límites del modelo político conocido como “Socialismo del siglo XXI”. Todos los organismos internacionales que se ocupan del tema lo ratifican. Para el 5 de junio de 2021, la Plataforma de Coordinación de la Repuesta para Migrantes y Refugiados de Venezuela concluye que mas de 5,7 millones de personas han salido del país y de ese total cerca del 31%, un millón setecientos cuarenta y dos mil, se encuentran en Colombia.

Más vistos

Destacados del día