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Para el historiador y docente judío-venezolano, Bernardo Zinguer, lo que se está viviendo es un conflicto de civilizaciones, de la civilización contra una barbarie

Rosalinda Hernández

El Estado de Israel tiene una superficie de 22.145 km2, de los cuales 21.671 km2 es terrestre, allí vive un número no preciso de venezolanos que han decidido comenzar una nueva vida, gracias al derecho a hacer Aliá establecido por la Ley del Retorno israelí, que instaura los requisitos que deben cumplir los judíos y sus familias para inmigrar a Israel.

Quien cumpla con dichos requisitos, podrá ser elegible para la Aliá. Afianzado en esta ley fue que Bernardo Zinguer, un judío venezolano, pedagogo social y abogado, decidió salir del país en el año 2021; acompañado por su familia y su mascota; viajaron con rumbo a la ciudad de Beerseba, ubicada a 108 kilómetros al sur de Tel Aviv y a 50 kilómetros de la Franja de Gaza. Es una de las poblaciones más antiguas de la región.

“Me costó mucho tomar la decisión, soy una persona que junto a todos en la comunidad judía, nos sentimos orgullosos de nuestra tachiraneidad, de ser gochos. Yo no he escuchado a uno que denigre de su condición, todos estamos muy orgullosos de haber nacido en el estado Táchira”, comentó Bernardo durante la entrevista ofrecida a Frontera Viva.

Salir de Venezuela fue bastante traumático para Bernardo y la familia, transitó pasos ilegales para llegar hasta Colombia, lo recuerda: “nosotros tuvimos que salir por los caminos verdes, (trochas) por Guarumito, en la zona norte del Táchira. Contratamos una camioneta para cruzar la frontera y recuerdo que tuvimos que pagarle no solamente a la Guardia Nacional para pasar, sino también a la policía colombiana, a los paramilitares y a la guerrilla. Nos llevamos una Golden Retriever de 40 kilos, eso también fue complicado”.

Bernardo Zinguer y su familia, han sido uno de los últimos judíos tachirenses que migraron a Israel, aún quedan algunas familias en esa zona de Venezuela, frontera con Colombia.

La salud aceleró la salida

Desde joven, se interesó por rescatar la historia y las tradiciones de la comunidad judía local, que era muy pequeña y estaba en riesgo de desaparecer. Bernardo, junto con otros miembros de la comunidad, localizaron un sitio de reuniones en donde se dedicaron con regularidad a organizar rezos, estudiar la Torá y acoger a personas que querían convertirse al judaísmo. Durante dos años, lograron fortalecer su identidad y su fe, sin pensar que estaban siendo vigilados por el Sebin, el servicio de inteligencia del gobierno venezolano.

En el año 2014, la situación se empezó a complicar cuando dos funcionarios del Sebin llegaron a la casa de Bernardo, él estaba de vacaciones, pero abordaron a su madre y le preguntaron sobre la comunidad, el lugar donde se reunían y qué tipo de actividades realizaban durante cada encuentro. Esto causó un gran temor en Bernardo y en los demás judíos, que recordaron de inmediato los ataques y destrozos que habían sufrido las sinagogas en Caracas, días antes. Según el Sebin la investigación que hacían solo buscaba protegerlos, pero en realidad el objetivo era intimidarlos y controlarlos. Fue en ese momento que Bernardo se dio cuenta de que su vida y su libertad estaban en peligro, y que no podía seguir practicando su religión con tranquilidad en su país.

El docente e historiador comentó que siempre había soñado con ir a Israel, la tierra de sus ancestros, pero pensaba hacerlo cuando se jubilara. Sin embargo, en el año 2019, es diagnosticado con un tumor en las glándulas tiroides que requirió una intervención quirúrgica de emergencia a un costo muy elevado, superó los tres mil dólares. A partir de allí debió someterse a un riguroso tratamiento que no solo era difícil encontrar en Venezuela, también costoso, situación que lo obligó a adelantar sus planes y a dejar atrás todo lo que había construido en el país: su carrera, su casa, su carro y sus amigos.

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Así, Bernardo se convirtió en uno de los muchos judíos venezolanos que tuvieron que emigrar para escapar de la represión y la violencia del régimen. En Israel, encontró un nuevo hogar, pero también una nueva lucha: la de mantener viva la memoria de su comunidad y de su país.

En medio de la guerra

Cuando Frontera Viva, conversó con Bernardo para coordinar la entrevista, habían pasado apenas unas horas de un nuevo ataque perpetrado por los islamistas en el centro de Israel. El docente explicó que al ser Israel un país tan pequeño se ve afectado por el conflicto bélico en su mayoría.

“No estamos afectados como la ciudad más cercana a la Franja de Gaza, hasta aquí no llegaron los terroristas afortunadamente. Sí han caído misiles, los que lanzan los islamistas, pero realmente la gran mayoría son destruidos por la cúpula de hierro, que es un sistema, tierra-aire de destrucción de los cohetes que ellos lanzan”.

Los días para Bernardo se han visto alterados desde el pasado 7 de octubre, fecha del primer ataque hacía Israel, desde entonces dice que se siente más identificado con el pueblo judío y su sufrimiento al ver las atrocidades que cometieron los invasores contra los civiles, especialmente contra los niños y las mujeres. Esto le afectó emocionalmente y le hizo valorar más su herencia y su fe, lo reconoce.

Ha tenido que batallar con la inseguridad y la vulnerabilidad que le generó el fallo de las defensas israelíes en la frontera, lo que permitió el ingreso de los enemigos y la masacre de muchos inocentes. Esta situación de algún modo le hizo cuestionar la capacidad de protección del Estado de Israel y su propia seguridad personal y familiar.

Bernardo dijo haber recordado por estos días, lo afectado que se había visto anteriormente por el antisemitismo y la hostilidad del gobierno venezolano, que apoyaba a los palestinos y a sus aliados, y que importaba el conflicto de Medio Oriente a Venezuela. Esto le hizo sentirse discriminado y extranjero en su propio país, ante la dificulta de diálogo y la convivencia entre las autoridades y la sociedad venezolana.

No hay retorno

Cuando se le pregunta al judío venezolano sobre un posible retorno a Venezuela, en medio de la guerra, responde que no planea regresar: “A pesar de mi amor por Venezuela y a mi estado natal, Táchira, no he considerado la posibilidad de regresar a vivir allí”.

A pesar de la incertidumbre inicial durante la guerra, actualmente, siente que el estado de Israel le brinda protección y apoyo. Destaca la ausencia de robos y delitos violentos en ese país. Aunque menciona a los fanáticos islamistas como una preocupación, cree que estadísticamente, Israel es más seguro.

Rechazó la idea de mudarse a España durante la guerra, una propuesta sugerida por familiares que viven allí, ante la preocupación por el conflicto. Le ofrecieron refugio, pero decidió quedarse en Israel.

Considera que tiene una buena calidad de vida en Israel: trabajo, cartera crediticia y comodidades que le dan seguridad allí. Asegura sentir un profundo amor por Venezuela y especialmente por el Táchira, pero no hay retorno.

Bernardo Zinguer vive actualmente en la ciudad de Beerseba junto a su familia. Aunque ama a Venezuela, aseguró que no piensa en retornar al país. (Foto: Facebook)

La vida en Israel está volviendo a la normalidad después de la guerra, con la mayoría de las personas volviendo a sus trabajos y la reanudación de las clases, excepto en las zonas cercanas al norte con Líbano y al sur con Gaza, donde todavía hay presencia de guerrilleros islamistas.

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Sin final feliz

En relación al conflicto palestino-israelí, Bernardo no es optimista: “no espero un final feliz, no habrá un final feliz”. Lo afirma de manera categórica al suponer la tragedia y el sufrimiento de miles de inocentes de ambos lados del conflicto.

“La sociedad en la Franja de Gaza es muy fanática y llena de odio en general. Fue esa misma sociedad la que eligió a Hamas los gobernara. Fue esa misma sociedad la que el 11 de septiembre de 2001 cuando se derribaron las Torres Gemelas salieron a celebrar. Es la misma sociedad que cuando vieron el cuerpo de una muchacha violada y mutilada, la golpearon y escupían. Entonces es la misma sociedad que en los preescolares, en los actos de fin de año, les enseñan a los niños la manera correcta de asesinar judíos. Y es la misma en la que a toda persona que mata a un judío -depende de la cantidad de judíos que mate-, de por vida, si son mártires, si mueren le queda un sueldo a su familia. Entonces es difícil tener, digamos, un interlocutor con este baremo moral”, explicó el docente e historiador judío-venezolano.

Sentencia que lo esperado por la mayoría es que se elimine a los islamistas, su capacidad militar, primero Hamás, después a Hezbolá en el norte, que es otra guerrilla, no parte del gobierno del Líbano, pero tienen capacidad militar incluso más que Hamás. Y finalmente, a Irán, que a su juicio es la cabeza de la serpiente.

“Lo que generalmente esperamos todos los israelíes es que se elimine la capacidad de los grupos islamistas de causar daño a Israel y que, por fin del lado palestino, los laicos, las personas moderadas, tomen el poder y puedan fundar su Estado para que convivan en seguridad al lado de Israel, algo que nunca han querido”.

Democracia vs. extremismo

Para Bernardo lo que se está viviendo es un conflicto de civilizaciones, de civilización contra la barbarie. “Israel es un país democrático, pluralista, se respeta a todo tipo de personas, tenemos un 20% de población árabe que están insertos en todos los estamentos de la sociedad, hay jueces árabes, tienen partidos políticos, se respeta totalmente el derecho a la mujer, tú vas a la playa y la mujer que quiere hacer topless, hace topless, y la que quiere ir con un ropaje de pie a cabeza lo hace. Es decir, hay democracia, cada quien sin violentar los derechos de los demás, tiene el dominio de su persona”.

Las personas de las comunidades LGTBIQ+ también son respetadas, es un país democrático, al estilo europeo, occidental. Y esta otra gente, los islamistas, son radicales, no es que quieran fundar un Estado palestino, ellos lo que quieren es destruir el Estado judío. Son fanáticos religiosos e Israel de alguna manera es la primera piedra de tranca, el primer obstáculo que los fanáticos islamistas tienen contra Occidente, agregó.

Tres días antes de la publicación de esta entrevista, Bernardo Zinguer fue intervenido por segunda vez de las tiroides en Israel, comentó que a través de su seguro social se le realizaron sin pagar nada. El descuento mensual que hace el seguro social le dio la cobertura de salud; como hace unos 20 años atrás ocurría en Venezuela.

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