Por Carlos Raúl Hernández

Cuando un problema local pasa a ser global, cambian asombrosamente sus implicaciones y siempre conviene tener cuidado. Con el desmembramiento soviético a partir de 1989, ante la emergencia de la unipolaridad, todos los asuntos pasaban a ser locales, ocurridos en los confines del nuevo un imperio universal. Fukuyama dijo para entonces que la unipolaridad se basaba en que, luego de la derrota del comunismo, no existía una alternativa frente a la democracia, un modelo de sistema de vida para sustituirlo, sino movimientos religiosos, étnicos o de cualquier tipo, mínimos en el escenario internacional.

El mundo seguiría lleno de conflictos, pero ahora sin incidencia más allá de los espacios donde ocurrían. Eso cambio sustancialmente en estos años. Producto de las políticas de Trump emerge China como adversario de occidente en la segunda década de este siglo, con su respectivo bloque, Rusia, Turquía, Irán. Pero hasta ahora la burocracia que dirige la política internacional de EE.UU parece no captar que mientras más hostilice al gobierno venezolano y más abandone sus espacios económicos y comerciales, más lo afianza y  lo acerca  a la nueva alianza. Por eso inscribir la extradición de Saab desde Cabo Verde como un problema geopolítico global, con la intervención de Rusia, hizo que EE. UU decidiera emplearse a fondo para culminar el asunto.

Era una fácil victoria para quienes vienen de varias derrotas frente a China-Rusia, de las últimas, el caótico retiro de Afganistán y el regreso de los Talibanes. Este éxito fácil, aunque debe haber costado una fortuna en dólares, no se lo perderían por nada del mundo. Es posible que a Saab lo hubieran podido mantener un tiempo indeterminado bajo custodia en Cabo Verde como un recurso adicional para presionar y amargarle la vida al gobierno venezolano, pero la intervención rusa podría haber abortado ese plan. Muy curioso que la opinión pública, por lo menos en Venezuela ha reaccionado como si el preso fuera Rudolf Hess, Mengele o Eichmannn, -este último sobre el que Arendt elaboró su “banalidad del mal”, hoy banalizada- un criminal terrible, un azote de la humanidad, un asesino que merecería los peores castigos.

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Aparte del financiamiento a redes de medios marcarlo, en su ingenuidad, creen que entre el “Pollo Carvajal” y Saab tienen la caja de Pandora cuyo contenido acabará con Maduro, permitirá conocer las verdades últimas que disolverán como cera los sustentos de poder de “el régimen”. Para frustración de quienes esperábamos revelaciones espectaculares, como él había anunciado, que afectarían en primer lugar al gobierno de Sánchez, el “Pollo” Carvajal no hizo más que servir fiambres y uno que otro disparate, que más bien hacen reír.  Que Monedero vino a llenar su apellido de dólares y que Pablo Iglesias cosecho millones venezolanos para llevar el socialismo del siglo XXI a España, cosa que parece distante. ¿Caerá “el régimen” venezolano porque “El Pollo” nos ilustra sobre que Capriles les ganó a Chávez y a Maduro?

Hasta ahora lo único que suena, entre cosas tan llamativas pero gaseosas como acusaciones de narcotráfico, es “lavado de dinero”. También se habla de un posible comercio de armas con Irán, pero tal cosa no es un delito, como bien lo saben todos los países del mundo, los que producen y venden y los que compran aviones, cohetes, destructores, fragatas, fusiles. Sabemos es que el personaje hizo manipulaciones de complicadísima ingeniería financiera para eludir las “sanciones” norteamericanas a Venezuela y permitir la importación de todo tipo de productos de consumo común. En el juicio de EE.UU deberá quedar claro en qué medida sortear las “sanciones” de EE.UU es violar el Derecho Internacional, cosa que tiene y tendrá en el futuro serias consecuencias para el intercambio de mercancías, en la medida en que tales “sanciones” se han convertir en la piedra miliar de la política exterior norteamericana.

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Algo que preocupa y debe preocupar a brokers, y a la gente normal es esta transustanciación de las “sanciones” en ley internacional. Una “princesa” china, la vicepresidenta de Huawei, estuvo sometida a proceso judicial durante los últimos dos años en Canadá porque su empresa desconoció “sanciones” que, por cierto, no contribuyen en nada sino lo contrario a superar regímenes autoritarios, desde Cuba hasta Irán y Rusia. El gobierno venezolano actúa emocionalmente y detiene ejecutivos de Citgo con nacionalidad norteamericana en un ruleteo que se burla del Estado de Derecho, lo que lleva agua al molino del deseo de boicotear las elecciones para gobernadores y alcaldes el 21 de noviembre (acaba de aparecer en ABC de España un misterioso reportaje de fuente anónima que arroja dudas y vaticina fraude en ellas, preocupación del llamado Pequeño Grupo de Canadá, del que formarían parte Canadá, EE.UU, Holanda, Brasil y otros.

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