Una gran coyuntura se vive en la zona fronteriza de Colombia, especialmente en la ciudad de Pamplona que se ha convertido en el epicentro de recepción de migrantes venezolanos que, a pesar de las restricciones por la pandemia, han decidido sortear las vicisitudes del largo recorrido que emprenden a pie desde sus ciudades de origen hasta el interior de Colombia.

Ante este panorama, la Red Humanitaria en Colombia hizo un grito de auxilio a los organismos de cooperación internacional en Pamplona, ciudad abarrotada de niños y adultos que arribaron a territorio colombiano en extremas condiciones de vulnerabilidad, muchos descalzos, sin abrigos y con hambre.

Anoche, más de 500 venezolanos estaban en las calles de Pamplona, 260 mujeres con niños durmieron a la intemperie. Muchos pequeños no superaban los 6 años de edad, a todos no les quedó más opción que pasar la noche en los andenes sobre cartones, así lo relató Vanesa Peláez, voluntaria de la red.

Por su parte, Juana Rico, una de las voceras de esta organización, se pregunta con impotencia: “¿Dónde están los millones de dólares donados a la cooperación internacional para atender emergencias humanitarias?, porque los únicos que estamos en la ruta de los caminantes y dando comida somos los puntos de la red, sentenció.

Vía de caminantes sin albergues

Antes de la pandemia en el recorrido había 19 puntos de apoyo activos de la red, integrada por organizaciones de la sociedad civil que ofrecían albergue, alimentos, hidratación, información y orientación. Sin embargo, hoy, de los 13 albergues ninguno funciona, “todos cerraron por decreto por aglomeraciones, pero igualmente los caminantes andan juntos, comen juntos y no hay indolencia con los niños”, enfatizó José Luis Muñoz, vocero de la organización.

Asimismo, Muñoz detalla que no hay ayuda oficial y la respuesta humanitaria llega apenas al 10%, mientras que los grupos se están reorganizando para ayudar. 

Debido a los peligros inminentes que esperan a los migrantes en el recorrido, especialmente en el tramo del páramo de Berlín, voluntarios y voceros de organizaciones humanitarias consideran urgente reabrir la ruta de atención.  

Alarma por los niños venezolanos

Respecto al ingreso de caminantes venezolanos -estimado en 500 a 600 diarios- Muñoz explicó que el 20% son menores de edad.

Ante la preocupación por la cantidad de niños venezolanos que transitan por las vías del vecino país, diversos activistas venezolanos realizan esfuerzos para poder prestar ayuda a sus connacionales. Tal es el caso de Kenny Rojas, voluntario venezolano de la organización On The Ground International que atiende en pleno páramo de Berlín a los caminantes.

Rojas también considera necesaria la reapertura de los servicios a lo largo de la ruta, porque antes se les daba alojamiento, se les preparaba comida durante el día, y había organizaciones que ayudaban con útiles de aseo”, pero ahora “aquí solo podemos darle diariamente sándwich y huevos”.

Respuestas oficiales

El secretario de Fronteras de Norte de Santander, Víctor Bautista, dijo que la necesidad de reactivar la ruta de los caminantes no es competencia del gobierno regional; sin embargo, consideró que “lo primero que se requiere es un modelo que permita identificar y controlar a las personas que ingresan al territorio nacional, para luego sí activar una ruta humanitaria”.  

Asimismo, se impulsará en este municipio el Comité de Trata de Personas, debido a que el personero Jhonny David Bernal hizo graves señalamientos de trata de personas con migrantes venezolanos. 

Aseguran que atenderá el tema de seguridad y vigilancia en el municipio de Pamplona, apoyado con programas de la Secretaría de Gobierno de Norte de Santander.  Mientras, cientos de migrantes se movilizan a diario por la ruta del páramo, agotados, hambrientos y con menos ayuda para llegar a sus destinos. 

Prensa Frontera Viva

Con información de Proyecto Migración Venezuela y La Opinión

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