Los “facilitadores” cobran entre 30.000 a 50.000 pesos a la persona que desee pasar a la taquilla de Migración, sin hacer cola

La plaza Los Próceres en San Antonio del Táchira es destino obligado para el venezolano que desee sellar su pasaporte. Es en este punto adonde acuden diariamente decenas de ciudadanos con intenciones migratorias. Sus maletas son el símbolo de un éxodo que no para, y que de acuerdo con cifras de la Organización de Estados Americanos (OEA), se sitúa en 4.600.000 migrantes.

En esta zona, ubicada a escasos metros del puente internacional Simón Bolívar, y que conecta con las taquillas de Migración, empiezan a converger desde las 6:00 a.m., hora en la que se abre el paso binacional, personas que se van enfilando para ir accediendo al llamado del funcionario de Migración, a partir de las 8:00 a.m. y hasta las 5:00 / 6:00 p.m.

Las colas, conforme pasan los minutos, se van haciendo más extensas. A esto se suma un sistema que registra a cada momento ralentizaciones. Nadie explica los motivos, solo lo delata el estancamiento de una fila cuyos integrantes parecieran reunir pocas fuerzas por las horas de viaje que ya muchos han enfrentado.

“Pase en cinco minutos, sin hacer la cola”, se le escucha gritar, de forma reiterada, a grupos de “facilitadores”, civiles que merodean el lugar para atrapar clientes.  Algunos atienden al llamado y lanzan la pregunta de mayor peso: ¿Cuánto cobran?  “Entre 30.000 a 50.000 pesos”, responde, sin titubear, uno de los ofertantes. “Me pagas al final del proceso”, lanza como forma de enganche.

Los vendedores informales aprovechan las colas que se forman en la plaza
Los vendedores informales aprovechan las colas que se forman en la plaza

Nadie puede evadir el paso por la referida plaza. Sus frondosos árboles le brindan una tranquilidad, desde afuera, que se va disipando a medida que el interesado se adentra a su corazón, y constata un movimiento signado por una muchedumbre que termina por espantarla.  “No lo piensen, pasen rápido y seguro”, vocifera otro joven con un acento que devela que es del centro del país.

“Irá a pagar otro.  Yo de esta cola no me muevo, así tenga que quedarme durmiendo en el suelo”, indica el último en la fila.  “Esa estrategia uno la conoce. Ponen el sistema lento a propósito para que nos veamos en la necesidad de pagarle a los facilitadores”,  dijo.

Otros informales también se benefician

En la plaza Los Próceres también convergen los vendedores de agua, café, pasteles y quienes hacen las conexiones con las diversas agencias que ofrecen pasajes tanto a departamentos de Colombia como a otras regiones de Latinoamérica. “Medellín, Bogotá, Perú y Chile”, se escucha cerca de la cola para sellar y en los alrededores del sitio.

Incluso, quienes no posean pasaporte, cuentan con la alternativa de ser guiados por los caminos irregulares, las trochas. Una de ellas, colinda con la plaza. De allí, entran y salen ciudadanos, sin que exista algún control por parte de los uniformados de la GNB. “¡Qué esperan!, le cobramos barato, pasen directo”, grita otro “facilitador”,  mientras un atinado viajero se pregunta: ¿Y si los próceres hablaran?

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