La pandemia arruinó la productividad de muchas empresas, pero en Perú hizo florecer los negocios ligados a la producción de ataúdes y servicios funerarios o crematorios, en donde los migrantes venezolanos cada día “tientan la muerte” con la manipulación de cadáveres víctimas de covid-19.

Perú, que tiene 33 millones de habitantes, es el segundo país latinoamericano, después de Brasil, con más afectados por covid-19: más de 178.000 casos confirmados y más de 4.800 muertos. En decesos, se ubica tercero, detrás de Brasil y México.

La necesidad supera el temor

“Nos llaman ‘caza covid’, ‘el grupo de la muerte’, ‘soldados covid’”, indica Faneite, de 35 años, uno de los 21 venezolanos que labora recogiendo cadáveres desde casas y hospitales para llevarlos al crematorio Piedrangel, en el sur de Lima, donde son incinerados.

El venezolano, quien vive con su esposa y tres hijos en el populoso distrito limeño del Agustino desde marzo del 2018, expresó que “al comienzo teníamos miedo, pero ahora me enfoco en el trabajo, pongo mi mente en blanco para no tener ese tipo de sentimientos”.

Con trajes negros y mascarillas, estos migrantes que huyeron de la crisis en su país acuden diariamente a hospitales o a modestas casas de los cerros de distritos marginales de Lima a retirar los cuerpos. Los colocan en féretros y los llevan al crematorio.

Los venezolanos son los más “avezados”

El crematorio Piedrangel contrató a venezolanos porque los trabajadores peruanos no quieren cumplir esta labor por temor a contagiarse.

“Todo lo que es el recojo de cadáveres para cremaciones, el 90% los realizan los venezolanos. Nuestros trabajadores peruanos no querían trabajar cargando cuerpos por temor”, dice a la AFP Roberto González, el propietario del crematorio privado.

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Además de los 21 que retiran los cuerpos desde las casas, otros migrantes venezolanos laboran en los hornos del crematorio.

“Los más avezados son los venezolanos, no se han corrido”, indica González, cuyo crematorio incinera un centenar de cuerpos a la semana, de lunes a domingo.

Con información de AFP

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