Donald Trump afirmó que ganó las elecciones presidenciales mientras el recuento de los votos continúa en varios estados clave, en una batalla electoral muy reñida con su rival demócrata, Joe Biden.

En unos comicios marcados por la polarización, la pandemia y una histórica crisis económica, el mandatario republicano se proclamó ganador y denunció un fraude sin presentar pruebas.

Estas acusaciones son fundadas dependiendo de la estratagema política y de los argumentos legales. Trump querría desde luego que fuera la Corte Suprema la que decidiera, pero semejante aproximación legal judicializaría la política sobre un aspecto que legalmente es muy discutible, porque aquí no hay jurisprudencia sobre la ilegalidad o el fraude vinculado al voto por correo. Y, precisamente, esa es la pieza angular del argumento de Trump contra el recuento de los votos pendientes de ser contabilizados.

Por lo tanto, es necesario saber si Trump esgrimirá algún argumento legal adicional. La preocupación de los demócratas aquí es que el alto tribunal tiene desde la semana pasada una super mayoría conservadora tras la toma de posesión exprés de la ultraconservadora Amy Coney Barrett, sustituto del ícono progresista Ruth Bader Ginsburg, que murió semanas atrás. La mayoría conservadora se amplió así a 6-3.

Sin embargo, procede recordar que, en el último mes, la Corte Suprema se ha pronunciado a favor del reconocimiento al sufragio en todas sus formas. Sería fascinante desentrañar y ver qué argumento legal esgrimiría el Supremo para justificar una hipotética cancelación de los votos por correo que, como estamos explicando, son absolutamente claves para resolver quién ha ganado.

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Teniendo en cuenta de que todo depende del voto por correo, nos adentramos en un escenario que es una pesadilla logística que se alargará lo que queda de la semana seguramente. Es un sistema bizantino. En Wisconsin, para dar una idea, una máquina se ha quedado sin tinta durante la madrugada, y eso ha retrasado el recuento.

De todos modos, la percepción de los analistas es que el voto por correo es mayoritariamente demócrata en los estados del Medio-oeste que definirán la elección, lo que me lleva a decir que estamos en un escenario de déjà-vu de 2016, pero invertido y a cámara lenta: Joe Biden es el favorito, pero por poquísimo. Que Donald Trump acepte este posible resultado ya es harina de otro costal.

Xavier Vilà

Información de rfi

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