Ph.D. Tomás Páez

@tomaspaez   @lavozdeladiasporaven

Aplaudimos la iniciativa de personalidades y representantes de asociaciones de la diáspora venezolana, en particular a Dalita Navarro, Gabriela Febres y Tulio Hernández, por la organización de un merecido reconocimiento a la sociedad colombiana y a su Presidente Iván Duque, por la estrategia de acogida y regularización de los migrantes venezolanos. En ella está implícita la defensa de la democracia, las libertades y la pluralidad.

Ha sido ésta una política de Estado. En 2017, el PEP (Permiso Especial de Permanencia) y en 2021, el Estatuto de Permanencia, se han convertido en referencia mundial de política migratoria, razón más que suficiente para sentirnos profundamente honrados por la invitación a expresar la gratitud de la diáspora a la sociedad y al gobierno colombiano.

En el año 2018, el Observatorio de Venezuela de la Universidad del Rosario y la Fundación Konrad Adenauer promovieron un encuentro en el cual se presentó el documento: “Retos y Oportunidades de la movilidad humana venezolana en la construcción de una política migratoria colombiana”. En esa oportunidad intervinieron el Canciller, Holmes Trujillo, quien falleció a causa del COVID en enero de 2021, los embajadores de Ecuador, Perú y Estados Unidos y los representantes de las instituciones responsables de la diáspora: Migración Colombia y la Dirección de Fronteras. Allí expusimos los criterios y principios que animan el proyecto global de la diáspora, los resultados del estudio y los datos del Observatorio de la diáspora venezolana.

El citado informe y las intervenciones de los representantes del gobierno colombiano, establecen claramente los principios de la estrategia: regularización, integración, defensa de la democracia y las libertades. La “visibilización”, término utilizado por el Presidente Duque en la reciente Cumbre de las Américas, es un eje medular de dicha estrategia a fin de que el migrante pueda integrarse con facilidad, trabajar y emprender, abrir cuentas bancarias y acceder a los servicios públicos. La regularización es un freno a las “industrias diaspóricas: tráfico de niños, jóvenes, mujeres y drogas.”

En sus palabras de agradecimiento a los organizadores y a la sociedad venezolana por este reconocimiento, el Presidente Iván Duque manifestó su compromiso con la integración, las libertades y la democracia. Reiteró el uso del término diáspora, por considerarlo el más adecuado para definir el éxodo venezolano. Se distanciaba de las caracterizaciones estrechas, miopes y simplificadoras incapaces de dar cuenta de un fenómeno tan complejo y plural. Asumió y reconoció la contribución de toda diáspora al desarrollo y el mejoramiento de la productividad.

La estrategia de regularización destroza los prejuicios y falacias de quienes construyen muros, vallas, zanjas físicas o burocráticas y también de aquellos que “lanzan juicios sumarísimos sobre realidades complejas que apenas entienden” (Klaus Mann). En dicha estrategia adquieren vida las ideas de Von Mises, quien sostiene la necesidad de establecer la libertad de la migración para hacer la paz más duradera. Los responsables del diseño de la política reconocen que, en su momento, cuando el sistema democrático y de libertades colombiano era asediado por muchos enemigos, las bandas armadas de la FARC y el ELN, las asociadas y mezcladas con el narcotráfico y los paramilitares, Venezuela acogió a millones de ciudadanos colombianos.

Diversos motivos propician la migración; desastres naturales, guerras civiles o la guerra creada por la invasión rusa a Ucrania. Las diásporas se multiplican en los países con regímenes autoritarios, dictatoriales y totalitarios, caldo de cultivo de la pobreza, la inseguridad y el cerco a las libertades. Lo confirma el éxodo venezolano, superior al de Siria. Por ello nos sorprende lo dicho por el Sr. Jean-luc Melenchon: “El capitalismo es enemigo de la democracia”, si ello es así ¿Dónde y quienes son los amigos?  Por supuesto están excluidos los gobiernos socialistas de los países occidentales, pues en ellos se respeta el derecho de propiedad privada y el sistema de mercado, fundamentos del capitalismo. Su vehemente defensa de los regímenes socialistas (no socialdemócratas) de Venezuela y Cuba nos hace pensar que considera a ese socialismo amigo de la democracia. Como dato y no por casualidad, de cada uno de ellos ha emigrado más del 20% de su población, y lo continúa haciendo.

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Las opiniones del Sr. Melenchon la comparten defensores del régimen y aquellos otros que han optado por el silencio o simplemente se han colocado de perfil. Actúan de la misma manera frente al bloqueo y las sanciones que este régimen intolerante y enemigo del progreso impone a sus ciudadanos. Exhortamos a todos ellos a leer con detenimiento los informes de la Alta Comisionada de Derechos Humanos y el informe de la Comisión de Expertos de las Naciones Unidas. Los mismos abundan en datos acerca de los desmanes, asesinatos y violaciones de todos los derechos humanos, bajo el “socialismo del siglo XXI”.

Los apoyos de unos obedecen a la ceguera que impone su creencia, su acto de fe, mientras que la de otros está animada por relaciones “contantes y sonantes”. No admiten que cuando se cercena el derecho de propiedad, se cierran y expropian medios de comunicación y se asfixia la libertad de expresión y las demás libertades individuales, triunfa el pensamiento único y desaparece el conocimiento. En Venezuela está prohibido utilizar, en radio y televisión, los términos régimen o dictador; hacerlo conduce al cierre de la emisora o a elevadas sanciones. Bajo estos regímenes la historia es una resolución ministerial.

Son regímenes ruines y estas palabras, cuyo autor no recuerdo, “la maldad no se cura sino con decirla y hay mucha maldad que decir”, muestran la agenda de trabajo. Su maldad se manifiesta en el cerco de miseria que se extiende sobre el 90% de la población, y como líderes en la creación de calamidades, siempre en contra de la dignidad humana. Se trata de gobiernos “Okupas” que en algún momento deberán responder por los daños ocasionados a los verdaderos propietarios. Viene a mi memoria el momento en el que recuperamos el espacio del centro de estudiantes de la Escuela de Sociología de la UCV, que había sido okupado y convertido en la sede de la dirección nacional de un partido político que se autodefinía como “progre”.

El sistema democrático y “el capitalismo liberal..tiene(n) una virtud: está constantemente en proceso de autocorrección”, en palabras de Bernard Henri-Levy, pues el cambio es una constante impredecible e inevitable que nos hace vivir en medio de la incertidumbre. Esa constante de la realidad se utiliza como consigna política en todo el planeta, aunque el cambio en el que están pensando, no es, necesariamente, sinónimo de progreso o bienestar. La experiencia venezolana es un claro ejemplo del carácter negativo que puede adquirir el cambio. Estamos escaldados de los políticos “adánicos” quienes piensan que con ellos comienza el cambio, los del “ahora si”, los que prometen el progreso y proponen constituyentes con el fin de borrar de un plumazo el pasado.

¿Cómo detener ese modelo ruin, creador de miseria y capaz de destruir la sociedad completa y las generaciones futuras; cómo recuperar la democracia, la libertad, la esperanza y la confianza, hoy maltrechas y disminuidas? y en ese proceso, ¿cuáles pueden ser los aportes de la diáspora? Las organizaciones de la sociedad civil en la Nueva Geografía no se conforman con documentar, denunciar y difundir las maldades del “socialismo del siglo XXI”, se organizan y ejecutan proyectos e iniciativas con el propósito de impulsar la integración, la cooperación y la internacionalización de empresas, gremios e instituciones. La diáspora es, por tanto, parte de la solución. La estrategia de regularización del gobierno colombiano propicia el buen uso de las habilidades, competencias y capacidades de la diáspora.

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Además, las organizaciones globales y transnacionales se esmeran en la defensa de la democracia y las libertades en todo el planeta y se esfuerzan en la recuperación de ellas en Venezuela. El agradecimiento a la sociedad colombiana y al Presidente Iván Duque encierra la gratitud por la defensa de la democracia y las libertades. En lugar de responder con la misma moneda al Sr. Maduro, quien expulsó en 2015 a ciudadanos colombianos y, calcando la práctica nazi, les marcó sus casas, emularon la política migratoria venezolana del siglo pasado, abierta e integradora.

Con la política migratoria el gobierno colombiano confirma a la diáspora como un activo para el desarrollo y la integración. En palabras de Andrew Carneggie, “la migración es un río de oro que arriba al país cada año”.  En lugar de consignas vacías como “el retorno”, diseñan políticas dirigidas a aprovechar el capital humano y con ello nos da una lección a todos. Gobiernos como el de Ecuador, han asumido como propia la estrategia colombiana hacia la diáspora venezolana; comprender que con ella se benefician todos: el migrante y los países de acogida y origen.

La regularización es un modo de defender la democracia y las libertades. Con ello se ofrece la igualdad de oportunidades a todos. Los gobiernos del mundo son conscientes de que el “socialismo del siglo XXI” hizo pobres a la mayoría de los ciudadanos, los igualó como antes hizo el modelo esclavista, ensanchando la desigualdad de oportunidades entre los “sanguijuela” y “enchufados” y el resto de la sociedad. Esta es la desigualdad que es preciso denunciar, pues las oportunidades de nutrición, salud, educación de calidad garante de la equidad, no alcanzan a toda la población por igual. Como se comprende, esto no va de ministerios sino de un modelo de sociedad.

Con el régimen desapareció la movilidad social. Antes el mérito, el esfuerzo y las capacidades individuales eran factores de éxito, ahora la garantía de ascenso está en la sumisión ciega y la obediencia. Con ello ha desaparecido o está reducida a mínimos la capacidad de crecer y progresar. La pobreza es tan grande y está tan extendida que resulta poco probable desarrollar la movilidad social.

Otra razón más para mostrar nuestra gratitud a la estrategia de regularización de Colombia. Es un reconocimiento a la pluralidad y la libertad, promueve la igualdad de oportunidades, integra al migrante y le permite a cada uno utilizar sus habilidades, talentos y esfuerzos propiciando el progreso y el crecimiento. Como es obvio, los resultados serán diversos y desiguales. En este terreno Venezuela ha sido un ejemplo de movilidad y éxito de muchos migrantes a quienes acogió a lo largo de 500 años: es la historia de los migrantes, ayer como hoy.

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