El lugar era usado como una especie de dormitorio a cielo abierto. Allí, cada quien instalaba su cambuche o carpa

Días atrás, esta cancha mantenía cambuches y carpas armadas por grupos de migrantes

Por Jonathan Maldonado

Por mucho tiempo, la cancha de La Parada, en Colombia, había dejado de ser receptora de jugadores para acoger a migrantes venezolanos. Allí, hombres, mujeres y niños vivían en carpas, hamacas o improvisaban cambuches. El lugar se hizo famoso y, a toda hora, se veían a ciudadanos ocupando espacios.

El tiempo de permanencia lo decidía cada quien. A la zona, arribaban los que no podían pagar un alquiler. Hace aproximadamente dos semanas, según versiones de vecinos de la localidad, fueron desalojados. El escenario luce totalmente despejado, no quedaron vestigios de aquellos elementos que usaban para armar sus camas.

María Tovar, migrante venezolana, a diario compartía con las personas que solían dormir en la cancha, pues la casa donde vive alquilada, está justamente al frente del espacio referido. “Había mucho desastre, mucha basura. Se beneficiaban de la cancha, pero no limpiaban”, aseguró.

María Tovar, migrante venezolana

Tovar ya tiene un año en el corregimiento neogranadino. “Nunca dormí en la calle”, subrayó mientras regresaba al tema de sus connacionales. “A veces peleaban”, dijo como si deseara agregar otra de las posibles causas por las que fueron retirados.

Desde que se fueron, según el testimonio de los habitantes de La Parada, no han retornado, pues hay perenne vigilancia policial para evitar que vuelvan a armar sus cambuches o carpas.

“Sigo durmiendo en la calle”

Mariel González, de 30 años, sigue durmiendo en la calle. Su carpa la suele armar alejada de la cancha. “Nunca he usado ese espacio para dormir”, aseveró para luego agregar: “De los que desalojaron, he visto a algunos ubicarse en otros puntos. Otro grupo decidió devolverse a Venezuela”, precisó.

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Según dijo, de ese amplio grupo, también hubo quienes tomaron la decisión de seguir adelante, como caminantes. “La situación en La Parada está muy dura, cada día llegan más venezolanos y hay menos oportunidades para trabajar”, indicó.

Mariel González, migrante venezolana

González actualmente labora en un local de comida. “Me dan el almuerzo y me pagan 5.000 pesos por las horas que trabajo”, acotó al tiempo que soltó: “La comunidad hizo una reunión con las autoridades y decidieron despejar la cancha”.

“A mí me han corrido también. La policía hace su trabajo, cumplen órdenes. Por los momentos, nos han pedido que nos retiremos con respeto. Al día siguiente, regreso y pido permiso para que me dejen extender la colchoneta”, relató a modo de colofón.

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