Era la piragua, era la piragua, era la piragua de Guillermo Cubillos” es uno de los coros con el que Sabor Latino recorre la capital de Risaralda para ganar su sustento diario. La unión de la guacharaca, el saxofón, una caja y una voz masculina irrumpe el silencio y da inicio a todo un espectáculo de ritmos colombo venezolano.

La orquesta, que ya hace parte del paisaje pereirano, estáconformada por cinco músicos venezolanos: Pedro José Vanegas en el saxofón;  Wuiston Carrillo en el bajo y en la voz principal; Daniel Oliveros en el bombo; José Miguel Miranda en la guacharaca; y Anthony Rafael Méndez con su timbal, sus redobles y también como cantante.

Su rutina empieza antes de la 10 de la mañana. Con los instrumentos en sus espaldas, los músicos realizan esa labor hasta las dos de la tarde. Después de un descanso, de cuatro a nueve de la noche se posan en un semáforo para volver a enseñar su música y finalmente regresar a casa.

La banda se formó hace un año y medio en la ciudad de Bucaramanga, Santander. “No había empleo, la situación era muy dura y, al ver que todos éramos músicos, decidimos formar la banda”, relata Anthony, quien llegó a Colombia en 2017 a sus 19 años.

Unión de talento venezolano

Anthony soñaba con estudiar arquitectura en Venezuela, pero la dura situación del vecino país lo llevó a moverse a Colombia. Entró por Cúcuta y terminó en Neiva trabajando en varias fincas de cultivos de café.

“Fue difícil, era la primera vez que trabajaba de esa manera, duré un solo mes y decidí moverme a otra ciudad”, expresa Anthony. Por suerte para este joven proveniente de Villa de Cura, en el estado de Aragua, tenía muchos amigos que también habían emigrado a ciudades como Barranquilla, Santa Marta y Cartagena. Por eso emprendió su viaje hacia la región Caribe del país.

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Allí la idea de formar una orquesta tomó su primer impulso. Conoció a Wuiston Carrillo, un músico profesional venezolano que, al igual que Anthony, se había visto obligado a migrar unos meses atrás. Emprendieron su idea y a las pocas semanas se les unió un nuevo integrante: Daniel Oliveros, quien perteneció a una orquesta militar en el vecino país.

Por último, se unió José Miguel Miranda, experto en maquinaria pesada. Corría el 2019 y los cuatro se trasladaron a Bucaramanga, donde conocieron a Pedro José Vanegas y la idea de Sabor Latino tomó forma.

Teníamos algunos instrumentos y decidimos formar el grupo. Una papayera, como dicen en la costa”, explica Anthony. Con ritmos tropicales, cumbias y música del cantautor venezolano Pastor López, empezaron a tocar en las calles de la capital santandereana.

Reconocimiento y contrataciones

Su estrategia fue repartir volantes con su númeropara ser contactados por empresas de Santander que buscaran presentaciones musicales. Tal fue el éxito que incluso empezaron a ser llamados para que tocaran en cumpleaños y fiestas privadas. Fueron más de 50 presentaciones en la ciudad, y con cada una se ganaban alrededor de 120 mil pesos por hora.

En febrero de 2020, Sabor Latino decidió moverse a Pereira. Querían conocer más partes de Colombia y los ritmos musicales de cada región. Con el aislamiento social obligatorio decretado por el Gobierno para prevenir la propagación del coronavirus, los eventos sociales se redujeron enormemente. Por eso decidieron volver al que había sido su principal escenario: las calles.

“Con la agrupación —cuenta Anthony— hemos podido traer el sustento diario a nuestras casas. Tenemos un techo donde dormir y lo único que nos falta son nuestras familias que siguen en Venezuela”. Aunque todos los miembros de la banda agradecen el apoyo que los colombianos les han dado para continuar con su música, no niegan que en estos días difíciles quisieran estar en su patria.

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Una de las experiencias más enriquecedoras para los integrantes de Sabor Latino ha sido aprender los ritmos colombianos, desde el porro de la costa Caribe, hasta la carranga de Santander y las zonas cundiboyacenses; pasando por los bambucos y el sanjuanero de Risaralda y Huila.

Para Pedro Vanegas, lo que más diferencia a la música venezolana de la colombiana es la velocidad. “La de acá es mucho más rápida y movida”, dice este tachirense. Como músico lo más importante es enriquecerse de la cultura. Cuando regrese a mí país, podré dar todo lo que aprendí en Colombia, agrega Vanegas, graduado en música de la Universidad Pedagógica Experimental Libertador y exmiembro de la Orquesta Sinfónica Simón Bolívar de Venezuela.

Una vez termine la crisis sanitaria en el país, el plan es crear una orquesta más grande. “Queremos tener cerca de 12 a 13 músicos y seguir tocando por toda Colombia”, añade Anthony, seguro de que el siguiente destino es Manizales, donde planean vivir por un tiempo, aprender del paso doble y seguir el recorrido. 

Mientras llega ese momento, dejan el semáforo en Pereira, empacan los instrumentos y emprenden el recorrido, esta vez hasta su casa en el barrio Villa del Carmen de la “capital del Eje Cafetero”.

Con información de Migravenezuela

Prensa Frontera Viva

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