Hugo Durán

Como miles de profesionales venezolanos, Hugo Durán, también inició la ruta caminante por la misma razón que lo han hecho otros más: la búsqueda de un futuro que le permita superar la pobreza  y la tristeza que, en su natal Trujillo, lo estaba consumiendo.

Hasta hace algunos meses se desempeñaba en la parte organizacional de una empresa de distribución de gas licuado en Valera, pero los cortes eléctricos, las fallas de suministro de gasolina y los controles oficiales terminaron por quebrar su fuente de empleo dejándolo a él, y a sus compañeros, sin nada seguro.

Es hijo único. Su padre murió de pequeño, su madre hace dos años y no tiene hijos o esposa solamente tíos y primos. “Ante esto yo decía: se me hace más fácil migrar. Me voy para cualquier parte sin problemas. Eso es mentira: todos estamos llevando del bulto en esta migración”.

Reconoce que muchas familias colombianas les han prestado apoyo. Que la xenofobia queda en algunos casos, “los que dicen que si metes a un venezolano en la casa este te va a robar o matar”. Pero la mayoría de los colombianos les han tendido la mano.

  • ¿Por qué razón estas en Colombia?
  • Estoy aquí buscando un nuevo porvenir porque en Venezuela no lo hay. Independientemente de la profesión que uno tenga la realidad es que las empresas principales cerraron, no hay fuentes de trabajo, el salario no alcanza. Yo puedo ganar, si quiero, el sueldo mínimo de 40 mil soberanos y eso no alcanza absolutamente para nada.

 Afirma que ni siquiera doscientos o doscientos cincuenta mil soberanos alcanza por culpa de la hiperinflación que día a día acaba con el salario de todos los venezolanos. “Eso todos  va creciendo y nadie lo para”.

El quince de julio pasado cruzó la frontera e inició su peregrinar en Colombia. Reconoce que salió de Venezuela sin programación alguna, huyendo de la crisis. “Tengo familia, primos en Bogotá y ya los contacté por lo que puede ser que, próximamente, yo viaje hasta allá. Pero esto será más adelante”.

La incertidumbre sobre el futuro es un tema que analiza. En la zona de frontera quiere ganar algo de dinero que le permita seguir adelante ya que no tiene garantías de nada e incluso teme, como otros caminantes y migrantes, por su seguridad.

  • Y cuando hablas de seguridad, ¿a qué temes?
  • Hay grupos, lo que en Venezuela llamamos los colectivos. Aquí hay uno llamado “Los Hinchas” porque se relacionan con el futbol.  Son malaconductas, personas que se drogan y en ciudades como Bucaramanga o Tunja no aceptan la presencia de venezolanos. Ellos se arman de machetes, de palos, de cuchilllos y asaltan a los grupos que van.

Dice que actúan con malicia. Además del maltrato, de la violencia, del robo, los humillan dejándolos hasta en ropa interior “y les quitan todo, absolutamente todo y si no les das nada te matan”, según cuenta.

  • ¿Cómo se enteran ustedes de estas noticias?
  •  Por narraciones que nos han contado victimas, algunas de ellas con heridas en el cuerpo. Hay caminantes que relatan que tuvieron que dejar sus cosas y salir corriendo para esconderse en el monte mientras pasaban estos inadaptados.

En la información que maneja indica que son grupos de entre 20 y 30 hinchas, totalmente armados, “y lo que me parece insólito, según dicen los afectados, es que la policía no tiene respuesta alguna frente a ello. Eso es raro”.

Sobre el futuro tiene muchas dudas. Reconoce que no puede ejercer su profesión de ingeniero industrial o su titulo de administración de empresas porque existen requisitos que aún no puede cumplir, entre ellos el Permiso Especial de Permanencia que no posee.

Esta situación conduce a la explotación: “Hay personas que te dicen: te voy a pagar cinco mil pesos por 12 a 14 horas de trabajo diario y vas atender mesas. Cinco mil pesos diarios es para el arriendo, no te alcanza para la comida, pero conozco casos de personas a las que les ofrecen tres mil. Esto es insólito”.

SE PIERDE LA JUVENTUD

De su experiencia en Colombia a Hugo Durán le impresiona, sobre todo, el caso de los llamados trocheros, que son personas que ayudan a otros a pasar mercancía y gente de lado a lado de la frontera por los llamados pasos ilegales.

Es la ruta del contrabando y la ilegalidad al pie de los puentes internacionales por el rio Táchira que divide a Colombia y Venezuela.

“Yo concluí que allí se está perdiendo toda la juventud de Venezuela. Se pierde en drogas, en prostitución, en enfermedades de transmisión sexual y hasta la vida. Es impresionante verlos cargar cien o 120 kilos  con una soga amarrada a la cabeza con alto riesgo de un accidente que les deje incapacitados”.

Manifiesta que casi todos ellos son venezolanos. Y reconoce, con tristeza, que ellos deberían estar en una universidad, en un tecnológico o formándose para dar lo mejor de su esfuerzo para el desarrollo de Venezuela. “Va ser difícil recuperarnos de esto” sentencia. (Alans Peralta/Xendero)

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