Wilmer Jair Cáceres, el PNB hallado en una fosa común en Colombia.

Recorte del periódico de la señora Cecilia Salamanca donde narra la desaparición de su hijo.

Relato de una madre cuyo hijo, un PNB de San Antonio del Táchira, había desaparecido hace más de tres años, transformando su vida en una búsqueda que acabó el pasado 28 de septiembre, día en el que se le dio “cristiana sepultura”.

El 25 de enero de 2016, en horas del mediodía, fue la última vez que Cecilia Salamanca, de 55 años, vio a Wilmer Jair Cáceres Salamanca, su hijo menor y miembro de la Policía Nacional Bolivariana (PNB). Ese día, el joven debía presentarse en su trabajo, en San Cristóbal, pero no lo hizo. Así empezó el calvario de una progenitora que hasta hace días pudo darle cristiana sepultura a los restos de su vástago, hallados en febrero de 2018 en una fosa común, en las trochas, lado colombiano.

“El marte 26 (2016) un compañero de Wilmer vino a preguntar por él, ya que el día anterior le había prestado la moto y no sabía de su paradero. Le había mandado mensajes y llamado constantemente, pero no contestaba”, fue la primera alerta que recibió Salamanca y que presagiaba el inicio de un prolongado suplicio. “Mi hijo no había ido a trabajar”, recalcó al evocar un momento que le oprime el alma y le provoca un llanto difícil de contener.

El compañero, de nombre José, había recibido una llamada de su hijo el lunes, cerca de las 6:45 p.m., pero le fue imposible escucharlo. “De ahí, no se supo más”,  indicó quien emprendió de inmediato la búsqueda en los lugares que más frecuentaba el joven, como la casa de sus primos. “No apareció. Al día siguiente, el 27, me fui a la policía donde me dijeron que otra madre había presentado una denuncia similar, y que le estaban haciendo un retrato hablado”, dijo.

Desde ese instante, Belén, la madre de Kevin José Rodríguez Botello, el politáchira que desapareció junto a Cáceres, se convirtió en su compañera de lucha. Ambas comenzaron un camino signado por el dolor, la angustia, la desesperación y, al mismo tiempo, de fe y esperanza por encontrarlos vivos. En ese entonces, 2016, Wilmer rondaba los 27 años y Kevin los 23.

Cecilia Salamanca, de 55 años, madre de Wilmer Jair Cáceres Salamanca.

“Fuimos a la Fiscalía en varias oportunidades. Volvíamos a la policía, pero la respuesta siempre era la misma: `no sabemos nada`. Pasó el tiempo y nos dijeron que ellos no estaban aquí (Venezuela), que se los habían llevado los paramilitares y estaban en Colombia”, esa pista cambió drásticamente la ruta de búsqueda. Ahora tenían que dirigirse a las autoridades neogranadinas.

“Acudimos, como primera instancia, a la Policía de Colombia. Allá nos dijeron que no podían recibir la denuncia porque eran funcionarios venezolanos. Seguimos insistiendo hasta que nos orientaron y nos dijeron que nos presentáramos en la Fiscalía. Allí, sí nos recibieron la denuncia, pero nos advirtieron que si se trataba de algo falso, podíamos ir detenidas”, precisó Salamanca, quien en ese tiempo tuvo que usar los caminos irregulares, las trochas, debido a que el puente estaba cerrado por orden del Gobierno de Nicolás Maduro.

Cada proceso, cada visita, Cecilia la hacía con Belén, quien pasó a ser su gran apoyo y consuelo. “Cada 15 días íbamos a la Fiscalía y a medicina legal en Colombia para preguntar por el caso de nuestros hijos. Siempre éramos las dos, insistiendo. En una ocasión, hubo una información que salió en la prensa, pero fue errónea”, contó.

Febrero de 2018: La noticia que diluyó sus esperanzas

Cecilia Salamanca recibió una lamentable llamada por parte de las autoridades colombianas.

El 13 de febrero de 2018, Cecilia Salamanca recibió una llamada por parte de las autoridades colombianas. Habían hallado, en las trochas colombianas, una fosa común y, de acuerdo con los primeros hallazgos, existían muchas posibilidades de que fueran los restos de los jóvenes. “Había 90% de probabilidades”, nos dijeron.

“En ese momento sentimos mucho dolor, pues aún albergábamos las esperanzas de que aparecieran vivos”, señaló. Tras la noticia, “nos dijeron que debíamos esperar a que se hicieran todas la pruebas de rigor, lo cual llevaba su tiempo”,  puntualizó quien intuyó, en ese instante, que iban a  enfrentar otro largo camino.

Y fue así. Los restos de Wilmer y Kevin fueron trasladados por las autoridades a Bucaramanga, donde realizaron las pruebas pertinentes. “En Bogotá hicieron otras. Todo duró año y medio. Una prima, quien vive en la capital colombiana, nos avisó que las últimas pruebas ya estaban listas, que llamáramos. Así lo hicimos y nos confirmaron que los resultados eran positivos; sin duda, eran ellos”,  detalló.

El relato de Salamanca estuvo acompañado por las lágrimas de dolor y resignación. “En medicina legal nos dijeron que aún faltaba un documento, que debíamos esperar. Fue el 27 de septiembre cuando pudimos recibir sus restos. Ese mismo día cruzamos el puente internacional Simón Bolívar, y los velamos en nuestras casas.  El 28, sábado, les dimos la cristiana sepultura”, aseveró.

“Le doy gracias a Dios, pues al menos encontramos sus restos”, soltó, aún con las lágrimas surcando su rostro y pensando en los jóvenes que siguen desaparecidos. “Hay que ponerse en los zapatos de sus familiares, sus padres”, dijo, quien agradeció a las autoridades colombianas y a los medios de comunicación por el espaldarazo recibido en tan prolongada lucha. “Cada relato, cada información difundida, nos hacían ver que no estábamos solas”, remarcó la progenitora.

En esa fosa común, encontrada hace aproximadamente 18 meses, también se hallaban las osamentas de otras dos personas. Una de ellas sería otro joven venezolano que vivía en el barrio Pinto Salinas, en San Antonio del Táchira. La otra, se presume, se trata del sargento supervisor de la GNB José Germán Buitrago Castellanos, de 49 años, comandante del aeropuerto de Paramillo, desaparecido en marzo de 2016. En este último caso, las autoridades colombianas continúan realizando análisis forenses y antropológicos

Wilmer Jair Cáceres cumpliría este 16 de octubre 31 años, comentó, deshecha, su madre.

Reportaje Especial: Jonathan Maldonado.

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