Ph.D. Tomás Páez @tomaspaez  / @vozdeladiasporaven

La Profesora Gioconda San Blas, miembro de la Academia de Ciencias Físicas y Naturales, promovió y coordinó una sesión de trabajo con el propósito de presentar la situación de la ciencia, la investigación y la universidad en Venezuela y el papel de la diáspora, en el marco del encuentro global de “redes de las diásporas científicas”, organizado por la sociedad para el avance de la ciencia y la tecnología del mundo árabe.

Tuve el honor de participar en el panel, junto a los muy distinguidos, reconocidos y queridos profesores e investigadores: Vilma Petrash, Vladimiro Mujica y Gioconda San Blas. Las presentaciones y recomendaciones son, además de un combate contra el silencio, un aporte al titánico esfuerzo que hace la comunidad universitaria en Venezuela: frenar la destrucción y desplegar iniciativas para la reconstrucción de la universidad del presente siglo, una pieza importante del sistema de Investigación, Desarrollo e Innovación (I+D+I).

La embestida del gobierno contra todos los agentes del sistema (I+D+I), ha sido hecha con saña, alevosía y de un modo integral. Convirtieron en añicos parte importante del tejido empresarial, los centros de investigación y las universidades. En esa arremetida han participado con carácter protagónico, inexplicablemente, quienes pasaron por las aulas universitarias como estudiantes, docentes, trabajadores e investigadores. Los ponentes desnudaron los destrozos causados por el modelo del “socialismo del siglo XXI”, demostrando que no se trata de un mal gobierno, característica que se han ganado a pulso, sino de “destrucción por diseño”.

En este terreno los voceros del régimen no han recurrido a subterfugios y, para sorpresa de muchos, por única vez no han mentido. Hasta el hastío han dicho que “el propósito de la educación es ideologizar y adoctrinar”, lo cual obviamente envilece el conocimiento.  Han fijado como objetivo del sistema de ciencia y tecnología y el de las instituciones responsables, “proporcionar “OLOR, CALOR y SABOR a calle”, “ciencia para el pueblo”.  Como bien nos advierte Antonio Escohotado: “Todas las soluciones que no son la libertad han conllevado la miseria material, todas han instaurado la pobreza a cambio de la pureza ideológica.”

Bajo el “socialismo del siglo XXI” la situación de las universidades no ha hecho sino empeorar. Ya arrastraba las carencias señaladas por Prensky: “tenemos centros educativos del siglo XIX, docentes del XX y alumnos del XXI”. Mientras el gobierno hace retroceder a las universidades, en el mundo avanza la digitalización, se transforman los procesos de producción y los criterios organizativos, se desarrolla la inteligencia artificial, el internet de las cosas y la computación cuántica. La inmensa cantidad de recursos percibidos en dos décadas, que quintuplican los obtenidos en los 40 años de democracia, han terminado en los bolsillos de los jefes “rojos rojitos” y sus secuaces. Invirtieron poco y mal en capital humano e infraestructura física.

Desde mediados del siglo pasado y en particular durante el periodo democrático, las universidades venezolanas realizaron diversos esfuerzos para entablar una relación más dinámica con el sector privado y el mercado: constituyeron empresas universitarias y fundaciones, crearon equipos de consultoría y asistencia técnica, parques científicos y tecnológicos, servicios de formación de emprendedores, servicios de preincubación e incubación de empresas, diplomados y maestrías e impulsaron ecosistemas de emprendimiento con distintos grados de éxito. Durante un corto periodo del siglo XXI, a contracorriente del modelo del socialismo del siglo XXI, se estableció un marco legal que apelaba a los mecanismos de mercado parar el desarrollo del sistema I+D+I. Un cuerpo extraño al gobierno y por esa razón prontamente rechazado.

Las Iniciativas y proyectos adelantados por las universidades, en ocasiones muy aislados, permitieron iniciar el desbloqueo de la enemistad tradicional y el recelo de la universidad hacia la empresa. Aunque disminuidos se han mantenido, pese a los esfuerzos del gobierno por acrecentar las distancias y la desconfianza y por sus denodados intentos por aniquilar a la empresa. Ahora se desdicen y, sin explicación alguna, llaman a los inversionistas privados para recobrar a las más de mil empresas estatizadas, postradas y aparcadas en situación de “irrecuperable”.

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Su declaración de guerra ha sido integral, destruyen a todos los actores del sistema: la universidad, los centros de investigación, la propiedad privada, la empresa y el mercado. No han descartado ningún arma: leyes que asfixian la propiedad y el mercado, expropiación, confiscación e invasión, asfixia presupuestaria y control directo de las universidades por el grupo en el poder.

El cerco a empresas y universidades ha debilitado el sistema de Investigación, Desarrollo e Innovación. El desprecio del gobierno por la empresa, además, le ha impedido utilizar su capacidad como lo han hecho Alemania, China, Corea del Sur, Estados Unidos y sectores productivos como el automotriz, farmacéutico, digital y alimentación, por solo mencionar los más trillados. Un ejemplo reciente es el esfuerzo por encontrar las vacunas para hacer frente a la pandemia del COVID.

Las empresas, en su permanente interacción en el mercado a través de la competencia y la cooperación con clientes, otras empresas, universidades y centros de investigación, impulsan la innovación favoreciendo la mejora de la productividad. La empresa es, además, el mecanismo que posibilita la transformación de los resultados de investigación en productos y servicios con valor añadido.

La innovación y el desarrollo se suscitan en un proceso continuo de aprendizaje, de competencia y cooperación, de forma interactiva y colectiva y de esta realidad deriva el carácter medular de la relación entre los distintos agendes del sistema I+D+I. Es también lo que explica que en aquellos países en los que se desconoce la propiedad y el mercado se dificulta la investigación, el desarrollo y la innovación.

Un tema central de la convocatoria del encuentro es el referido a la diáspora y su papel en el sistema de I+D+I y en la reedificación del sistema universitario. Los ponentes presentaron diversas iniciativas en las que está participando la diáspora. Se evidenció que el desinterés por la diáspora y su utilización como arma arrojadiza, no pertenece en exclusividad al régimen venezolano y no solo ocurre en el ámbito del sistema de I+D+I. Es notorio en el terreno de los derechos sociales y políticos, el derecho de los pensionados y jubilados, el derecho a la identidad de miles de niños en situación de apátridas, el derecho al registro electoral y la participación en las elecciones. El desinterés se distribuye democráticamente y se plasma en frases: “el que se fue no hace falta” o en esta otra “Que se bajen de esa nube si pretenden introducir en la agenda el voto de la diáspora”.

La diáspora fue inexplicablemente excluida en el proyecto de Ley de Ciencia y Tecnología elaborada y discutida en el parlamento anterior. Por su parte el gobierno, en boca de su Ministro de Relaciones Exteriores en Naciones Unidas, manifestó que la diáspora venezolana ha sido inducida, algo así como el modelo centro-periferia tan popular en las universidades latinoamericanas de la década de los 70s; un centro explotador (ganador) y una periferia explotada (perdedora) Agregó que la diáspora había llegado a su fin, retornó el 60% de quienes habían migrado. Si como certifica la OIM las dimensiones de la diáspora se aproxima a los 7 millones (nuestro Observatorio indica que son más de 7), ¿quiere decir que este es el 40% restante?

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Nos parece estéril un debate “bipolar”, en el que la diáspora se utiliza para acusar o despreciar, para entablar confrontaciones sin sentido entre: “crece el retorno” o “aumenta el éxodo”. Es necesario superar esta discusión infantil y pasar a establecer diálogos enriquecedores que constituyen la razón de ser, el centro de la actividad POLÍTICA: solo una sociedad que busca acuerdos es capaz de garantizar la convivencia. Son necesario diálogos para comprender la “Nueva Geografía” y sus efectos globales a fin de diseñar estrategias de gobernanza y poder incluir a la diáspora en el proceso de reconstrucción de un país que ha sido devastado.

Para ellos es necesario recuperar el sentido de varias palabras: CONFIANZA Y RESPONSABILIDAD y dejar de atribuir a otros los errores propios. Admitir y sobre todo corregir, asumir la dolorosa travesía de la rectificación, antídoto contra la derrota, y dejar de persistir en el error de no perder la oportunidad de perder la oportunidad. La capacidad de enmienda es un atributo que la sociedad comprende y un elemento clave para que la sociedad pueda “perdonar” los errores cometidos.

Es necesario una defensa de las libertades, la democracia y los derechos humanos de todos, incluidos por supuesto los de la diáspora, e integrarlos en todas las áreas de interés común y en particular en el ámbito de la ciencia, la investigación, el desarrollo y la innovación. Está fuera de toda duda el interés y compromiso de la diáspora y sus organizaciones con ese proceso de reconstrucción del país y la universidad. Evidencia de ello lo encontramos en las redes sectoriales globales (ayuda humanitaria, emprendimiento, jóvenes, derechos sociales y políticos, etc) que construyen la diáspora y sus organizaciones.

El esfuerzo global en marcha debe ser reforzado con un marco legal que integre la Nueva Geografía de Venezuela. Podemos aprender mucho de lo hecho por otros países, regiones y universidades para conectarse con sus diásporas. También es preciso reconocer las limitaciones e insuficiencias del término “diáspora calificada” circunscrita a quienes poseen educación de tercer nivel y residen en país distinto al de origen. Existe múltiples modalidades de adquisición de competencias, conocimientos y habilidades: en la empresa, a través de pasantías, aprender haciendo, equivalentes a varias maestrías y doctorados.

El contexto actual del país es adverso y alérgico a la innovación, la productividad, la empresa, el mercado, la libertad de expresión y la autonomía universitaria. Exigirá de la universidad, de las empresas y de su diáspora redoblar esfuerzos puesto que la parálisis no es una opción. Es necesario aprovechar lo realizado, las nuevas redes y capital relacional acumulado en estas dos últimas décadas por la sociedad venezolana. Como nos advierte Levitt: “los migrantes pueden desempeñar un importante papel en la consolidación del desarrollo desde fuera”

¿Cómo y a través de cuáles medios utilizamos ese inmenso activo existente en la diáspora, para reconstruir un país deshilachado y un sistema de I+D+I y un sistema universitario colapsado? ¿Cómo poder avanzar en medio de tantos obstáculos y restricciones? ¿Qué papel tienen reservado los gobiernos locales, locales, regionales y las universidades? Para responder a estas y otras preguntas conviene revisar experiencias de otros países. Colombia, México, Chile, Ecuador o China.

El cambio tecnológico se produce con velocidad de vértigo, se está transformando el proceso de enseñanza aprendizaje, se requieren nuevas competencias y habilidades en este nuevo siglo, el sistema de I+D+I, exige de actores conscientes de que viven en medio de la incertidumbre y el cambio. Es necesario aprovechar e integrar el capital humano de la diáspora para construir un sistema universitario emprendedor, ágil y flexible: en este esfuerzo todos los ciudadanos y todos los actores importan.

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