“Hemos llegado a Berlín” es una obra escrita que relata la travesía de un niño venezolano que sale de su país caminando hacia el páramo colombiano, un tramo en donde los migrantes desafían la muerte al enfrentarse a las bajas temperaturas de la zona en las condiciones menos adecuadas.

¿Qué es lo que un niño de 10 años que viene de Venezuela puede sentir en medio de su caminata desde la calurosa ciudad de Cúcuta hasta los más de 3 mil metros sobre el nivel del mar en donde está el páramo de Berlín, en Santander? ¿qué podría ver, qué comentarios podría escuchar o simplemente, qué pensaría sobre todo ese desplazamiento? Será que recordaría los abrazos de sus familiares en el momento de la despedida, o quizás se daría cuenta de que olvidó darle el adiós a uno de sus amigos.

Todas estas preguntas que se gestaron en la cabeza del escritor y académico venezolano Fanuel Hanán Díaz, resultaron explícitas en el cuento Hemos llegado a Berlín, uno de los tres ganadores del Premio Nacional de Literatura Infantil Pedrito Botero, en el que participaron más de 400 escritores colombianos y extranjeros residentes en el país, y que fue organizado por la Secretaría de Cultura de Medellín, la Biblioteca Pública Piloto y los Eventos del Libro de Medellín. 

Inspiración desde el dolor

‘Hemos llegado a Berlín’ es la historia de un niño venezolano que dejó su casa y que comandado por su madre inicia un viaje sin destino fijo. Contado desde la primera persona, este infante relata lo que se le va atravesando en el camino de la migración forzada, pero también abre el panorama a lo que sucede en su mente.  

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La pluma de este escritor quiso dar voz a aquellos pequeños que no han tenido, en su concepto, la misma visibilidad que los adultos, buscó ponerse en los zapatos de un niño migrante que solo obedece las órdenes de sus padres.

Para Fanuel, siempre hay una zona invisible en la migración, “a la vista salta la forma en que visten o hablan, cómo se ganan la vida”. Sin embargo, el desarraigo, el dolor, el recuerdo de lo que se deje atrás, lo mucho que se extrañe a la familia; este tipo de sentimientos no son visibles ante los otros, y son los que plasma en su obra.

Fue crucial en este proceso creativo el ponerse en la piel de un niño, posiblemente el “hombrecito de la casa”, un pequeño que tiene la fuerza para seguir a pesar, del cansancio, el hambre, el frío, de tener los pies reventados y aun así poderle sonreír a su madre para que no se angustie.

 “Son niños que tienen la conciencia de saber que deben ocultar su propio desfallecimiento porque, saben que su posición es ser un chico que acompaña a su mamá con la fortaleza que se necesita

dice Fanuel

Uno de los antecedentes más importantes para que esta historia ganadora del premio nacional naciera, fue una entrevista televisada en la que un periodista interroga a un niño venezolano sobre su caminata y el pequeño comienza con toda la energía y actitud, hasta que le preguntan ¿cómo se siente?, entonces se quiebra en llanto y, según cuenta Fanuel, manifiesta que no entiende por qué le toca caminar y estar en medio de esas circunstancias, que aunque no le dice a su mamá, tiene los pies con llagas. Tal escena conmovió tanto al escritor que decidió hacer algo al respecto.  

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A través de la literatura buscó crear lazos empáticos entre los mismos niños para luchar en contra de la xenofobia y el rechazo hacia los venezolanos, para enaltecer la solidaridad entre pueblos hermanos y evidenciar que más allá de los estereotipos o prejuicios hay seres humanos que tienen una piel, que tienen recuerdos y que sufren también. 

Con información de Proyecto Migración Venezuela

Prensa Frontera Viva

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