El camino por la búsqueda de calidad y oportunidades de vida inicia en la frontera entre Venezuela con Colombia, un tramo por el que han cruzado millones de historias marcadas por una crisis humanitaria sin precedentes, una realidad desestimada, otras veces burlada, por el régimen de Nicolás Maduro.

Prensa Frontera Viva

Colombia no sólo es el principal país de acogida del éxodo venezolano, con 2,48 millones de ciudadanos en su territorio de los más de 7,1 millones de migrantes registrados por la ONU, ahora es el puerto de salida hacia el destino cotizado: Estados Unidos.

Después del Tapón del Darién -un peligroso tramo de densa selva limítrofe entre Colombia y Panamá y en donde se han denunciado robos, asesinatos, desapariciones y abusos sexuales hacia los migrantes- otra opción se hace popular entre quienes persiguen el sueño americano.

Ahora la encrucijada de la migración irregular se debate entre la selva o el mar. Aunque no es nueva, la ruta desde la isla de San Andrés hasta Nicaragua toma fuerza entre los venezolanos, una travesía a la que anteriormente se arriesgaban migrantes cubanos, sudafricanos y haitianos.

Esta fue la ruta escogida por Alberto*, como llamaremos a un venezolano que emigró por segunda vez luego de haber vivido durante seis años en Buenos Aires, Argentina; una decisión impulsada por la debacle económica que atraviesa el país suramericano.

“Todo es una sola red, todo está conectado para poder llegar al destino”, es la frase con la que Alberto inició el relato de una travesía que duró 15 días y tuvo un costo de 3.000 dólares.

Bitácora del sueño americano

Para Alberto, su experiencia pierde valor ante las condiciones en las que emprenden viaje otros connacionales y lo vulnerables que pueden ser por la falta de dinero.

“Yo no viví nada en comparación a las historias que uno va escuchando y lo que va viendo”, realidades que le impactaron desde que llegó a la isla de San Andrés y conoció al grupo con el que embarcaría hacia Corn Island, una de las maravillas turísticas de Nicaragua y ahora, puerto de tránsito de migrantes.

Para llegar a este destino se activa el primer engranaje de la red. Por 125 dólares, un primer “coyote” -como les llaman a los traficantes de personas- le gestionó el paquete de traslado con pasajes aéreos desde la ciudad de Cúcuta hacia San Andrés más tres días de estadía en una posada de la isla, tiempo que varía de acuerdo al aviso de salida que ordene el coyote.

Luego de estar dos días como “turista” en la isla colombiana, recibió el aviso de continuación del viaje. Por 1.250 dólares se arriesgó al oleaje nocturno, los robos en altamar, el peligro del naufragio y la detención por parte de las autoridades navales.  

“La experiencia del viaje en lancha es bastante peligrosa. La lancha iba como a 120 km/h. No teníamos chaleco salvavidas ni ningún tipo de protección”, relató Alberto tras pasar 6 horas de viaje nocturno a merced del mar.

A pesar de los peligros del mar abierto, este trayecto se divulgado entre quienes buscan esquivar el Darién, uno de los cruces más peligrosos de Latinoamérica. En un intento por salvaguardar la vida de los migrantes y detener estas redes de tráfico, en lo que va de año, la Armada colombiana ha interceptado 35 embarcaciones con cientos de migrantes venezolanos, pero son más de este número las que han logrado burlar a las autoridades y cruzan la frontera marítima.

Puerto de Corn Island, isla de tránsito de migrantes

Al llegar al archipiélago nicaragüense, Alberto describe el ambiente como “tranquilo” respecto a los migrantes. El país tiene sus propios protocolos como el trámite de certificado anti COVID y el salvoconducto, un documento que tiene un costo de USD 150 y es emitido por autoridades de migración para que el extranjero pueda transitar o permanecer en el país de manera legal.

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Una vez se tienen estos documentos en mano, hay alguien encargado de comprar el boleto del ferry hasta tierra firme y, además, coordina el traslado en bus por Nicaragua hasta la frontera con Honduras por un costo de USD 60 adicionales.

Embarcación de traslado de migrantes desde la isla de Corn Island hasta tierra firme

“En el camino no hubo ningún tipo de problema con las autoridades, siempre y cuando se tenga el salvoconducto”.

En la línea limítrofe hacia Honduras -país donde han ingresado más de 33.000 venezolanos en este año- unos motorizados en guardia ya esperan por los migrantes. Por 3 dólares son llevados hasta migración para tramitar el permiso de movilidad, el cual es totalmente gratuito.

“El trato de las autoridades en Honduras fue muy humano, se encargan de que los choferes de bus no cobren de más y si es así, se aseguran de que devuelvan el excedente. Además, nos dieron una lista con los precios reales para que no nos cobraran extras”, aseguró Alberto, lo que respalda las denuncias de los abusos que sufren los migrantes por parte de transportistas del servicio interurbano.

Autobuses escolares son utilizados para trasladar a los migrantes hasta la zona fronteriza con Guatemala

Al llegar a Guatemala la percepción de amabilidad se desvanece entre las políticas migratorias de un país que le ha bloqueado el ingreso a poco más de 10.000 venezolanos, siendo la nacionalidad a la que más se le ha detenido el paso, por delante de los ciudadanos cubanos, según datos del Instituto Guatemalteco de Migración.

“Allá el ambiente es pesado, se percibe la corrupción. Todo es plata”,

DICE ALBERTO.

Insiste en una coordinación evidente entre las redes de tráfico de migrantes a pesar de los controles.

Al pisar territorio fronterizo, se encuentran los encargados de cruzarlos por un camino selvático que tomó cerca de una hora para burlar a las autoridades migratorias.

“Una persona lo cruza de Honduras a Guatemala, luego otra lo acompaña a un vehículo que lo traslada hasta el lugar de hospedaje donde deberá esperar para cruzar a México, de allí se prohíbe salir hasta el aviso de los coyotes”.

Por USD 250 más, un traficante les ofrece hospedaje, comida y el cruce hasta la ciudad de Tapachula, en el estado mexicano de Chiapas.

Cuando llegó su momento de cruzar hasta México, Alberto contó al menos 80 personas repartidas en 15 vehículos.

“El viaje es horrible porque meten a muchas personas en un mismo carro y son como 8 horas de viaje. En el camino se ve que ya todo está cuadrado con la policía, se comunican con claves y mediante un grupo de WhatsApp en donde notifican en qué punto se puede pasar o desviar y en cada alcabala sueltan plata”, aseguró.

“En México empieza la locura”

Estando en tierras aztecas el ambiente de incertidumbre en cada vez mayor, pues además de estar en manos de personeros de bandas o cárteles, deben sortear los controles migratorios que se extienden desde Chiapas hasta Oaxaca, en donde les otorgan el salvoconducto.

“En el camino se encuentran agentes de migración, policía, ejército y, además, miembros de cárteles que cobran pases de 500 pesos mexicanos (USD 25) por persona y hay como 12 controles de migración en el trayecto”.

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El recorrido que está estimado en cinco horas, se convierte en casi dos días en medio de rutas alternas para intentar escabullirse de las autoridades y no ser apresados.

“En el traslado de Chiapas a Oaxaca uno se arriesga a dos realidades. En los caminos por donde se bordean los controles migratorios hay grupos delictivos que roban a los migrantes y sino, lo agarra migraciones”, advierte Alberto.

Este joven venezolano no pudo librar ninguno de los riesgos, pues fue víctima de ambas situaciones. Cuando creía que ya había superado los controles migratorios, a la altura de la octava alcabala, fue retenido por las autoridades y trasladado a un centro de detención en donde permaneció un día bajo el trato de un reo común, “nos trataron como una basura”.

Su boleta de salida fue firmar un documento de abandono voluntario del territorio mexicano en un lapso máximo de 10 días, de lo contrario, sería deportado.

Luego de esta experiencia, Alberto y el grupo con el que migraba fueron emboscados por personas armadas con machetillas que les despojaron del dinero y algunas pertenencias. “Sólo nos respetaron los documentos”.

A pesar de estos amargos momentos y de las latentes amenazas del camino, Alberto decidió continuar.

“Pagando aparecen soluciones”

” Le pagamos a otro coyote que nos llevó por otras trochas para llegar a Oaxaca. Ahí uno puede permanecer en el refugio o irse a un hotel mientras le dan el salvoconducto. Allí esperamos tres días más”.

Salvoconducto otorgado por las autoridades migratorias en Oaxaca, México.

Tras obtener el pase migratorio se trasladó hasta la Ciudad de México y luego a Monterrey, capital del estado de Nuevo León, en donde se encontraría con el último coyote encargado de cruzarlo por la frontera con Estados Unidos.

“En el camino nos advirtieron de cárteles que han secuestrado a migrantes y los extorsionan por 1.500 hasta 9.000 dólares para liberarlos”, dijo Alberto, además que, aunque tenía el permiso migratorio, debió pagar a la policía y miembros de grupos irregulares en todo el camino: “van quitando 500 pesos por persona”.

Por USD 800 otro miembro de la red de tráfico lo recibe en Monterrey, quien en su “paquete” ofrece alojamiento y el traslado hasta la frontera.

“Lo trasladan a uno en camionetas durante la madrugada. En el camino todo está cuadrado y pago y lo dejan en un punto donde hay que caminar como por una hora hasta llegar al río Bravo, de ahí en adelante cada quien se defiende”, sentenció Alberto.

Para este venezolano todo fue “como en las películas”, esa fue la manera como ejemplificó el panorama de necesidades y corrupción que vio y vivió. De cierta manera menosprecia su experiencia porque considera que hay personas “que la pasan peor”.

Ahora, este modus operandi de las bandas traficantes de migrantes que se conectan desde sur, centro, hasta Norteamérica quedará en “veremos” con la medida anunciada por el gobierno de Estados Unidos -y que entró en vigencia desde este mismo 12 de octubre- respecto a los migrantes venezolanos.

La Casa Blanca comunicó que, con este nuevo programa, busca una migración legal y elegible. Al menos 24.000 venezolanos serán calificados por Estados Unidos y podrán ingresar al país vía aérea y segura, de acuerdo a lo comunicado.

Esta sería una estrategia de la nación norteamericana para combatir las redes de tráfico de personas que se han beneficiado de las olas masivas de migrantes en busca del “sueño americano”, así como apaciguar la diatriba política ocasionada por este flujo migratorio.

*Alberto es un nombre utilizado para resguardar la identidad de la fuente

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