Yovani Farías, es un venezolano que emigró a Colombia junto a la pasión por el deporte criollo.  
Cada sábado, con guante y pelota en mano, Yovani salía con su pequeño hijo camino de la unidad deportiva El Salitre, en Bogotá. Por varias horas, veía al pequeño de nueve años correr, atajar y golpear la bola. Más que el desempeño de su propio hijo, este migrante venezolano solía disfrutar imaginando cómo podía mejorar el equipo. 

Así, mientras el niño le agarraba más gusto a la ‘pelota caliente’, Yovani se conformaba menos con ser un simple espectador.  “Los entrenadores eran cubanos y, al principio, no había muchos niños”, contó Farías en una conversación con el Proyecto Migración Venezuela. No obstante, con el paso del tiempo, añadió el venezolano, no solo han ido apareciendo más y más niños —la mayoría venezolanos—, sino también entrenadores. De hecho, dice lleno de orgullo, él mismo se convirtió en uno.

Pasión de generaciones


La familia Farías llegó a la capital colombiana en 2017 con deseos de llevar una vida mejor lejos de la crisis. Una vez establecidos, Yovani, que siempre ha sido un fanático del béisbol, motivó a su pequeño para que se uniformara y entrenara en El Salitre. Así fue como, con la disciplina de un militar, ambos empezaron a ir a los entrenamientos.

En su juventud, Yovani fue un destacado pelotero aficionado que llegó a participar en torneos internacionales en Cuba, República Dominicana y Estados Unidos desde su natal Caracas. Por eso batear, lanzar, atrapar una bola o correr por las bases son cosas que sabe hacer muy bien. “Entonces me presenté para ser entrenador y me aceptaron”, comentó.

Y así comenzó su labor como instructor del Club Atléticos de La Ciudadela. “Al principio teníamos pocos jugadores, pero la gente veía entrenar a los niños y se motivaba a inscribirlos, no solo para ser parte de Atléticos, sino del resto de los equipos que tiene la liga“, contó. No obstante, como en tantos otros casos, la covid-19 cambió las cosas. “Antes de la pandemia, teníamos más de dos mil muchachos en diferentes categorías”, dijo.

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Hoy las jornadas deportivas se han suspendido en todas las divisiones, que van desde “compotica” hasta semiprofesional, pasando por preinfantil, infantil, júnior y juvenil. 

“Lamentablemente hemos debido detener los entrenamientos y el desarrollo de los chicos, veníamos trabajando fuerte, pero tenemos la esperanza de regresar al campo”, añadió Yovani, quien además es comunicador social y trabaja como gestor de redes sociales de una empresa.

Otro venezolano deportista

Claudio Zárraga es otro papá con una historia similar a la de Yovani. Forma parte de la liga, pero en la división de sóftbol, que cuenta con 40 equipos. Juega segunda base para los Old Dogs.

Su hijo también es ficha para Atléticos hace poco más de dos años. “Mi hijo nació en Bogotá, y desde chiquito lo he traído al estadio para que aprenda de nuestro deporte”, dijo Claudio que llegó a Colombia hace cerca de 10 años y ha visto crecer la liga, reforzada por la migración venezolana.

“Hace tres años esta liga estaba prácticamente vacía, el estadio no tenía vida. Antes de la pandemia, los fines de semana se veía mucha gente practicando y los padres venezolanos inscriben a sus hijos en las diferentes academias”, agregó Claudio.

Ese auge se ha hecho evidente y la práctica del béisbol en Colombia no solo se ha incrementado en zonas con cierta tradicional como Cartagena, Barranquilla o Montería, sino que Bogotá está viendo cómo sube la calidad en la práctica.

“En la Costa quizá había ya más noción del béisbol, pero aquí en Bogotá el desarrollo ha sido enorme con la llegada de entrenadores venezolanos y a la vez los mismos niños que ya venían de jugar en Venezuela ayudan a subir el nivel”, sostiene Yovani .

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El 15 de enero el prospecto Isaac Barreto de 16 años firmó con los Dodgers de Los Ángeles, completando su formación antes de unirse a este equipo de las Grandes Ligas con el club Padres de Cartagena. Yovani cree que, en un futuro muy cercano, coach de los equipos grandes estadounidenses, tendrán a Bogotá como una sede para realizar sus chequeos.

“En los años 90 emigraron muchas familias colombianas a Venezuela como pasa ahorita con nosotros, y muchas de esas familias tuvieron hijos allá y se están devolviendo, se traen a sus beisbolístas jóvenes. Año tras año van a salir más jugadores firmados. Ahorita tenemos una base de niños menores a 10 años con un futuro impresionante y si la situación nos permite trabajarlos van a salir firmas como si fueran de fútbol”, analizó Farías.

Este es un ejemplo más de la integración que día tras día deja más huellas en la sociedad y se establece para el desarrollo deportivo y cultural de ambas naciones.

Con información de Proyecto Migración Venezuela

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