Venezuela se mantiene bajo una Emergencia Humanitaria Compleja (EHC), reportada desde el año 2015 por una vasta cantidad de organizaciones que trabajan en defensa de los derechos humanos. Los intentos del régimen venezolano por ocultar esta situación han fracasado, pues múltiples informes demuestran que la población sigue enfrentando condiciones adversas que atentan contra su bienestar.

El Comité Permanente Interinstitucional (IASC, por sus siglas en inglés), un foro de socios humanitarios de las Naciones Unidas, explica que una emergencia humanitaria compleja es una crisis que afecta a un país, región o sociedad “donde hay una dramática disrupción en los órdenes político, económico y social, que resulta de conflictos internos o externos”. Estas situaciones debilitan la capacidad de la sociedad de sobrevivir y de las autoridades nacionales de responder, por lo tanto, requieren de una “respuesta coordinada multisectorial internacional”.

Las emergencias complejas son fundamentalmente de carácter político, según explica la asociación Civilis, y se determinan por tres criterios: multiplicidad de causas interrelacionadas por diversos factores políticos, económicos y socioculturales; su impacto tiene un fuerte efecto destructivo y desestructurador sobre todos los órdenes de la vida; y requiere de una respuesta internacional basada en un mandato múltiple, orientada hacia la acción humanitaria y la diplomacia de alto nivel.

Una EHC es la consecuencia de una inestabilidad política que produce conflictos sociales, como en el caso de Venezuela, donde hay un promedio de 22 manifestaciones diariamente, según registra el Observatorio Venezolano de Conflictividad Social (OVCS).

La organización Transparencia Venezuela explica que en el contexto venezolano se ha usado el término crisis humanitaria como acepción. Aunque este refiere a los problemas generados por desastres naturales y conflictos armados, los expertos afirman que al igual que la EHC, conlleva a unos escenarios similares de vulneración de derechos humanos, desplazamientos poblacionales, ingobernabilidad, represión y dificulta en el acceso a los servicios básicos.

A pesar de que el régimen de Nicolás Maduro ha intentado demostrar una mejoría de la crisis venezolana, los informes más recientes en materia de educación, salud, seguridad alimentaria, migración y servicios públicos demuestran que el país sigue sumido en una Emergencia Humanitaria Compleja, la cual requiere más colaboración de actores internacionales para apaciguar sus consecuencias sobre la población.

Sin agua y sin luz

Un reciente informe de Hum Venezuela revela que el 43 % de los venezolanos sufre interrupciones severas del servicio de agua y, como agravante, el 74 % reportó señales de contaminación en el agua de la cual se abastecen.

Expertos consultados por la organización coinciden en que el agua en Venezuela no puede llegar limpia a las casas porque los embalses no reciben mantenimiento, lo cual evitaría su sedimentación y el crecimiento de maleza.

En el caso del servicio eléctrico, durante el año 2022 se han reportado 87.178 fallas -entre bajones y apagones-, según contabiliza el Comité de Afectados por Apagones.

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Aixa López, presidenta del Comité, manifestó que esta situación repercute en los usuarios y en su calidad de vida. “No hay luz, no funcionan los puntos de venta y aquí el efectivo es un tema. El confort para los ciudadanos se ha perdido”, agregó.

Salud pública sin insumos

La Encuesta Nacional de Hospitales (ENH), publicada por la red de Médicos por la Salud, evidencia el abandono del sistema público de salud en Venezuela, así como “la casi inexistente inversión del Estado para mejorar la calidad del servicio”.

Para la primera mitad del año 2022, el desabastecimiento de insumos de quirófanos se ubicó en 72 % y en el caso de los insumos requeridos para emergencia se situó en 46,8 %. Un paciente debe llevar la gran mayoría de los insumos que necesita para ser asistido en un hospital venezolano.

“Esto implica que el principio de gratuidad del sistema público de salud en Venezuela no se está cumpliendo y que cada vez aumenta más el gasto que los pacientes deben hacer para ser atendidos”, sentencia el informe.

La educación corre peligro

El Observatorio de Educación de FundaRedes apunta que, de manera progresiva, se ha evidenciado el detrimento de los niveles educativos en Venezuela, sumado a las falencias en infraestructura, deserción escolar y docente, así como deficiencia en el contenido impartido.

“El profundo deterioro en el que se encuentra inmersa la educación en el país, ha dejado aulas vacías, no solo por la deserción de estudiantes, sino de docentes que, por la carencia de dignificación salarial, han buscado otras alternativas dejando a un lado la formación del futuro de un país, que hoy más que nunca necesita de jóvenes con un alto índice educacional”.

La investigación Estudiar entre ruinas de los Centros Comunitarios de Aprendizaje (Cecodap), revela que las instituciones educativas presentan filtraciones, techos caídos, baños inoperativos, falta de pupitres y fallas en suministro de los servicios públicos: internet, agua potable, aguas servidas, gas doméstico y electricidad.

Además, “hay un 66 % de déficit de docentes en instituciones públicas y su ausencia se debe a los bajos salarios, la sobrecarga de trabajo y falta de transporte público”, agrega el informe.

En el caso de la educación superior, la organización Un Mundo Sin Mordaza denuncia que las universidades venezolanas han sido víctimas de ataques sistematizados y generalizados contra su autonomía y libertad académica, bajo el asedio y ahogo presupuestario, los bajos salarios de profesores e infraestructura en condiciones precarias tanto las físicas como las necesarias para llevar a cabo una educación a distancia.

Prevalece el hambre

El último reporte de diagnósticos comunitarios de la organización Hum Venezuela estima que la inseguridad alimentaria se ubica en 42,8 % para el año 2022.  

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“Se calcula que alrededor de 10,9 millones de venezolanos están subalimentados o con hambre crónica (38 % de la población); 6,4 millones (22, 3%) reducen la cantidad de comidas diarias y 2,8 millones (10 %) han comido una vez al día en el último año”.

La investigación sostiene que entre el 54 % y 60 % de los hogares venezolanos escasea o no se come carne de res o pollo. Así como el 84,6% de los grupos familiares reportan comer poco o nada de frutas.

Por otra parte, la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación (FAO) ubica a Venezuela como el segundo país de América Latina con mayor prevalencia de hambre, pues el consumo de alimentos en el 22.9 % de la población es insuficiente para proporcionarle la cantidad de energía alimentaria necesaria a fin de llevar una vida normal, activa y sana.

Huyendo del caos

Recientemente, el conteo de la Organización de Naciones Unidas (ONU) elevó la cifra de migrantes y refugiados venezolanos a 6.8 millones de personas, superando la de Siria y empatando la de Ucrania, país afectado este año por la invasión rusa.

En el último mes, la cantidad de migrantes venezolanos aumentó un 10,73 % según lo registrado por la Plataforma de Coordinación Interagencial para Refugiados y Migrantes de Venezuela (R4V).

Hum Venezuela contabiliza que en al menos el 92.9 % de los hogares venezolanos alguno de sus miembros migró a otro país. Además, la intención de migrar se mantiene en el 8 % de las familias venezolanas, motivada principalmente por la falta a medios de subsistencia económica.

Las personas continúan saliendo de Venezuela para huir de la violencia, la inseguridad, las amenazas, y la falta de alimentos, medicinas y servicios esenciales, denuncia la Agencia de la ONU para los Refugiados (Acnur).

El caos vivido por muchos venezolanos los impulsa a emprender peligrosas travesías como cruzar el Tapón del Darién, ubicado en la frontera entre Colombia y Panamá, como parte de la ruta que conduce a Estados Unidos.

Entre enero y julio de 2022, 44.943 migrantes venezolanos cruzaron la peligrosa selva, de acuerdo a las cifras del Servicio Nacional de Migración (SNM) de Panamá. Quienes atraviesan la zona se exponen a redes de trata, animales salvajes, condiciones climáticas extremas, enfermedades, entre otros peligros que podrían enfrentarlos cara a cara con la muerte.

Sea en Venezuela o en el Darién, los venezolanos siguen sufriendo las consecuencias de vivir en una Emergencia Humanitaria Compleja, que ha sido negada y subestimada por un régimen sin capacidad de respuesta.  

Organizaciones nacionales e internacionales reclaman mayor atención a la crisis que padecen los venezolanos, pues la realidad es más desafiante que lo referenciado en los informes publicados y apunta a empeorar.

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