Con maletas y bultos regados en los alrededores de la autopista que conduce a Cúcuta, a la altura el corregimiento colombiano La Parada, se encuentran alrededor de 700 venezolanos entre niños, mujeres y hombres. Han pasado hasta tres días o más en el lugar en espera que las autoridades venezolanas les permitan ingresar a territorio nacional

Por Rosalinda Hernández C.

Más de 700 venezolanos que retornan al país por la frontera con Colombia,  aguardan impacientes que las autoridades venezolanas les permitan ingresar a la población de San Antonio del Táchira, donde deben cumplir la cuarentena de 15 días, antes de continuar a sus ciudades de origen.

Arriban a la frontera, provenientes en su mayoría de  Bogotá, Cali, Medellín, Bucaramanga o países como Ecuador y Perú.

Desde el pavimento caliente donde descansan, divisan a unos 300 metros el puente Simón Bolívar que une a los dos países. Pero no lo pueden cruzar.

En los rostros se ve hambre, cansancio y hastío. Han pasado tres, cuatro y hasta cinco días a la intemperie y los pocos recursos que quedaban se agotaron, “compramos algo para comer. No contábamos con esta parada tan larga”, dijo Julio Ortegano, venezolano que llegó desde Bucaramanga.

Se ven obligados a pedir a los transeúntes que los apoyen con algo para comer. Las ayudas han llegado por parte de los vecinos del corregimiento colombiano, algunas ONG, y fundaciones que les proporcionan alimentos y agua.

Costearse una estadía en un hotel, es un sueño inalcanzable por lo que durante la noche quedan desprotegidos. Algunos han tenido que dormir en la calle o debajo de improvisados ranchos o cambuches que arman en plena vía internacional.

Otros como José Antonio Rivero, pagó 5000 pesos colombianos, equivalente a un poco más de un dólar para ingresar a un galpón, tener acceso a una colchoneta para dormir y un baño con ducha que comparte con unas 50 personas más.

Desde el pasado viernes 29 de mayo que llegó a la frontera proveniente de Bogotá, José Antonio estaba durmiendo sobre las maletas, en la calle. La noche del pasado domingo decidió pagar uno de los albergues más económicos y que agrupa al mayor número de connacionales.

“Ya no soportaba más. Necesitaba una ducha y pagué. Algunos podrán pagar varios días de hospedaje pero la mayoría llegamos sin plata, perdimos los trabajos”.

Solo pasan 300

Sin medidas de distanciamiento, ni de bioseguridad se ve a los venezolanos retornados a pocos metros del puente internacional.

Cargan a cuestas los pocos enseres que pudieron traer encima. A primeras horas de la mañana hacen largas colas con la esperanza de tocar al fin el suelo nacional.

“Llegamos el jueves (28 de mayo) en la noche. En total eran como 11 autobuses y aún no logramos cruzar. Lo que nos dicen la Guardia Nacional es que solo permiten el paso de 300 personas por día”, dijo Julio Muñoz, mientras esperaba cerca de la vía binacional. 

En los alrededores el olor es desagradable. La necesidad obliga y los espacios han sido utilizados como baños públicos. En el mismo lugar duermen y se alimentan.

La situación hace la convivencia menos llevadera y la gente se queja, dicen que hay privilegios. “El viernes (29 mayo), le dieron paso a 50 mujeres, dejando al resto aquí pagando plantón. Otro grupo se acercó al lado venezolano y lo militares le pidieron mucha plata para dejarlos cruzar. No pagaron, ellos se regresaron a Colombia”, vociferó Jorge Ochoa.

Han pensado en burlar los controles y acceder por  trochas o caminos ilegales que llevan a Venezuela, pero no todos lo logran,  “está complicado, puedes llevar bultos de comida o cualquier otra mercancía pero si te ven con maletas no te dejan cruzar”, aseguró.

No todos los connacionales retornados han llegado a la frontera de manera organizada y en autobuses. Algunos llegan escondidos dentro de las mercancías que transportan los camiones de carga, conocidos en Colombia como tractomulas y que cumplen el trayecto Bucaramanga – Cúcuta. Pagan por el viaje entre 35.000 y 45.000 pesos (10 a 13 dólares).

Piden ayuda

Ante la situación que mantiene en estado de indefensión y en peligro de contagio a decenas de connacionales, la directora de la ONG, defensora de los derechos humanos, Operación Libertad, Natacha Duque, desde la frontera, hizo un llamado al gobierno de Colombia  y a los  organismos internacionales para que incrementen de manera urgente  los mecanismos de atención a la población inmigrante que se encuentra vulnerable en medio de una pandemia.

La situación de los inmigrantes venezolanos se ha agravado aún más  con la llegada del COVID 19, están desprotegidos y con limitado accesos a los sistema de salud, alimentación y laboral. Esta situación los ha obligado a  retornar a Venezuela y ahora en la frontera, a punto de llegar al país les están siendo transgredidos sus derechos, agregó Duque.

El corregimiento colombiano La Parada, se ha convertido en un foco de contagio en medio de la espera prolongada y sin condiciones de bioseguridad a la que están sometidos cientos de venezolanos para pasar a su país de origen.

La situación es delicada. Muchos de los retornados llevan tres y cuatro días durmiendo a la intemperie, sin comida ni un techo donde resguardarse del clima,  dijo Fátima Salet, integrante de la ONG Operación Libertad.

Salet compartió conversaciones con los connacionales, varados en La Parada y ellos aseguran que a pesar de la grave crisis económica que se vive en Venezuela, prefieren regresar porque la situación que viven  fuera del país, motivada por los despidos y la xenofobia,  es difícil de sobrellevar.

Migración Colombia informó que ese país registró un descenso durante el mes de marzo del 0.9% en el número de venezolanos radicados allí.

De acuerdo con la información suministrada por el organismo colombiano, serían un millón ochocientos nueve mil ochocientos setenta y dos (‪1.809.872) los venezolanos radicados en Colombia, principalmente en Bogotá, Cúcuta, Barranquilla, Medellín y Cali.

Al 28 de mayo de 2020, cerca de 68 mil los ciudadanos venezolanos han retornado a su país, en un poco más de 880 buses, informó el organismo migratorio.

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