La crisis de combustible que atraviesa el país, no es caso fortuito. Es la descomposición de la industria petrolera nacional que viene en detrimento mucho antes de las sanciones impuestas al régimen por Estados Unidos. Los expertos advierten que de no haber un control de la situación, Venezuela que enfrenta un marcado proceso socioeconómico y de crisis humanitaria que se agrava con el COVID19, avizora un futuro apocalíptico      

Redacción Frontera Viva

Antes del 16 de marzo de 2020, fecha en la que el régimen de Nicolás Maduro, decretó la medida de confinamiento obligatorio a raíz de la pandemia originada por el COVID 19, la mayoría de los venezolanos desconocían la magnitud que arrastraba la debacle de PDVSA, en relación al mercado local del combustible.

Apenas y algunas regiones de Venezuela, específicamente las andinas y fronterizas con Colombia, sabían lo que era vivir sin gasolina o pasar semanas detrás de largas colas para surtir unos pocos litros de combustible.

El lamentable fallecimiento de venezolanos, entre ellos niños, que no pudieron llegar a centros de salud al no contar con gasolina las ambulancias o vehículos que debieron trasladarlos, encienden las alarmas en una población detenida en medio no solo de una cuarentena sino de la grave crisis que ha generado en los diversos sectores la escasez de combustible.

¿Cómo se queda sin combustible un gigante petrolero? Es la pregunta que no solo los venezolanos se formulan.

El país miembro fundador de la Organización de Países Exportadores de Petróleo (OPEP), posee un parque integrado de seis refinerías: Tres constituidas en el complejo Paraguaná en Falcón (Amuay, Punta Cardón y Bajo Grande). Una cuarta ubicada en El Palito, estado Carabobo, otra en Anzoátegui (Naguanagua) y la sexta refinería, San Roque, instalada en la parte oriental de Anzoátegui, explicó el economista petrolero y docente de la Universidad Central de Venezuela, Rafael Quiroz.

La capacidad instalada de refinación en Venezuela, estaba ubicada en 1.3 millones de barriles diarios, detalló.

En los mejores momentos de producción en el país se lograba abastecer el parque automotor que era de 5.1 millones de autos. Mientras el consumo de combustible para ese momento se registraba en 470.000 barriles de gasolina diarios, precisó.

Hoy en día ese parque automotor se ha reducido a 3.5 millones de autos, comprimiendo el consumo doméstico de gasolina a 195.000 barriles diarios. Desde hace un poco más seis años la caída de la refinación de gasolina en Venezuela, ha sido casi igual de significativa a la poca producción petrolera, dijo el analista.

Así comenzó el desabastecimiento de combustible y no como producto de las sanciones que ha impuesto Estado Unidos, como lo han querido hacer ver, agregó.

Comprar gasolina no es nuevo

El especialista petrolero precisó a Frontera Viva que desde hace más de siete años Venezuela, ha recurrido a los mercados internacionales para comprar no solo gasolina, también sus aditivos o componentes.

Compras que han venido en aumento desde hace unos tres años a medida que ha bajado la producción nacional.

Los componentes y aditivos básicos para la fabricación de la gasolina que se importaba de Estado Unidos y otros países, anteriormente eran producidos en refinerías venezolanas, pero al no realizarse el llamado “parado de planta” o mantenimiento anual, los complejos refinadores van perdiendo su rendimiento y capacidad de producción, puntualizó.

La falta de mantenimiento, sumado a los accidentes industriales que han afectado las refinerías nacionales (plantas), acumula daños que ni siquiera las empresas aseguradoras han querido reconocer, explicó el especialista petrolero.

De acuerdo a informes entregados por las empresas aseguradoras, los daños generados en las plantas de refinación obedecen a negligencia profesional y han contribuido a reducir la capacidad de producción, dijo Quiroz.

La refinación nacional, actual es de 40.000 barriles diarios que serviría para abastecer apenas la zona metropolitana de Caracas y una parte del estado Miranda, que consumen 35.000 barriles diarios de gasolina. “¿Qué puede quedar para el resto del país y el parque automotor de seguridad y unidades militares?”, precisó.

La situación que se genera en Venezuela ante la escasez de gasolina, en plena cuarentena, puede generar un ambiente propicio para una implosión social, señaló el economista petrolero.

“La cuarentena le ha servido al gobierno como la excusa para no poner gasolina en las estaciones de servicio. Gasolina que no tienen, así lo que busquen sea hacer creer que se suprime el suministro para que los autos no estén en la calle”.

Horizonte apocalíptico

En un reciente artículo publicado en el diario New York Times, titulado, Venezuela: un incendio sin gasolina, el escritor venezolano Alberto Barrera Tyszka, detalla por qué si el país tuvo un sistema de refinerías de alto nivel, capaz de proveer gasolina, diésel y carburantes al mercado interno sin ningún problema. Además de los altos precios del petróleo a inicio del siglo XXI, hoy está desabastecido y en medio de un horizonte apocalíptico.

El articulista, precisó que de la misma manera en que se regalaban barriles de petróleo a la isla liderada por el castrocomunismo y a otros países del Caribe, la industria petrolera nacional iba en caída baja, fue descuidada y no se hizo ningún tipo de inversión.

“Chávez actuaba sin control, como un niño rico en medio de la fiesta de la abundancia. Usó políticamente la bonanza para asfixiar la economía y concentrar más poder. Nunca midió las consecuencias porque el mercado del crudo seguía llenando al Estado de dólares. Todo podía solucionarse con subsidios, a billetazos. Basta recordar que hace años, como un guiño desafiante en medio de su “batalla” contra Estados Unidos, Hugo Chávez regalaba combustible a algunas comunidades de New York y Boston”, narró el escritor.

Barrera Tyszka, aseguró que en un país devorado por la hiperinflación, con extensos y frecuentes apagones eléctricos, fallas en el servicio de agua y faltas de transporte solo se prevé mayor escasez y precariedad en el horizonte.

La situación se agrava, se complica en medio de la pandemia por el coronavirus que llega a una región marcada por un proceso socioeconómico adverso y que ubica a Venezuela, entre las cinco peores crisis humanitarias del mundo, explicó el autor.

“Cuando se vive en estado de desesperación, cualquier cosa puede ocurrir. Como en los tiempos de guerra, urge un pacto humanitario entre los actores políticos, un acuerdo para evitar que un país sin gasolina termine incendiándose”, advierte.

Mientras la crisis se agudiza el régimen busca desesperado socios comerciales que burlen las sanciones y puedan oxigenar el mercado nacional con combustible para los próximos meses.

1 COMENTARIO

  1. Excelente exposición de Alberto Barrera Tyska, una pena que trivialice su propia palabra con el infeliz final del incendio sin gasolina, excelente para el título al sugerir, pero como final queda como prediccion dramática, insulza, fuera del contexto mismo de Barrera Tyska, al ser de los comunicadores venezolanos de oposición que hacen humor tonto de su tragedia.

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