Carlos Luna Maldonado

Y de un momento a otro aprendimos de geografía, de economía, de biología, de estadística, de higiene, de política, de viajes, de seguridad social, de virtualidad, de profesiones y oficios.

Aprendimos que Wuhan es una megaciudad de China; que China es un país enorme que limita con Mongolia, Rusia, Kazajistán, Kirguizistán, Tayikistán, Afganistán, Pakistán, India, Nepal, Bután, Myanmar, Laos, Vietnam, Corea, Japón, Filipinas, Brunei, Malasia, Indonesia.

Aprendimos que estamos viviendo la mayor crisis económica y financiera del siglo XXI, superando la de los atentados del 11-S de 2001 y la de la crisis financiera mundial de 2008. 

Aprendimos la diferencia entre los virus y las bacterias; aprendimos que el COVID-19 es un virus primo hermano del SARS; que un virus es un agente infeccioso microscópico acelular que solo puede multiplicarse dentro de las células de otros organismos, que infectan desde animales, hasta plantas y bacterias.

Aprendimos a calcular día a día el número de infectados, la tasa de mortalidad mundial, la tasa de mortalidad país por país, la cantidad de recuperados, multiplicamos, dividimos, sacamos porcentajes, pronosticamos cifras para el siguiente día, para dentro de una semana, para dentro de un mes.

Aprendimos la manera de lavarnos las manos, a tomarnos la temperatura, a usar tapabocas, a saludar de diferentes formas, a desinfectar todo lo que tocamos.

Aprendimos que los países así tengan políticas de izquierda, de derecha, de centro derecha, de centro izquierda y de todos los puntos intermedios, tienen la misma vulnerabilidad frente ante un problema mundial. 

Aprendimos que es fácil movernos por el mundo, que los aviones ayudan a desplazarnos y que, con sus viajeros, a la velocidad del avión, también viajan las enfermedades. 

Aprendimos que, si mantenemos una distancia con los demás los virus no pueden ser transmitidos; que si nos quedamos quietos el virus se queda quieto.

Aprendimos que podemos trabajar en pijama, que existe el teletrabajo, que las plataformas virtuales son variadas y para variados usos.

Aprendimos la importancia de las diferentes profesiones y de los diferentes oficios.

Aprendimos a valorar nuestros trabajos y a usar nuestro tiempo libre.

Hemos aprendido mucho y en muy poco tiempo, sin embargo, nos falta por aprender muchas cosas importantes: 

Que, por más fronteras que haya entre los países, por más idiomas diferentes, tenemos las mismas debilidades, los mismos miedos y las mismas ganas de vivir; que las fronteras son unas líneas imaginarias que dividen países, pero que multiplican problemas.

Que, aunque cada vez haya más acumulación de dinero y crecimiento económico, no hay nada más esencial que el desarrollo social y el valor de las comunidades. 

Que, aunque nos creemos fuertes como especie, la vida es tan frágil como una copa de cristal y que al menor golpe esa copa se rompe.

Que, aunque descubran las vacunas para controlar los virus, nos salva como especie una sólida solidaridad y el respeto por la vida de los demás. 

Que, aunque este virus nos esté matando hoy, en el pasado un gran número de enfermos se quedaron sin ayuda, desplazados sin sus tierras, muertos sin su despedida, y no nos hemos preocupado por ello.

Que, hoy más que nunca nuestra vida necesita del agua, pero que la hemos desperdiciado toda la vida.

Que, muchas de las personas que toman las decisiones son incompetentes para estar en sus cargos, pero seguimos votando por ellos.

Que, aunque el mundo es uno solo, los países piden visa como forma de exclusión y humillación.

Que, aunque nos mantenemos en casa y no en la calle, hay millones de personas que para ellos su casa es la calle.

Que, aunque la virtualidad nos acerca, no hay como una mirada y un abrazo.

Que, aunque haya diversidad de profesiones, los oficios son igual de dignos y merecen ser respetados.

Que, aunque el trabajo nos dé lo necesario para vivir, muchas personas pasan trabajo para sobrevivir y el mundo les voltea la espalda.

Que, el planeta es nuestro tesoro y así como nuestro cuerpo, tenemos que cuidarlo.  

Tendremos muchos días para reflexionar, para hacer un balance de nuestras vidas, para pensar en ser mejores, más solidarios, más humanos, para entender que el verdadero valor de la vida es la vida de todos, que lo material no es tan importante como la vida, que, aunque tenemos el privilegio que otros no han tenido volteemos a mirar esa realidad y trabajemos en conjunto para mejorarla, que no permitamos más que nos sigan robando la salud, los servicios públicos, la canasta familiar, la educación, la naturaleza.

Hoy es un virus el que nos tiene acorralados y amenazados, pero si no cambiamos, mañana las viejas amenazas seguirán.  Seguirá la explotación, el daño ambiental, el terrorismo, el desplazamiento forzado, la migración, la pobreza, la enfermedad.  En ese mañana por venir tendremos que estar a la altura de las enseñanzas que nos trajo el coronavirus.

Y de un momento a otro aprendimos que el planeta es muy pequeño y que China está a la vuelta de la esquina.

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